Ventajas y desventajas de la securitización en el posconflicto

Entrevista con Ole Wæver, director del Centro para la Resolución de Conflictos Internacionales (CRIC) participa en el V Congreso de la Red Colombiana de Relaciones Internacionales en la Universidad del Rosario.

Ole Wæver, invitado a la V Conferencia de la Red de Relaciones Internacionales en la U. del Rosario. Archivo Particular

Ole Wæver es profesor de Relaciones Internacionales en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Copenhague, fundador del Centro para el Estudio Avanzado de la Teoría de la Seguridad (CAST), y director del Centro para la Resolución de Conflictos Internacionales (CRIC). Es uno de los principales arquitectos de la llamada Escuela de Copenhague en el estudio de la seguridad, que gira en torno al concepto de la securitización.  

Wæver es uno de los invitados al V Congreso de la Red Colombiana de Relaciones Internacionales en la Universidad del Rosario, en el que se discutirán los desafíos en seguridad del posconflicto colombiano, que será estudiado bajo los paralelos de otros escenarios mundiales como las guerras civiles en Libia, Siria, Somalia, Sudán del Sur y Yemen, múltiples formas de violencia política como el terrorismo yihadista, y la reevaluación de las misiones de paz de la ONU.

Usted es reconocido por desarrollar el concepto de la securitización y por su papel en la Escuela de Copenhague de los estudios de seguridad.  ¿Puede explicar qué significa la securitización y cuáles son sus implicaciones políticas?

La securitización es un concepto que describe todo aquello que ocurre cuando tratamos distintos asuntos como problemas de seguridad.   Atender cualquier reto desde un lente de seguridad constituye una forma particular de enfrentarlo.  Consiste en afirmar que X tema es una amenaza existencial para nosotros o para algo que valoramos y que como tal, tiene que ser combatido, con lo cual el Estado tiene el derecho de desconocer las limitaciones normales y de acudir a medidas extremas.  Un asunto determinado se securitiza cuando la audiencia relevante, por ejemplo, la ciudadanía, acepta que la amenaza justifica tales procedimientos.   El proceso de la securitización trae ventajas y desventajas.  La ventaja es que típicamente posibilita acciones rápidas y decisivas.  Sin embargo, como desventajas se destacan la pérdida del debate democrático y el riesgo del escalamiento, en el que las acciones estatales y militares pierden control ciudadano alguno.

Históricamente, la “seguridad” o la “seguridad nacional” se referían principalmente a las amenazas militares provenientes de otros Estados (o de actores violentos no estatales, en contextos de conflicto interno).  Sin embargo, durante los últimos 40 años se ha vuelto más común hablar, por ejemplo, de la seguridad ambiental, el terrorismo o la defensa de la identidad de algún grupo.  Enfrentamos un panorama inmenso de temas potenciales que pueden elevarse a la agenda de la seguridad, lo cual genera consecuencias significativas cuando éstos adquieren el status de amenazantes a la “sobreviviencia” que deben “combatirse necesariamente” y “por todos los medios necesarios”.

La principal ventaja política del concepto de la securitización es insistir que todo discurso que proclama que “X es una amenaza a la seguridad” debe tratarse, no como una proposición objetiva sobre la magnitud de la amenaza, sino en función de las ventajas y desventajas de adoptar la ruta de la seguridad, y del cómo se trasforman ciertos asuntos y cómo nos transformamos nosotros como sociedad en consecuencia.

¿Después de que termine un conflicto violento, cuáles son los principales desafíos que enfrentan los Estados y las sociedades en el ámbito de la seguridad?

La investigación académica sobre los desafíos del posconflicto dice mucho sobre la importancia del sector seguridad.  Más allá de la necesidad de analizar cuidadosamente cada caso en función de sus particularidades y necesidades específicas, la literatura señala tres factores centrales: (1) las instituciones del Estado debe fortalecerse con miras a estabilizar y reasegurar a todas las regiones de un país; (2) en el plazo medio, especialmente, es crucial que las instituciones de seguridad lleguen a verse como de todos, y no solamente de un lado del conflicto; esto es difícil pero constituye una tarea fundamental a la que todas las partes deben contribuir; y (3) en aquellos lugares en donde los garantores externos de un acuerdo de paz pueden jugar algún tipo de papel de árbitros, esto ayuda.

