Un recorrido histórico por Jerusalén

En el centro de la ciudad de Jerusalén se erige como baluarte de la historia la ciudad antigua, rodeada de las murallas que en el siglo XVI construyera el sultán otomano Suleiman el Magnífico. Siete son las puertas por las que desde los cuatro puntos cardinales se puede ingresar a la ciudad vieja de Jerusalén.

Un grupo de árabes sigue el discurso de Trump. AFP

Una vez adentro, transitando por las empedradas calles se respira pura historia; en pocos metros se pasa de un siglo a otro, de una época a otra, de una fe a otra. Cuatro barrios conforman la ciudad antigua de Jerusalén: judío. árabe, cristiano y armenio.

Historia entremezclada en estos tiempos con los tradicionales mercados de Oriente Medio en los que se venden chucherías hechas en China; tiendas donde ofrecen parafernalia judía, cristiana y musulmana. Miles de peregrinos jadeantes provenientes de los confines del planeta surcan los callejones de esta ciudad sagrada para las tres religiones monoteístas occidentales, las cuales nacieron hace siglos en estas convulsionadas tierras de Oriente Medio.

En cualquier esquina se topa el visitante con una placa redonda metálica con un número romano del I al XIV. Corresponden a una de las estaciones del calvario de Cristo en su viacrucis hacia el Gólgota. Por esa ruta se llega, casi sin darse cuenta, a la Basílica del Santo Sepulcro, en cuya entrada esta la Piedra de la unción y más adentro la tumba de Jesús.

Por la puerta Mugrabi, los visitantes ingresan a la Explanada de las Mezquitas, un imponente complejo de unos 3.500 metros cuadrados sobre el cual se levantan la mezquita de Al Aqsa y el Domo de la Roca, con su majestuosa cúpula dorada. Los judíos denominan este sitio el monte del templo y, de acuerdo con la tradición hebrea, ahí quedaba el lugar más sagrado del antiguo templo del rey Salomón, el Santo Sanctorum. En el interior del Domo de la Cúpula de Oro hay una roca que, según la historiografía judía, fue donde Abraham intentó sacrificar a Isaac, hijo de su esposa Sara; de acuerdo con la narrativa musulmana, Ibrahim (Abraham) en esa roca intentó sacrificar a Ismael, su hijo con Hagar. De Isaac e Ismael descienden judíos y musulmanes.

A un costado de la explanada se erige solemne y fastuoso el muro de las lamentaciones, el lugar más sagrado del judaísmo, único vestigio del templo judío que sobrevivió el inexorable paso del tiempo. Entre las grietas de las gigantescas piedras hay millones de papelitos en todos los idiomas que contienen deseos y peticiones al Todopoderoso.

La libertad de cultos es ostensible en Jerusalén desde 1967. Una ciudad con mucha historia y poca geografía, en la que cualquier chispa puede engendrar violencia y sangre. La Jerusalén que el Rey David hiciera por primera vez capital del Reino de Israel y Judea, y que 3.000 años después era reconocida por Estados Unidos como la capital del moderno Estado de Israel.