El presidente y los medios de comunicación: una relación caótica y perjudicial

Las mentiras obvias de Trump

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Muchos candidatos a la Presidencia tenían planes para resolver la crisis de los medios. El plan de Donald Trump es el peor: que se siga hablando solo de él.

Cada uno de los precandidatos a la Presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata tenía un plan para combatir la profunda crisis en los medios de comunicación, la cual -y usted como lector debe tenerlo claro- conlleva a un gigantesco problema social: la desinformación o la escasez de información valiosa. Nuestra crisis es una crisis social, y lo afecta a usted como ciudadano.

El senador de Vermont, Bernie Sanders, quería aumentar la diversidad en las salas de redacción y fortalecer los sindicatos de los periodistas. La primera medida proporciona una mayor oferta al público. Los reportajes sobre desigualdad racial o de género no han tenido un gran impacto principalmente porque no se han desarrollado como debería, y esto es porque las salas de redacción sufren de un problema de diversidad en sus equipos. Solo propuse algunos ejemplos, pero piense en por qué sus problemas rara vez son expuestos en los grandes medios: es por falta de diversidad también. La segunda, por otro lado, permite que esos equipos estén más organizados y puedan exigir una mayor calidad en su vida laboral, lo que es otro problema para los periodistas de todo el mundo: no se puede hacer un gran trabajo con malos salarios y una excesiva carga laboral, entre otras cosas.

La senadora Elizabeth Warren, por otro lado, propuso proteger a los medios de las firmas de capital privado que se encargan de “comprar y destripar” a estas empresas de información. La senadora Amy Klobuchar quería mediar en una negociación entre los medios y los gigantes tecnológicos como Facebook y Google en materia de cómo deberían funcionar los anuncios de publicidad para que los medios no se vean tan perjudicados por lo que hacen estas compañías. Y el empresario Andrew Yang propuso subsidiar a los medios locales a través del gobierno federal.

El candidato y presidente Donald Trump también tenía su propio plan para “ayudar” a los medios. De hecho, lo ha ejecutado en los últimos cinco años: que se hable de él. Trump dice que al darles a los canales, periódicos y revistas “titulares” con sus excentricidades para que el público les dé los deseados clics, algo que bajo el modelo actual de negocio es necesario para la sostenibilidad de los medios, ha "salvado a la industria. A la larga no es un buen plan para nadie, excepto para Trump. Es decir, él no apuesta por una mejor información para el pueblo, sino por una desinformación: noticias que no sean relevantes o la amplificación de noticias falsas. Y los medios han caído en su juego.

El plan de Trump consiste en un “tú ganas, yo gano” con los medios de comunicación. Los medios ganan clics al retransmitir todo lo que dice, y el presidente recibe la amplificación de sus mentiras. La gran perdedora bajo esta dinámica es la ciudadanía, la cual se encuentra confundida por un diluvio de información falsa e innecesaria que proviene principalmente del gobierno.

Para enfrentar a Trump, los profesores de periodismo en Estados Unidos, como Jay Rosen, recomiendan descentralizar al presidente de las historias. No se trata de ignorar lo que dice, sino de descentrar su figura de la agenda nacional y jerarquizar lo más importante.

“Nada de esto puede funcionar a menos que los productores de noticias sepan en qué están gastando los escasos recursos. ¿Cuánto espacio, cuánto tiempo le está dando a Trump en comparación con otros actores claves, como los gobernadores, los expertos en salud pública o las víctimas de su toma de decisiones?”, escribe Rosen sobre el cubrimiento específico de la pandemia.

Poner en el debate central todas las locuras que decía Trump fue un gravísimo error de la prensa nacional e internacional desde 2015. Hemos dejado de lado discusiones más importantes porque el presidente nos ha inundado con un mar de declaraciones que o son falsas o son irrelevantes a final de cuentas. Y él no hace todo esto porque tenga problemas mentales, como sugieren algunos. Trump dice todo lo que dice porque persigue una estrategia de confusión y desinformación propia de gobiernos autoritarios conocida como “la manguera de fuego de la falsedad”, la cual hizo famosa Rusia y que consiste en la continua difusión de mentiras que buscan posicionarse como verdad para confundir a la población. Es una táctica desvergonzada, pero muy efectiva.

En la última semana nada más, Trump compartió una teoría de conspiración que apuntaba a que Osama Bin Laden estaba vivo y que el ejército había matado a un doble, pues el presidente Barack Obama había pedido proteger al verdadero Bin Laden. ¿Se dan cuenta de lo descabellado que suena eso? A Trump no le importa realmente. Tampoco a Rusia. Entre más absurda y obvia sea la mentira, más posibilidad tiene de ser amplificada en los medios masivos, y ese es el objetivo de estos gobiernos. Es el clásico “confunde y reinarás”.