En mi conferencia en Bogotá, trataré de explicar cómo podemos adquirir una mejor comprensión del problema de la securitización a través de una reflexión sobre la relación entre las condiciones individuales de vida y la ansiedad acerca de determinados riesgos, por un lado, y la articulación política de éstos, por el otro.   Aunque la terminología suele ser confusa, cuando nos referimos a la reforma del sector seguridad en contextos de posconflicto, en buena medida nos estamos hablando de volver “normal”, “cotidiano” y “no problemático”, en lugar de “excepcional”, la relación entre la fuerza pública (policía y militares) y los ciudadanos, y los actores armados desmovilizados.   En buena medida, se trata de lo opuesto de la securitización, a sabiendas de que cuando el sector seguridad no atiende las necesidades de los ciudadanos, esto también es problemático.

¿Podría describir los riesgos que plantea la securitización para las transiciones hacia el posconflicto, como la que experimenta Colombia actualmente?

La securitización plantea múltiples riesgos en una situación de posconflicto, algunos obvios y corrientes, y otros más sutiles e importantes hacia adelante.  Entre los primeros se incluyen las preguntas relacionadas con el peligro de la re-escalación de un conflicto.  En el estudio de los “procesos de paz” entre Israel y Palestina, por ejemplo, ha sido claro de qué modo los spoiler (saboteadores) – típicamente los de línea dura en ambos lados – utilizan los argumentos de la seguridad para obstaculizar cualquier intento de negociación mediante la insistencia de que aquellos actores considerados una amenaza mortal están maquinando detrás de la paz y que no se debe confiar en ellos.   Es en tal tipo de situaciones que la comunidad más amplia en ambos lados del conflicto debe actuar para desarmar dicha securitización.

El segundo tipo de riesgo se relaciona con el uso de la securitización en nombre de la paz como tal, por ejemplo, mediante la designación de amenazas al proceso.  De nuevo, Palestina-Israel, y el Norte de Irlanda, ofrecen ejemplos en donde los “guardianes” de la paz reproducen el control social sobre sus propias comunidades y solidifican las estructuras y divisiones derivadas del conflicto, ahora en nombre del proceso de paz, y sus categorías y principios.  Un proceso de paz verdadero que evoluciona más allá de su composición original se torna posible solamente cuando se evita la securitización de la necesidad de derrotar a los “enemigos del proceso” (inclusive si lo son en la práctica).   Y si la securitización se invoca, debe ser solamente de forma colectiva, y frente al riesgo de que volvamos a ser nuevamente como éramos en nuestros tiempos más oscuros, en lugar de realizar nuestro potencial y convertirnos en una sociedad diferente.  Esta es la gran “meta-securitización” que ha sido empleada para convertir a la integración de Europa en un proyecto de paz también.

Ha argumentado que la resolución de los conflictos es mejor lograda a través de medios no militares.  ¿Existen ejemplos específicos que sustentan esta posición?

La resolución de conflictos mediante mecanismos no-violentos es particularmente efectiva antes del escalamiento, cuando puede re-canalizar aquellas energías que se habrían tornado violentas.  Un ejemplo a gran escala es la integración europea después de la Segunda Guerra Mundial, la cual se diseñó conscientemente con miras a evitar que Francia y Alemania se securitizaran mutuamente como amenaza.  La integracíon económica (del carbón y acero) eliminó las bases del miedo y reemplazó una agenda con otra, la cual eventualmente, reconstituyó las identidades para que volver a la guerra y el conflicto se tornara inimaginable.  Esto continuó después del fin de la Guerra Fría, en donde numerosos conflictos étnicos en Europa Central nunca llegaron a fruición dado el proceso de agrandamiento de la Unión Europea y la OTAN, las cuales recanalizaron las identidades y las energías en la región.  Este tipo de resolución de conflictos recibe menos atención que aquellos en donde hay violencia y esta termina.  Se trata de la resolución de un conflicto no-violento, el caso de un perro que no ladra, y de tomar nota de lo que no ocurrió (retorno a la guerra) y por qué.

Los ejemplos de conflictos más intensos que se terminan mediante medios no violentos incluyen, por supuesto, el papel de la mediación, como se conoce bien en Colombia a partir de los procesos anteriores que fracasaron y el que llevó finalmente al acuerdo de paz con las FARC.   Otro tipo de proceso que puede ayudar a terminar el conflicto violento es el de compartir el poder y los sistemas electorales, y en ese sentido, un ejemplo problemático es Líbano, que en medio de todas sus falencias, ha sorteado retos inmensos con la guerra civil en Siria al lado, y flujos enormes de refugiados. Sin embargo, sin dichos mecanismos, el conflicto se habría reencendido (y podría todavía regresar).

