Después de Irán y Sudán

Túnez: otro país en jaque por un alza de precios

El desempleo y un incremento en el IVA tienen en apuros al país que en 2011 protagonizó el comienzo de la Primavera Árabe.

El alza de impuestos que provocó las protestas empezó a regir el pasado 1º de enero. / AFP

En Túnez, las protestas tumban gobiernos. El 16 diciembre de 2010, Mohamed Bouazizi, un vendedor ambulante, salió de su casa sin saber que estaba a punto de cambiar la historia de su país. Tenía 26 años y desde que cumplió 10 trabajaba para ayudar a su madre a mantener a sus hermanos. Bouazizi sacó la carreta en la que vendía fruta por las calles de Sidi Bouzid, en el sur de Túnez, y, según la versión de su madre, entrevistada por Al Jazeera, a eso de las 10 de la mañana la policía se le acercó para confiscar la carreta y toda su mercancía. El vendedor sólo opuso resistencia cuando intentaron quitarle su balanza.

Al día siguiente, y después de que nadie escuchara sus protestas por los golpes recibidos, Bouazizi se quemó vivo al frente de las oficinas del gobierno local. Su muerte 18 días después, y tras haber recibido la visita del presidente Zine Al Abidine Ben Ali en el hospital, se convirtió en el catalizador de las manifestaciones callejeras que le pusieron fin al régimen que gobernaba Túnez desde 1987, las mismas que hoy vienen a la memoria tras las dos jornadas de protestas masivas en las que al menos 200 personas han sido detenidas.

Siete años después de lo que se dio conocer como la Revolución de los Jazmines, la primera transición política de la Primavera Árabe, los jóvenes tunecinos siguen sufriendo los problemas que encaró Bouazizi en la época de la dictadura: la corrupción rampante y una tasa de desempleo que se acerca al 15 %.

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A eso se suman las medidas de austeridad que el Gobierno tuvo que asumir como parte del compromiso que adquirió con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), según el cual, a cambio de recibir un crédito cercano a los 2.500 millones de euros en 2016, Túnez se comprometía a aplicar una reforma en la administración pública que eliminaría cerca de un millón de puestos de trabajo, así como a reducir el gasto público e incrementar los impuestos.

Las nuevas medidas fiscales empezaron a regir el 1º de enero e incluyeron un alza del 1 % en el IVA. “Nuestras reivindicaciones son estas: suspender la ley de finanzas de 2018, volver a los precios iniciales de los productos y contratar a una persona de cada familia pobre”, afirmó Hamza Nasri, miembro del colectivo Fech Nestannew, que en árabe significa “Qué estamos esperando”, desde el cual se coordinan las manifestaciones.

Aunque Túnez tiene antecedentes en las protestas por el alza del precio de algunos bienes, como ocurrió en 1983, cuando un aumento del precio del pan terminó con la muerte de 100 manifestantes, este año no fueron los primeros en salir a protestar. Durante la primera semana de este año, en Sudán, el alza de 7 centavos en el precio del pan provocó disturbios en Sennar, ubicada a las orillas del Nilo. Algo semejante sucedió en Irán, donde la inconformidad por la subida en el precio de los huevos provocó una oleada de protestas que empezaron en Mashad, en el oriente del país, y después se regaron por todo el país. Todo empezó durante los últimos meses del 2017, cuando un brote de gripe aviar obligó a las autoridades a sacrificar 17 millones de gallinas. Como era de esperarse, el precio de los huevos se dobló.

Durante los primeros días de 2018, Irán protagonizó manifestaciones que dejaron al menos 21 personas muertas y 3.700 bajo arresto. Como en Túnez, se dan contra un gobierno central que ha logrado el crecimiento económico y que, sin embargo, sigue teniendo en la alta tasa de desempleo una asignatura pendiente.

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El año pasado, la economía tunecina tuvo un crecimiento del 2 %, algo que Ridha Shalghum, ministro de Finanzas, no ha dudado en destacar: “Entre los logros de la democracia está la posibilidad de manifestarse, pero también la obligación de trabajar por una economía tunecina sana en la que este crecimiento, que empezó a mostrarse en 2017, se consolide y sea creador de empleos”, dijo el funcionario, quien, además, subrayó que el Gobierno está comprometido a mantener los precios de los productos de primera necesidad.

En la noche del martes, las manifestaciones en Túnez incluyeron el saqueo de supermercados en las afueras de la capital y en Tebura, al oeste, los disturbios estallaron después del entierro del hombre de 45 años que se convirtió en la primera víctima mortal y potencial mártir de esta oleada de protestas. Según la versión del forense que examinó el cadáver, replicada por el Ministerio del Interior, el hombre “sufría una crónica falta de aliento y no presentaba síntomas de haber sufrido violencia o de haber sido atropellado”.

El caso se trata con pinzas, no sólo porque el próximo domingo se cumple otro aniversario del fin de la dictadura de Abidine Ben Ali, sino porque el gobierno tunecino atraviesa un momento de debilidad sin precedentes. La violencia callejera hizo que la ruptura entre el partido gobernante, Nidaá Tunis, y sus aliados en el Parlamento, los islamistas de Ennahda, pasara desapercibida. Al parecer, los miembros del Ennahda quieren sacarles el mayor provecho posible a las elecciones municipales que se realizarán el próximo mayo y en las cuales una victoria auspiciada por el debilitamiento del oficialismo podría pavimentar la victoria de su líder, Rachid Gannounchi, en las presidenciales de 2019.