El ejemplo más preocupante de esta ofensiva es cómo Trump y el Partido Republicano lograron engañar a los medios tradicionales para cubrir la teoría sobre el fraude por correo en el país.

Trump se aprovechó de cómo la estructura de los medios concibe la información para lanzar su propia campaña de desinformación en estas elecciones. “Si el presidente lo dice, es noticia” y “hay que perseguir el objetivo de neutralidad o de tomar partido”, son dos principios que persigue el periodismo. En estos meses, el presidente dijo que había fraude en las elecciones, por lo que el voto por correo se posicionó como una noticia frecuente en los medios, y desde entonces ha sido muy difícil convencer a los lectores que lo que denuncia Trump es altamente improbable. Esto se da porque, luego de cumplir su objetivo de posicionar lo que quiere en los medios, Trump señala que los reportajes son falsos y que él tiene la única verdad.

“Donald Trump ha perfeccionado el arte de utilizar las prácticas estándar del periodismo profesional como una forma de aprovechar los medios de comunicación para su campaña de desinformación. En la medida en que el modelo de medios de comunicación que identificamos sea el principal impulsor del desorden de la información, no se curará por más verificación de hechos que Facebook haga”, señala un estudio realizado por el Berkman Klein Center for Internet and Society de Harvard, que analizó 55 mil noticias, cinco millones de tuits y 75 mil posts de Facebook.

Nadie en el mundo parece entender el poder, la influencia y las condiciones actuales de los medios de comunicación como lo ha hecho Trump. Sea desde su faceta como empresario, candidato o presidente, este magnate republicano ha usado su presencia en los medios para su propio beneficio durante años.

Para no ir lejos, en su campaña de 2016, por ejemplo, la extensa cobertura que recibió en los grandes medios le ahorró a Trump miles de millones de dólares en propaganda política y terminó posicionándolo como un contendiente serio en la carrera por la Casa Blanca. ¿Cómo lo hizo? Solo necesitaba poner un tuit escandaloso para que lo convertiéramos en noticia. Esto le dio un gran posicionamiento a su marca porque sus comentarios se consumen mucho en internet. Haga un ejercicio: busque en Google “trump 2016 tweets campaign” y verá la cantidad de análisis sobre los tuits del mandatario en ese año. Y repítalo con cada año de su gobierno. ¿Era necesario convertir cada trino en una noticia? No, no lo era.

Cuando las elecciones de 2016 concluyeron, los medios de comunicación se dieron cuenta de los errores que habían cometido. Hubo un diluvio de análisis sobre lo que pasó y sobre lo que deberían hacer los periodistas en los siguientes cuatro años cuando Trump estuviera al mando: no prestarle excesiva atención a su Twitter y a sus declaraciones extravagantes, que son importantes, y desarrollar lo que era realmente importante, como sus escándalos y las historias sobre los problemas y necesidades del país. Pero ahora podemos ver que esa hoja de guía se incumplió colosalmente.

Cuatro años después, los medios volvieron a fallar y dejaron que Trump marcara la agenda nacional con ridiculeces que han terminado por eclipsar información mucho más importante para el público. Los periodistas hemos olvidado la jerarquización entre lo que es importante, y lo que es realmente importante. ¿Cuál es el problema en que los medios repliquen todas las mentiras de Trump? Las investigaciones sobre la difusión de noticias falsas, como las que salen en el Twitter del presidente, apuntan a que entre más fuentes las citen, el público tiende a pensar que son más creíbles.

Los mismos periodistas se han encargado de normalizar las conductas inapropiadas y nocivas del presidente. Trump ha gastado mucho tiempo en entrevistas con Fox News o tuiteando. Pero en lugar de apuntar el tiempo que el presidente no invierte en gobernar, los medios amplifican las declaraciones que salen de sus muy controvertidas entrevistas o hacen listados con los “tuits más polémicos del presidente”. Ese no es un buen enfoque.

Contrario a lo que dice el presidente, el periodismo se ha visto muy afectado por su gobierno. En caso de que él continúe al mando, los medios deberán demostrar que pueden aplicar las lecciones que no tuvieron en cuenta en los últimos cuatro años. El cambio comienza a notarse de a poco. Si Joe Biden gana, también hay un desafío muy amplio: demostrar que el periodismo puede ser crítico con su administración, pues la prensa no es ni amiga ni enemiga de un gobierno. Es independiente a este. La ciudadanía, por otro lado, debe tener en cuenta que con los líderes que elige, también está escogiendo qué proyecto para la prensa considera como el mejor.

El plan de muchos demócratas, ahora olvidado, era más sano y sustancial para curar la crisis en los medios. El de Trump no representa ninguna solución al problema, pues solo busca mantener a las audiencias desinformadas como en los últimos cuatro años.

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