En Colombia, la profesionalización y modernización de las Fuerzas Armadas se le atribuye la razón principal por la que las FARC acordaron poner fin al conflicto armado mediante una negociación. Ahora que las FARC se han desmovilizado y dejado sus armas, cuál es el papel apropiado de los militares en el posconflicto?

Clamente, el papel de los militares es fundamental, y es importante la forma en que se me formula la pregunta.  Sin pretensión de cuestionar la historia de cómo llegamos a este punto, es importante reconocer que no existe linealidad alguna entre los factores que llevan a las partes a querer firmar un acuerdo de paz y después, los factores que garantizan que ese funcione.  Las dinámicas que llevan a un acuerdo tienen más que ver con las constelaciones racionales de opciones – quiénes tienen interés en seguir peleando o no, y cuándo se puede entonces llegar a un acuerdo – pero el proceso posterior se relaciona más con la eliminación de las condiciones que podrían causar una nueva ronda de conflicto, y a largo plazo, con la creación de una transformación societal lo suficientemente profunda que se cambien las categorías usadas para pensar sobre “nosotros”, “ellos” y el “Estado” (incluyendo el papel de la verdad y la reconciliación, las narrativas históricas y mucho más).  Uno de los desafíos aquí es que el mismo papel de los militares en la finalización del conflicto puede estorbar el tránsito hacia la siguiente etapa, ya que ninguna sociedad es verdaderamente estable si los militares son demasiado visibles  -- las Fuerzas Militares también tienen que transitar hacia un lugar menos protagónico.  Afortunadamente esto se contempla dentro de la trayectoria de la profesionalización.  Un ethos militar profesionalizado incluye exigencias fuertes sobre la relación con lo político y con la sociedad.  La misión consiste en alejarse crecientemente del conflicto y convertirse en una condición estructural subyacente de paz y estabilidad.

¿Cómo pueden los tomadores de decisión, practicantes y académicos trabajar juntos hacia la meta común de la construcción de la paz?

En relación con los conflictos, muchas veces necesitamos una triada: primero, aquellos con una experticia concreta y profunda sobre los temas y las partes involucradas; segundo, expertos en conflicto como tal; y tercero, practicantes de todo tipo.  En Europa, se afirma frecuentemente que hemos cometido grandes errores, como la intervención en Libia, dada la incapacidad de escuchar a los expertos sobre la sociedad libia; pero también hizo falta una comprensión adecuada acerca del desarrollo y la transformación de los conflictos.  Los expertos “sustanciales” sobre grupos o temas particulares asociados al conflicto subestiman muchas veces la posibilidad de que una situación se transforme totalmente cuando las dinámicas del conflicto se tornan autorreforzantes.  Muchos expertos sobre Yugoslavia o Siria no anticiparon la aparición de guerras civiles allí, ya que pese a conocer las comunidades locales, estas no parecían dadas al conflicto.  Sin embargo, esto es en quienes se convirtieron cuando el conflicto se volvió una dinámica autorreforzante. A su vez, se necesitan practicantes (practitioners) en un sentido amplio, no solo “tomadores de decisión oficiales”, sino todos aquellos actores involucrados en terreno y que interactúan a diario con las partes de un conflicto.  Estos, sean orientados a temas sociales, humanitarios o derechos humanos, toman decisiones que afectan los conflictos, y los expertos y practicantes deben desarrollar de manera conjunta las hojas de ruta acerca de cómo entender las dinámicas del conflicto.

Uno de los retos relacionados con la experticia es que muchas teorías y aproximaciones distintas pretenden “conocer” el mismo campo.  Para los tomadores oficiales de decisión que desean eludir su responsabilidad, es fácil escuchar (y financiar) solamente a tipos preferidos de expertos y de conocimiento.  Esto hace que los académicos tengamos la obligación de poner sobre la mesa la existencia de escuelas divergentes de investigación que permitan adquirir un retrato más comprehensivo de los problemas que el mundo político no puede simplemente ignorar.  Así, a los tomadores de decisión se les puede ejercer mayor presión para que escuchen incluso consejos no bienvenidos (con excepción, por supuesto, de aquellos que quieren acogerse totalmente a la pos-verdad y anti-ciencia).   En años recientes, la comunidad académica se ha concientizado acerca de la obligación de comunicar el estado de nuestra ciencia en formatos relevantes, con miras a invitar a los practicantes a tomar en serio el conocimiento experto, aun cuando éste produzca rechazo e incomodidad.