Cuando los estudiantes se alzan en protesta
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Una lucha que no se arruga

El último siglo ha estado marcado por una decena de movilizaciones sociales en las que los jóvenes han sido protagonistas. ¿A qué se debe el activismo estudiantil y qué ha conseguido?

Miles de personas participan en una protesta con motivo del paro nacional este miércoles, durante el séptimo día de protestas, en Medellín, Colombia. EFE

“Si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y embruteciendo, proclamamos bien en alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud”. Estas fueron las palabras que marcaron el manifiesto de la Federación Universitaria de Córdoba, Argentina, con la que cientos de jóvenes reclamaron una reforma universitaria el 21 de junio de 1918 para romper con las que consideraban prácticas autoritarias, dogmáticas y ultraconservadoras de quienes dirigían su universidad. Este movimiento juvenil, que el año pasado cumplió un siglo, es quizás una de las rebeliones estudiantiles más importantes para América Latina, pues fue el origen de una ola de activismo que marcó la pauta para futuras movilizaciones sociales no solo en el continente, sino también en otras partes del mundo. Al conseguir sus objetivos e impedir la elección de un nuevo rector católico y la autonomía universitaria, este se convirtió en un hito histórico y anticipó lo que sería la agitada segunda mitad de siglo.

“Las protestas en América Latina son producto de décadas de indiferencia"

Indudablemente, las rebeliones a nivel global, como la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba, han estado impregnadas a través de la historia por la juventud. Los jóvenes, y sobre todo los estudiantes, han sido protagonistas en muchas ocasiones de cambios sociales, de luchas contra el establecimiento y han sido eternos defensores de causas nobles. “Ellos, desinteresados y puros, que no han tenido tiempo aún de contaminarse”, escribió Juan Carlos Portantiero en su libro Estudiantes y política en América Latina. Los estudiantes han actuado siempre como un catalizador activo del descontento social, porque la universidad, al ser un centro de enseñanza y un bastión para la libertad y la crítica, ha sido un espacio donde se fraguan los movimientos sociales. Por ello, ha sido una vocación del movimiento estudiantil alterar estructuras y lograr cambios. Sin embargo, cabe aclarar que los factores detonantes de tales manifestaciones varían, pues no son esencialmente por un reclamo hacia el sistema educativo.

En Brasil, por ejemplo, fueron los estudiantes quienes organizaron la Marcha de los Cien Mil, en Río de Janeiro en 1968, para protestar contra la dictadura militar, lo que significó un fuerte desafío al régimen y abrió paso al auge de las movilizaciones en favor de la democratización del país. Al igual que otros sectores, el estudiantado no aprobaba el golpe de Estado de 1964 y reclamaba el derribo de la clase política, además de autonomía universitaria. En Francia, un reclamo tan simple como abrir dormitorios mixtos en la Universidad de Nanterre fue la chispa que desató el movimiento en el que, según Juan Manuel Sánchez, historiador de la Universidad de Múnich, los jóvenes empezaron a crear un mundo simbólico en donde buscar una identidad y pelear por ella.

“Por eso la frase ‘Bajo los adoquines, la playa’, usada por ellos, es tan diciente. Esto significa que París era vista como esa ciudad llena de cemento, un mundo de adultos, y abajo está la fiesta, la oportunidad de ser joven”, afirmó Sánchez.

Durante ese año Praga también vio a los estudiantes protestar y clamar por un “socialismo con rostro humano”, es decir, un comunismo soviético que garantizara la libertad del individuo. Miguel Benito, historiador e internacionalista, asegura que este representa “un ciclo que acaba triunfando, no de un modo inmediato, pero sí a largo plazo. Cuando el político y dramaturgo Vàclav Havel llegó a ser presidente de Checoslovaquia y luego de República Checa (1989-1992) cerró un círculo en el que los reprimidos alcanzaron el poder y acabaron haciendo el cambio que no lograron en 1968”.

