Trump y Kim se reunieron en Singapur, ¿y ahora qué?

Después del histórico apretón de manos, el presidente de EE. UU. y el líder de Corea del Norte se reunieron a puerta cerrada para hablar de una nueva relación y un posible acuerdo. Analistas advierten un primer obstáculo: Pionyang y Washington han incumplido varios de los acuerdos que han firmado.

El presidente Donald Trump (derecha) recibió la bienvenida del ministro de Exteriores de Singapur, Vivian Balakrishnan (izquierda).AFP

Contra todo pronóstico, Donald Trump y Kim Jong-un se dieron la mano ayer en la isla de Sentosa, en Singapur, el primer paso en un nuevo capítulo de las relaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte, la potencia nuclear más peligrosa del mundo. Los dos estados llevaban 70 años de enemistad por cuenta de la división de la península de Corea, el nacimiento del régimen dinástico de los Kim en los albores de la Guerra Fría y la contienda civil intercoreana (1950-1953), en la que también intervinieron EE. UU., China y la Unión Soviética.

Desde esa guerra, Washington y Pionyang han intercambiado constantes amenazas y provocaciones que hicieron temer en varias ocasiones por un nuevo choque bélico. La fase más reciente de hostilidad coincidió con la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump a comienzos de 2017, la cual marcó el inicio de una intensa actividad armamentística de Pionyang, a la que el nuevo ocupante del Despacho Oval respondió con una campaña de presión máxima e insinuaciones de ejecutar un ataque preventivo.

“Hemos superado muchos obstáculos para llegar aquí”, dijo Kim Jong-un ayer. A lo que Trump respondió: “Vamos a tener una gran relación”. Y así comenzó la cita más esperada, un encuentro a solas (sólo estuvieron los traductores) que duró cerca de 45 minutos.

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El encuentro, como se esperaba, giró en torno a la desnuclearización de Corea del Norte y el fin de las sanciones económicas por parte de Estados Unidos. Como lo advertían analistas, de la primera cita no podían salir más que buenas intenciones y el propósito de seguir negociando. Algo en lo que los norcoreanos son expertos. Negociaron con Bill Clinton, con los dos Bush e incluso con Barack Obama, y de todos estos acercamientos salieron acuerdos que luego incumplieron.

La incógnita ahora es quién incumple primero. Donald Trump llegó a Singapur después de patear la mesa durante la Cumbre del G7 en Canadá. La cita de las potencias (Canadá, Francia, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos y Japón) terminó con acusaciones de traición al primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y amenazas por parte de Trump y su equipo.
Peter Navarro, asesor comercial del republicano, dijo en CNN: “Hay un lugar reservado en el infierno para todo dirigente extranjero que se embarque en una diplomacia de mala fe contra Donald Trump y que intente apuñalarlo por la espalda cuando se retira”. La Casa Blanca acusó a los miembros del G7 de dejar al presidente republicano “débil ante la cita histórica con Corea del Norte”.

Aun así, esta es una oportunidad histórica para Trump, que podría lograr lo que ningún antecesor. “Probablemente cantará victoria sea cual sea el resultado de la cumbre, pero la desnuclearización de la península coreana es un proceso que llevará años”, considera Kelsey Davenport, de la Arms Control Association. La “verdadera prueba” será “la adopción o no de parte de Corea del Norte de medidas concretas para reducir la amenaza que representan sus armas nucleares”.

El presidente estadounidense asegura, sin embargo, que la situación es totalmente distinta esta vez y que el encuentro dará sus frutos. “El principal problema para lograr un acuerdo significativo y duradero es que ambos estados han incumplido repetidamente los acuerdos que han suscrito. Corea del Norte lo ha hecho con el KEDO y el Marco Acordado. Estados Unidos lo ha hecho en algunos tratados ya mencionados y, muy recientemente, con el acuerdo nuclear con Irán”, explicó en este diario el historiador español Miguel Benito.

Así se desnuclearizaría Kim

Más allá de los resultados, la cita ya pasó a la historia. Primero, porque el heredero de la dinastía Kim logra un reconocimiento internacional que ni su padre ni su abuelo consiguieron, y segundo, porque si Trump alivia las sanciones económicas vendrá una tregua (aunque temporal) entro dos estados que han amenazado con atacarse. Para Trump, acostumbrado a la política del halago y la amenaza, también hay algunos réditos. Ningún antecesor suyo logró siquiera un compromiso para la desnuclearización de Pionyang, que considera su arsenal atómico como su única carta de supervivencia.

Para el Rodong Sinmun, diario de Corea del Norte, la aparición del dirigente al mismo nivel del presidente estadounidense respondió a una reivindicación que Pionyang llevaba décadas haciendo: “No puede haber países superiores o inferiores, ni naciones dominando a otras y estas siendo obligadas a ser dominadas”, escribió en su editorial.

