Venezuela: La oposición convocó para hoy otra “megamarcha”

Una reforma a la medida del chavismo

Aunque Nicolás Maduro tiene legitimidad para convocar una Asamblea Constituyente, lo que se cuestiona es la forma como se desarrollará el proceso: eligiendo constituyentes del chavismo y borrando a la oposición. ¿Democracia?

La oposición amenaza con tomar las calles con más fuerza, tras la decisión de Maduro de convocar una Asamblea Constituyente. / AFP

Juan Vicente Gómez, quien rigió los destinos de Venezuela durante 27 años (1908-1935, la dictadura más prolongada del país), reformó siete veces la Constitución. Hugo Chávez la cambió una vez (1999), pero intentó en tres oportunidades introducir modificaciones.

La más recordada, en 2007 cuando pretendió cambiar 69 artículos de la Carta Magna de 1999 (su gran logro que sentaba las bases del proyecto bolivariano). Las reformas le darían un poder ilimitado: reelección presidencial indefinida, control sobre las reservas de divisas extranjeras, el Banco Central, la ordenación territorial y los medios de comunicación, etc.

Chávez, cuyo logro mayor era someter (y ganar) todas sus propuestas a voto popular, decidió llevar la reforma a las urnas. Corría 2007 y entonces el comandante bolivariano vivía su mejor momento: acababa de darle una paliza a la oposición en las urnas (le ganó la presidencia a Manuel Rosales en 2006), la economía estaba boyante, los precios del petróleo superaban los cien dólares y las misiones gozaban de la mejor reputación.

El año más exitoso del chavismo y aún así el carismático Chávez no logró que el pueblo respaldara sus reformas: el 50,7 % de los venezolanos le dijeron no.

El fracaso electoral, el primero en nueve años de gobierno, le dejó una dura lección al chavismo: a los venezolanos no les gusta un presidente todopoderoso.

Y como Maduro no es tan tonto como muchos creen, no repetirá los errores de su padre político y aprovecha los vacíos que dejó la Constitución del 99: Convocó la Asamblea Nacional Constituyente manipulada, amañada, hecha a la medida del chavismo. O lo que queda de él.

En el escenario actual —descontento, escasez, inflación violencia, marchas, muertos y represión— Maduro jamás ganaría unas elecciones. Por eso, no se arriesga y convoca una Asamblea en la que la oposición queda totalmente borrada.

Los 500 asambleístas que reformarán la Carta no serán elegidos por voto universal, sino por sectores sociales, con una elección “directa y secreta” bajo condiciones electorales “estrictas”. Es decir, que todos saldrán de las filas del chavismo, para evitar sorpresas.

“Esta convocatoria rompe con la tradición democrática venezolana que plantea (como en todos los países democráticos) que las elecciones para escoger a los representantes, en este caso constituyentistas, sean elegidos en procesos universales (toda la población participa sin sesgos ni segmentaciones, directos y secretos)”, explicaba Luis Vicente León, director de Datanálisis.

Para el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, la convocatoria de una Asamblea Constituyente en Venezuela es un “nuevo golpe de Estado” promovido por el Gobierno y “el fin” del legado del fallecido presidente Chávez.

A pesar de los reclamos de la alianza opositora y de la comunidad internacional —Estados Unidos acusó a Maduro de “tratar de cambiar las reglas del juego para asegurarse en el poder”, Brasil consideró la medida como un “golpe de Estado” y Chile advirtió sobre “la situación en Venezuela se ha agravado y cada vez es más compleja—, el proceso comenzó.

Elías Jaua, jefe de la Comisión Presidencial venezolana para la Asamblea Constituyente, dijo en entrevista que el proceso tomará “unas semanas”.

“Vamos a abrir en un tiempo perentorio. Eso sí, esta constituyente no es para un año, o para seis meses, no hay un plazo estimado, pero estamos hablando de semanas para realizarlo”, aseguró Jaua. Algo, por decir lo menos, paradójico y revelador.

El Consejo Nacional Electoral confirma su agilidad cuando del chavismo se trata. Organizó en menos de un mes las elecciones presidenciales en las que ganó Maduro, pero no fue capaz de organizar las elecciones regionales de 2016. También manipuló los plazos para el referendo revocatorio hasta anularlo y ahora se habla de una Constituyente “en semanas”. ¿Eficiencia?

Uno de los temas que busca el proceso constituyente “es crear condiciones de estabilidad para poder ir a los procesos electorales”, incluidas las elecciones presidenciales previstas para finales de 2018, aseguró Jaua.

Pero pocos les creen, pues lejos de ayudar a solucionar la actual crisis y buscar un camino para la convivencia pacífica en el país, la propuesta de Maduro impide cualquier diálogo y pone contra las cuerdas a sus contradictores: la alianza llamó a una segunda “megamarcha” hoy.

En lo que no pensó Maduro es que los cálculos le pueden salir mal, como en otras oportunidades. “Pese a sus múltiples divisiones, el gobierno logra con esto unificar a la oposición en criterios, reactivar y oxigenar su lucha por el rescate de la democracia, mientras consolida también el rechazo internacional (...) en un intento de consolidar una autocracia encubierta en manipulaciones legales impotables para cualquier demócrata en Venezuela y el mundo”, añadió León.

 

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