Túnez, cinco años después de la Primavera Árabe

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Miles de personas recuerdan la caída de la dictadura de Zine el Abedin Ben Ali, el 14 de enero de 2011.

Fue en Túnez en donde nació la llamada Primavera Árabe. Pese a la violencia y el asesinato de opositores, este país puede jactarse de haber gestado una transición a la democracia.

Tras semanas de manifestaciones en contra de la dictadura del tunecino Zine el Abedin Ben Ali, el 14 de enero de 2011, el mandatario acosado por la “revolución del Jazmín” tuvo que abandonar la presidencia, que había ocupado durante casi 25 años.

Esta caída se replicó en Egipto con Hosni Mubarak y Muamar Gadafi, en Libia, en el poder desde hacía 30 y 40 años respectivamente. El primero dejó el poder tras una revuelta que dejó 850 muertos y el segundo fue derrocado durante un levantamiento en Bengasi, con la intervención de la OTAN.

Tras la caída del régimen, la revolución tunecina promovió la libertad y la igualdad. Esa sociedad diversa, tan profundamente laica como extremadamente tradicional islamista, intentó forjar un espacio de convivencia pese a las tensiones políticas, la acuciante crisis económica, la frágil cultura democrática y el auge del yihadismo.

La revolución tunecina abanderó los principios de libertad, igualdad y dignidad. Aunque no todos están de acuerdo. “No, todavía no hemos conseguido el objetivo que nos planteamos para la revolución. Han sido cinco años de manifestaciones, de movimientos”, explicó a Efe Nidal Eluch, líder estudiantil en 2011 y miembro del partido socialista.

Sin embargo, la cultura del consenso adoptada por los principales partidos políticos hizo posible aprobar una nueva Constitución (2014), considerada como la más avanzada del mundo árabe. Ese mismo año, las elecciones legislativas y presidenciales trajeron la alternancia al poder, reafirmando la idea de que no hay vuelta atrás en esta transición.

“No veo que la revolución esté en el camino hacia su objetivo, pero soy optimista y creo que vamos a llegar”, subrayó Nidal Eluch.

Las dudas de los activistas están relacionadas con el regreso de la tensión partidista, con el desplome de la formación laica Nidá Tunis y el nuevo fortalecimiento de los islamistas de An Nahda, pero también con ciertas políticas que ha adoptado el Gobierno con la excusa de la lucha contra el yihadismo.

Creen que la ley con la que el Ejecutivo trata de aflorar miles de millones de dólares a través de la amnistía fiscal a miembros del antiguo régimen supone una traición.

Y que el recurso al estado de emergencia para la lucha contra el terrorismo, que ha llevado a miles de personas a la cárcel en los últimos meses, significa una retroceso en los derechos adquiridos tras el levantamiento.

Ben Ali huyó a Arabia Saudita con su familia. Cinco años después, miles de personas salieron a la avenida Bourguiba, principal arteria de la capital de Túnez, para celebrar el quinto aniversario de su huída y para apoyar la revolución, que lucha por mantenerse como la excepción de las fallidas primaveras árabes.

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