Trump le exige a Corea del Norte la “desnuclearización inmediata, completa y verificable”. Un asunto difícil, explican los analistas, pues nadie conoce la dimensión real del programa norcoreano y durante 40 años ningún investigador extranjero ha logrado desentrañarlo. El proyecto arrancó originalmente con el apoyo soviético en los sesenta, para que Corea del Norte tuviera energía nuclear de uso civil, aunque no fue antes de finales de los setenta y principios de los ochenta que Pionyang decidió desarrollar a todo gas un programa de armas atómicas.

Se dice que el país tiene un reactor de 5 megavatios y un centro de investigación nuclear en donde procesa combustible apto para hacer bombas, y que ha hecho varios ensayos nucleares subterráneos y ensayos balísticos. La mayoría de expertos duda de que Corea del Norte disponga aún de una tecnología de misiles suficientemente avanzada para golpear con un arma nuclear y de manera precisa un objetivo. Y otras investigaciones han señalado que tiene material para construir 60 armas atómicas.

Con tanta incertidumbre sobre el programa real, ¿es posible la desnuclearización rápida que pide Trump? Uno de los principales asesores del gobierno federal que han visitado en repetidas ocasiones las gigantescas instalaciones atómicas del país asiático advierte que el proceso de desarme podría tardar mucho más, hasta 15 años.

En un artículo publicado en The New York Times, Siegfried S. Hecker, exdirector del laboratorio armamentístico Los Álamos, en Nuevo México, y ahora profesor de Stanford, argumenta que “lo mejor que puede esperar Estados Unidos es una desnuclearización por fases que se concentre primero en las partes más peligrosas del programa norcoreano”.

Explica que los pasos y un calendario para el desarme están definidos en un informe que circula en Washington desde cuando se habló por primera vez de la cita con Kim. “Estamos hablando de decenas de sitios, cientos de edificios y miles de personas”, señala Hecker. La clave para desmantelar el enorme complejo atómico que comenzó hace seis décadas, agrega, “es establecer una relación diferente con Corea del Norte, en la que su seguridad dependa de algo que no sean sus armas nucleares”.

Hecker advierte en el Times que el plan que diseñó con su equipo dejó espacio para muchos puntos complicados de negociación, como de qué manera establecer la diferencia entre las actividades nucleares civiles y militares. Al comienzo, el gobierno de Trump sentenció que Corea del Norte debía renunciar a todo el enriquecimiento de uranio, el cual no sólo sirve de combustible para bombas, sino también para reactores que iluminan ciudades. La semana pasada, mientras testificaba ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el secretario de Estado, Mike Pompeo, señaló por primera vez que necesitaba un “espacio de negociación” para ese asunto.

“No obstante, este mes Trump salió del acuerdo nuclear con Irán porque permitía que el país produjera combustible atómico después de 2030, lo que consideró un riesgo inaceptable. No queda claro cómo podría prohibir que Irán tenga una producción con fines pacíficos y, al mismo tiempo, permitir que Corea del Norte sí la tenga”, dice el periódico.
Lo que sigue será largo y complejo. El presidente surcoreano, Moon Jae-in, expresó su confianza. “Aunque comience bien, se necesitará probablemente un diálogo a largo plazo, que puede tomar un año, dos o incluso más para resolver todos los temas que hay sobre la mesa”, subrayó.

“Hace 25 años que Corea del Norte intentaba lograr un encuentro con un presidente en ejercicio”, le dijo a la AFP Boris Toucas, investigador del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. A punta de insultos, amenazas y rabietas, Trump le dio a Kim lo que ningún otro presidente estadounidense quiso: lo puso en el tablero internacional. ¿Qué sigue? Todo depende del ánimo de Trump, que sigue dictando la política internacional de su país con mensajes en su cuenta de Twitter.

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Cronología: 25 años de choques entre Estados Unidos y Corea del Norte

12 marzo de 1993 - Pionyang quiere dejar el Tratado de No Proliferación Nuclear 
Corea del Norte informa que sale del acuerdo, ya que Estados Unidos y Corea del Sur quieren investigar sus instalaciones. Finalmente, Pionyang abandona el tratado en 2003.

29 de enero de 2002 - Bush incluye a Corea del Norte en el “Eje del Mal”
Ante la amenaza, el presidente estadounidense George W. Bush incluye al régimen norcoreano en el grupo de países que supuestamente apoyan el terrorismo.

6 enero de 2016 - Aumentan los ejercicios militares
El país asiático anuncia nuevas pruebas nucleares e intensifica sus ejercicios balísticos. Además afirma que por primera vez ha hecho una prueba con la bomba H, lo que alarma a la región y al mundo.

9 febrero de 2018 - Comienza el deshielo
Los Juegos Olímpicos de Invierno en Seúl son el escenario del acercamiento entre los gobiernos de las Coreas. Este es el primer paso para que los líderes de Pionyang y Washington se sienten a dialogar.

Los detalles

Sin primeras damas: Las parejas de los mandatarios estuvieron ausentes del encuentro.

Kim Jong-un, el exigente: El líder norcoreano solicitó que la Casa Blanca o el gobierno local pagaran por sus gastos de hospedaje en el lujoso hotel Fullerton.

Un oscuro pasado: Sentosa, la isla que acogió la reunión, era un puerto comercial frecuentado por comerciantes y piratas.