A 18 años del atentado a las Torres Gemelas

Trump y el fracaso de su “show” diplomático con los talibanes

El presidente de Estados Unidos quiso ponerle fin de manera espectacular al conflicto que inició su país en Afganistán con el atentado del 11 de septiembre, hace 18 años; sin embargo, otra vez, su particular forma de diplomacia le jugó una mala pasada.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, ha abogado por un diálogo con los talibanes. / EFE

Poco menos de un mes después del atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció el inicio de su guerra contra el terrorismo. En la noche del 7 de octubre de ese año, los estadounidenses desplegaron sus tropas en Afganistán, entonces gobernado por los talibanes, a quienes se les acusaba de proteger a Al-Qaeda, organización responsable de los ataques contra las Torres Gemelas.

Pero la presencia de Estados Unidos en Afganistán se alargó más de lo esperado. El conflicto en esa nación se convirtió en el segundo de mayor duración en la historia de su país, solo detrás de Vietnam. Fueron trece años de intervención a los que el presidente Barack Obama les puso fin al anunciar una retirada gradual en diciembre de 2014.

Desde entonces, el número de tropas estadounidenses en Afganistán se redujo de manera considerable. Las operaciones que lideraban Estados Unidos y la OTAN les fueron traspasadas a las Fuerzas Armadas de Afganistán. Se calcula que en 2017 había en ese país un poco más de 9.000 soldados. Pero el conflicto con los talibanes, enfrentados con el gobierno afgano, hizo que, de nuevo, aumentara el número de soldados estadounidenses en ese país.

“Pacificar Afganistán” y retirarse de allí fue una de las prioridades del hoy presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al llegar a la Casa Blanca. El republicano prometió durante su campaña que, si ganaba la presidencia, retiraría gran parte de las fuerzas estadounidenses en el extranjero para prestar atención a los problemas internos.

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Trump tenía un plan. El presidente, que se regodea de conseguir lo impensado, supervisó de cerca, desde hace año y medio, las negociaciones de paz con los talibanes, aquellos viejos enemigos del 2001. Las circunstancias, sin embargo, eran distintas a las de hace 18 años. Los insurgentes ya no son la fuerza política que gobierna, pero han recortado terreno y ahora controlan más territorio que en cualquier otro momento desde la llegada de los estadounidenses, en 2001.

Tras la negativa de los talibanes de reunirse con el gobierno afgano, por considerarlos títeres de Washington, apareció directamente Estados Unidos. Trump ofreció la retirada de sus tropas de Afganistán si los insurgentes se comprometían a no permitir que otros grupos yihadistas operaran dentro del país. Un diálogo que era cuestionado por varias voces dentro de su gobierno, como el exasesor de seguridad John Bolton, quien insistía en que no se debía hablar con terroristas. Pero a Trump le interesaba más el incrementar su fama de “cerrador de tratos”.

Un grupo de soldados estadounidenses realizan operaciones militares en el sur de Afganistán. / EFE

El presidente Trump quería de nuevo pasar a la historia como lo hizo el año pasado al reunirse con Kim Jong-un. El conseguir que los talibanes firmaran la paz era una de sus obsesiones este año. De manera secreta, el presidente estadounidense tenía todo listo para reunir a los líderes de Afganistán y a los talibanes en Camp David, el histórico lugar en Washington donde Israel y Egipto firmaron la paz en 1978. Trump estaría allí, sonriente, viendo un apretón de manos que sería uno más de los “éxitos” de su particular forma de hacer diplomacia y anotarse otro logro como el de Corea del Norte.

Aunque puedan tener similitudes, la diplomacia y los negocios, a los que estaba tan acostumbrado Donald Trump, no son tan parecidos después de todo. Ya le había pasado con Kim Jong-un cuando el líder norcoreano, tras su primera cumbre en 2018, se comprometió a desmantelar su programa nuclear y cesar con las intimidaciones a Corea del Sur y Japón; algo que no ha ocurrido.

A pesar de que había signos positivos y se hablaba de un acuerdo inminente, un ataque militar de los talibanes en Kabul el 3 de septiembre, que cobró la vida de 16 personas, entre ellas un soldado estadounidense, colmó la paciencia del mandatario. El “show” mediático debía ser cancelado.

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Y es que el que habría sido uno de los momentos más grandes e importantes de su administración fue abruptamente detenido por Trump. De manera intempestiva, el mandatario prescindió del proceso habitual del Consejo de Seguridad Nacional y apeló a su cuenta de Twitter para avisar no solo la cancelación de la cumbre, sino el fin del proceso de paz. Pero solo un pequeño círculo de asesores estaba al tanto de lo que iba a ocurrir.

Trump se encargó de revelar las maquinaciones secretas en una serie de mensajes de Twitter que sorprendieron no solo a muchos funcionarios de seguridad nacional en todo el gobierno, sino incluso a algunos de los pocos que formaron parte de las negociaciones.

En este punto, según altos funcionarios, Trump y su equipo estaban de acuerdo. No se podía recibir a los líderes talibanes en Camp David solo días después de que aceptaran haber estado detrás de la muerte de un soldadoestadounidense. No obstante, tampoco es claro si los insurgentes habían aceptado ir.

“Siempre he pensado que era bueno reunirse y hablar” con la gente, “pero finalmente, en este caso, he decidido no hacerlo”, afirmó Trump en su defensa.

Tras el reversazo de Trump, ahora no está claro en qué situación queda la negociación para acabar con el conflicto y si habrá un retorno de las fuerzas estadounidenses a ese país. Los talibanes ya han afirmado que las conversaciones están “muertas” y han amenazado con hacer “sufrir” a Estados Unidos.

“La actitud [de EE. UU.] contraria a la paz va a ser más visible a la luz del mundo, y sus pérdidas humanas y financieras aumentarán”, amenazó Zabihullah Mujahid, portavoz de los talibanes a través de un comunicado. El portavoz reiteraba su compromiso de “continuar la yihad hasta que termine la ocupación”.

De momento, en lo único que todos los observadores coinciden es que la violencia va a aumentar de aquí hasta las elecciones presidenciales del próximo día 28. Algunos, sin embargo, ven signos de que tanto Estados Unidos como los talibanes están dispuestas a seguir intentándolo. El despido del asesor de seguridad John Bolton, reacio a estas negociaciones, puede ser una señal de esta posibilidad.

Y Trump, que considera que el conflicto afgano ya costó demasiado dinero y vidas a su país, ha insistido en su voluntad de retirar las tropas antes de tratar de ser reelegido en noviembre de 2020. Pero las amenazas de los talibanes podrían retrasar un poco sus planes y llevar a Estados Unidos de nuevo al pasado.

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Jesús Mesa / @JesusMesa

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