Para Sánchez, lo que queda de esa generación son las victorias que lograron, como la liberación sexual. “Muchos de los que fueron parte del movimiento alrededor del mundo se convirtieron en activistas políticos, en defensores de derechos humanos, otros crearon partidos políticos, y eso explica en Alemania el nacimiento de la ola verde. Unos muy pocos, por el contrario, se convencieron de que la única manera de cambiar la sociedad era a través de la violencia. Se crearon grupos terroristas principalmente de izquierda, como la RAF”, aseguró.

El año 1968 fue clave para los movimientos estudiantiles en todo el mundo. Los jóvenes de ese momento eran una generación que nació y creció sin conocer la guerra, en medio de una prosperidad económica que logró llevar mayor cantidad de personas a ambientes universitarios. Así se presentaron movimientos organizados que comenzaron a exigir una sociedad diferente.

Otro ejemplo en la región es el de México, donde los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y de otras instituciones participaron de manifestaciones para exigir la eliminación del autoritarismo. Aunque estas terminaron con la represión del gobierno y la masacre de Tlatelolco, en la que murieron cerca de 400 personas, el legado para la sociedad es innegable; gracias a las exigencias de los estudiantes se creó el Instituto Electoral, se buscó una prensa separada del Estado y se visibilizó la necesidad de concretar derechos para campesinos como para mujeres.

Los estudiantes también sacudieron Estados Unidos: salieron a las calles en contra de muchas causas, entre ellas la Guerra de Vietnam (1955-1985), el primer conflicto en la historia en ser televisado, y convirtieron su reclamo en algo generacional. Millones de estudiantes iniciaron un boicot masivo como muestra de oposición a la guerra, quemando tarjetas de reclutamiento e impidiendo actividades de empresas que apoyaban la guerra, logrando darles un gran golpe de opinión a gobiernos como el de Richard Nixon.

Pero no todas las movilizaciones son exitosas. En Brasil, el movimiento de resistencia pacífica fue aplastado por la dictadura. Sin embargo, en los casos brasileño, mexicano e incluso francés, la actividad continuó: muchos de los activistas estudiantiles se unieron a partidos políticos o incluso a gobiernos.

Más recientemente se han visto otros fenómenos sociales liderados por estudiantes. En España, el 15 de mayo de 2011, se vivieron intensas protestas lideradas por colectivos de jóvenes y otros sectores de la sociedad que se agruparon en un movimiento llamado 15-M o Indignados, que pedían mayor equidad política y alejarse del bipartidismo entre el PP y el PSOE. “El paro de los jóvenes es del 40%. Hemos estudiado carreras y máster, pero no hay espacio para trabajar. Nos están imponiendo la crisis desde arriba y encima nos piden austeridad”, aseguró en su momento una de las estudiantes. También está el de Chile de 2011, cuando los estudiantes marcharon para rechazar el sistema educativo. Tras dos meses de movilización y con una crisis de aprobación histórica, el gobierno aceptó algunos cambios; insuficientes para los estudiantes que, siete años después, volvieron a tomar las calles. Son los jóvenes los que han protagonizado las protestas que estallaron en Chile, el 18 de octubre pasado.

Manual para entender las marchas del 21 de noviembre

“Los movimientos estudiantiles que han triunfado han sido manifestación de un cambio que es tan político como generacional. En Colombia pueden aprender de ellos que la petición de cambio que es legítima es irrenunciable; que el movimiento estudiantil puede apoyar, de manera táctica, a aquellos actores políticos que les ayuden a alcanzar sus demandas, pero que no deben dejarse cooptar por ningún actor político concreto; visibilizar que la demanda estudiantil se hace en beneficio de toda la sociedad y no solo de unos actores políticos concretos”, explica Miguel Benito.

El historiador agrega que hay un punto clave, “los políticos deben entender que la agenda de estos estudiantes existe y que ellos deben darle respuesta, pero que es la agenda de los estudiantes”.

 

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Camilo Gómez y Nicolás Marín / @camilogomez8 y @nicolasmarinav

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