Una nueva política exterior en Estados Unidos

Trump y sus amigos dictadores

El presidente estadounidense invitó a la Casa Blanca a los polémicos mandatarios Rodrigo Duterte, de Filipinas, y Prayut Chan-o-cha, de Tailandia.

Momento en que Rodrigo Duterte, presidente de Filipinas, recibe la llamada de Donald Trump, quien lo invitó a la Casa Blanca. / AFP

¿Tiene Donald Trump una política internacional? Cien días en la Casa Blanca, en los que dijo, desdijo, acusó, se retractó, amenazó y luego concilió, solo señalan que el empresario presidente actúa llevado por su temperamento. Ah, claro, también por su limitada comprensión de la política internacional, que enmarca en el único lenguaje que conoce: la intimidación y la fuerza.

Trump llegó a la Casa Blanca como el gran defensor de la política de America First, pero con los bombardeos a Siria y Afganistán actúa hoy de policía mundial. Corea del Norte es otro ejemplo.

EE. UU. aumentó la presión sobre este país en todos los frentes, a pesar de los llamados a la contención. El sheriff Trump incluso se mostró dispuesto a llevar a cabo un ataque preventivo y como prueba de su determinación envió a la Península Coreana el portaaviones nuclear Carl Vinson; también desplegó su escudo antimisiles en Corea del Sur. En una entrevista hace dos días, en la cadena CBS, Trump se negó a descartar una respuesta militar a un ensayo nuclear.

Corea del Norte, a punta de ensayos balísticos (fallidos), le dice a Washington que “acelerará al máximo las medidas para reforzar su programa de disuasión nuclear”. El comunicado del régimen de Kim Jong-un repite la idea de que Corea del Norte podría realizar “en cualquier momento y en cualquier lugar” su próxima prueba atómica.

Y en ese peligroso pulso (o al menos eso dicen voceros de la Casa Blanca), el estadounidense está haciendo polémicas alianzas: invitó al presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, y al primer ministro de Tailandia, Prayut Chan-o-cha, a visitar Washington. Los dos, con un récord de violación de derechos humanos “preocupante”, por decir lo menos.

Una pequeña muestra: Rodrigo Duterte, quien llegó al poder en Filipinas en 2016, ha provocado una guerra sangrienta contra narcotraficantes y drogadictos que ya cobra la vida de más de 7.000 personas. Duterte se jacta de matar criminales con sus propias manos e incluso invita a la gente a cometer asesinatos.

Prayut Chan-o-cha, exjefe del ejército tailandés, que se tomó el poder en 2014, estableció otro régimen de persecución. De acuerdo con la Federación Internacional de los Derechos Humanos (FIDH), el militar ha cometido graves violaciones a los derechos humanos: detenciones irregulares y juicios en tribunales militares de casos que antes se dirimían en los juzgados civiles, una práctica condenada por el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La Junta Militar se ha negado a hacer elecciones para que regrese la democracia tras el golpe de Estado.

Trump se refiere a ellos como “amigos” y los invita a hacer alianzas con Estados Unidos. De hecho, según la Casa Blanca, en el diálogo con Duterte, hablaron “del hecho de que el Gobierno filipino lucha fuertemente para librar a su país de la droga, una lacra que afecta a muchos países en el mundo”.

Los dirigentes también hablaron de las preocupaciones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean) sobre la seguridad regional, en particular la amenaza que supone Corea del Norte, aseguró la Casa Blanca.

¿Pero qué tan claves son estos dos países para contener a Corea del Norte? Kenneth Roth, director ejecutivo de Human Rights Watch, cuestionó los motivos de Trump para invitar a estos personajes diciendo que no tienen influencia sobre Pyongyang.

El alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Zeid Ra'ad al Hussein, le pidió a Trump que transmitiera el “sentimiento de alarma internacional por la impunidad que parece rodear a los crímenes relacionados con la guerra antidrogas”.

Los gobiernos de Tailandia y Filipinas mantuvieron relaciones cooperativas, pero tensas, con Estados Unidos antes de que Trump asumiera el cargo, justamente por estas preocupaciones.

Ninguno de los líderes fue invitado a la Casa Blanca durante la presidencia de Barack Obama, aunque Prayuth asistió a una cumbre en California. Obama canceló una reunión con Duterte después de que el hombre fuerte filipino se refiriera a él como un “hijo de una puta”.

Por su parte, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), compuesta por Brunei, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Birmania, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam, aseguró en un comunicado “su gran preocupación por la escalada de las tensiones en la península de Corea”. Y entonces apareció, otra vez, el impredecible Trump para señalar que “sería un honor conocer a Kim Jong-un en las condiciones adecuadas”. ¿Cumbre Washington-Pyongyang?