Venezuela: siempre se puede estar peor

Nicolás Maduro y la Asamblea Nacional Constituyente están muy lejos de resolver los problemas del país.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela AFP

La Asamblea Nacional Constituyente (ANC) fue convocada, según el presidente Nicolás Maduro, para resolver la crisis económica de Venezuela, pero desde su posesión el 4 de agosto del presente año, el bolívar en el mercado negro pasó de 18.982 por dólar a 88.235, al 29 de noviembre (según dolartoday.com). Lo que demuestra que el deterioro económico se aceleró.

Una sumatoria de malas decisiones ha precipitado dicho deterioro: el aumento caprichoso del salario mínimo, que ya suma un 406 % en lo que va del año; el aumento del circulante por los bonos navideños y las dádivas en dinero a través del “carné de la patria” como parte de un instrumento clientelar; la salida al mercado del billete de 100.000 bolívares; el incumplimiento parcial de los compromisos de deuda externa; el nombramiento de un general de la Guardia Nacional Bolivariana como presidente de la compañía petrolera PDVSA y ministro de Petróleos, y el desmonte de la seguridad jurídica para cualquier actividad económica, ante el proceder discrecional que impulsa a la ANC, como quedó ejemplificado con la expedición de la Ley de Precios Acordados.

Decisiones que han llevado a Venezuela a la hiperinflación, según lo expuesto por la profesora Sary Levy en la Universidad del Rosario. Venezuela es un país que ya puede ser declarado en hiperinflación en los diferentes criterios de medición. A lo cual se suma la caída de la producción petrolera, que se calcula de 2’683.000 barriles diarios en 2014 a 2’100.000 b/d para agosto de 2017, tomando las fuentes oficiales, o para terceros se pasó de 2’375.000 b/d en 2014 a 1’918.000 b/d en agosto de 2017, en otras palabras, la caída de la producción es mayor que el pequeño repunte de los precios del crudo. Sin descontar que el Estado venezolano tiene compromisos por US$8.000 millones para 2018; US$9.000 millones para 2019, y US$10.500 millones para 2020. . Ante un panorama económico tan turbio sería inminente la salida del Gobierno.

Se supone que en el marco de un Estado democrático, donde se busca el bienestar de la población, los costos políticos de los malos resultados económicos conllevarían la salida del Gobierno, pero ese no es el caso venezolano. Los criterios de evaluación de la gestión gubernamental chavista no se cifran en el bienestar de la población sino en el sostenimiento del “proyecto político” que dicen encarnar.

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Maduro y su ANC se han logrado imponer instrumentalizando el sistema económico llevando a la mayoría de la población a condiciones de subsistencia. La escasez de los principales productos de la canasta básica ha convertido al Gobierno en el único proveedor que distribuye discrecionalmente lo poco que hay, a cambio de plegarse políticamente: antes, los ciudadanos apoyaban al chavismo porque les regalaba comida; ahora tienen que obedecer al chavismo para que les vendan algo que comer. El chavismo evade responsabilidades arguyendo la existencia de una “guerra económica” y endilgando la pauperización del estilo de vida de los venezolanos a las sanciones internacionales. Incluso ha pretendido justificar la suspensión de pagos de la deuda con dicho discurso.

Igualmente, la crisis económica le ha permitido al Gobierno estimular veladamente la emigración de sectores opositores. Al llevar a los ciudadanos a condición de subsistencia, la obediencia política es la única forma de garantizar dicha subsistencia, lo cual resulta insoportable para importantes sectores opositores. Además, la diáspora venezolana implica la entrada de remesas que antes no eran parte de los ingresos internacionales de un Estado dependiente del petróleo. La crisis económica también ha desembocado en un actuar permisivo con las actividades ilegales: delincuencia, contrabando y narcotráfico. Las oportunidades que crea el chavismo hacen que los actores ilegales tengan un amplio espectro de acción, surgiendo un sinnúmero de mercados ilegales que comercializan hasta el puesto en una fila o cola. La situación puede continuar empeorando sin que ello signifique la salida del Gobierno. Las crisis económicas tumban gobiernos en democracia, pero en escenarios dictatoriales se convierten en instrumento de control.

* Politólogo, internacionalista y Mg. CP, profesor e investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario