Viktor Orban, el nuevo amigo de Donald Trump

El gobierno de Obama en su mayoría marginó a Orban, evitando contactos bilaterales de alto nivel como castigo por sus tendencias autoritarias progresivas. Ahora, el gobierno de Trump está dando un giro radical, que señala un nuevo compromiso con Hungría, así como con la cercana Polonia.

AFP

En la Hungría rural, el primer ministro Viktor Orban domina el paisaje mediático. Sus aliados controlan los principales periódicos regionales, que brindan cobertura de apoyo a la agenda antinmigrante de Orban y su erosión metódica de los pesos y contrapesos democráticos del país. Los medios independientes y críticos son casi inexistentes.

No obstante, en noviembre pasado, parecía que todo eso cambiaría, aunque fuera un poco, ya que el Departamento de Estado de Estados Unidos anunció un subsidio de 700.000 dólares para fomentar los medios de comunicación independientes en las zonas rurales de Hungría. Para el Departamento de Estado, el subsidio continuaría un prolongado esfuerzo de Estados Unidos para promover la libre expresión. Para el gobierno de Orban, fue otra provocación de Estados Unidos, un país que había tratado al primer ministro como un paria desde 2012.

Se identificó a los finalistas que recibirían el subsidio. Sin embargo, de manera inesperada, la selección de los beneficiarios fue diferida en julio, y el Departamento de Estado anunció que el dinero podría usarse en otras partes de Europa.

“Una enorme victoria”, declaró Andras Simonyi, el exrepresentante de Orban en la OTAN y después embajador de Hungría en Washington. “Esto envía un mensaje de que Hungría está bien, de que Hungría es una democracia”.

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Durante años, el gobierno de Orban ha anhelado contar con la validación de Washington, y para ello ha gastado millones de dólares en cabildeo, principalmente en vano. El gobierno de Obama en su mayoría marginó a Orban, evitando contactos bilaterales de alto nivel como castigo por sus tendencias autoritarias progresivas. Los diplomáticos estadounidenses, al igual que el mismo presidente Barack Obama, criticaron las medidas enérgicas de Orban contra la sociedad civil.

No obstante, ahora el gobierno de Trump está dando un giro radical, que señala un nuevo compromiso con Hungría, así como con la cercana Polonia. El cambio ha alarmado a muchos defensores de la democracia y el Estado de derecho, incluso mientras otros argumentan que la estrategia de Obama de tratar de aislar a Orban no tuvo éxito y creó aperturas para la influencia china y rusa.

El presidente Donald Trump no ha ocultado su simpatía por los líderes autócratas, aunque sus halagos muchas veces no han estado en sintonía con las políticas de su gobierno. Al menos en lo que respecta a Orban, la política estadounidense parece estar siguiendo el ejemplo de Trump.

“El presidente Trump piensa que es un líder muy fuerte”, dijo en una entrevista David B. Cornstein, amigo de toda la vida de Trump que se convirtió en embajador de Budapest en junio. “Y nuestro presidente admira a los líderes fuertes y espera que esta relación mejore”.

Para algunos diplomáticos y analistas europeos, el cambio radical de Trump en Hungría profundiza su creencia de que su gobierno está tratando de dividir a la Unión Europea, un bloque al que considera un poderoso competidor comercial. Con frecuencia, el presidente estadounidense ha criticado a la Unión, incluso ha dicho que es una “enemiga” comercial, mientras que alaba las fuerzas insurgentes y populistas del continente europeo. Su exasesor principal Steve Bannon está tratando de crear una alianza de políticos de extrema derecha a lo largo de Europa antes de las elecciones del Parlamento Europeo del año próximo y su nuevo embajador de Alemania, Richard A. Grenell, ha dicho que espera empoderar a las fuerzas conservadoras en todo el continente.

“Creo que están usando a Hungría como usan a otros países de Europa con liderazgos nacionalistas: para dividir a la Unión Europea”, manifestó Jiri Pehe, quien fue jefe de gabinete del presidente checo Vaclav Havel en la década de 1990. “Está bien que estén poniendo esta fachada en Washington en relación con su apertura con Hungría, diciendo que es un esfuerzo para mantener a Hungría en la alianza del Atlántico, pero esto definitivamente no contribuye a que Hungría se vuelva más euroatlántica”.

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“Esto legitima la influencia rusa en Hungría”, agregó Pehe, quien ahora es director del campus de la Universidad de Nueva York en Praga.

Orban, con un programa para construir lo que llama una “democracia intolerante”, es el líder populista con mayor influencia de Europa; ha cultivado vínculos con el presidente ruso Vladimir Putin, también ha hecho un llamado a una “revolución contracultural” dentro de la Unión Europea, y se ha autonombrado el protector de la identidad cristiana de Europa. Sus críticos argumentan que ha socavado los pesos y contrapesos del país, manipulado el mapa electoral y puesto al poder judicial en manos de uno de sus amigos más antiguos.

Esta es la razón por la cual Orban batalló para tener influencia en Washington durante los años del gobierno de Obama, a pesar de hacer un esfuerzo auténtico. Su gobierno donó millones de dólares a decenas de grupos de investigación, fundaciones culturales, fondos para becas y cabilderos estadounidenses, la mayoría de los cuales canalizó a través de la Fundación de Iniciativas Húngaras, que está registrada como una empresa en Delaware pero es propiedad, según las leyes húngaras, de la oficina de Orban.

Trump, por supuesto, ha criticado fuertemente a los medios estadounidenses, diciendo que los periodistas son “los enemigos del pueblo”. Además, las presiones a los medios independientes en Hungría están bien documentadas: poco después de que se difirió el subsidio estadounidense, una revista que criticaba a Orban, Heti Valasz, anunció su cierre. Un aliado de Orban asumió el control del canal de televisión privado HirTV.

“No creo que se pueda separar esta decisión política de un gobierno que claramente ha minimizado el apoyo a los derechos humanos y las instituciones democráticas en el extranjero”, dijo Robert G. Berschinski, quien fue subsecretario de Estado para la democracia y los derechos humanos de 2016 a 2017. “Este gobierno sencillamente no está dando prioridad a esos temas”.

“Tanto Trump como funcionarios clave del Departamento de Estado parecen dispuestos a tolerar el abandono del gobierno húngaro de la democracia liberal, aunque sea por motivos ligeramente distintos”, agregó.

No obstante, otros están en desacuerdo, incluyendo a algunos críticos de Orban y Trump. Debido a que las tácticas agresivas de Obama no lograron controlar a Orban, valía la pena intentar una estrategia más quietista, manifestó Simonyi, el exembajador húngaro en Washington.

“Quiero ver a Estados Unidos hacer un esfuerzo auténtico por mantener a estos tipos en nuestra órbita occidental”, dijo. Tal vez no nos guste, a muchos de mis amigos liberales en Budapest tal vez no les guste, pero se tiene que hacer”.

“Hablar con este tipo es en beneficio de los intereses occidentales”, continuó.

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Desde que se convirtió en embajador de Budapest en junio, Cornstein ha defendido la Universidad Centroeuropea, una institución estadounidense en la ciudad que Orban ha tratado de cerrar debido a sus conexiones con George Soros, el financiero y filántropo húngaro-estadounidense a quien Orban ha retratado como el enemigo del Estado húngaro. Cornstein prometió en una entrevista pronunciarse duramente en privado si personalmente llegaba a la conclusión de que el gobierno de Orban era una amenaza al Estado de derecho.

“Si ves algo que no es democrático, algo que está dañando al gobierno y el pueblo de Hungría, debes decir algo al respecto”, dijo. “Pero hay que hacerlo en privado. No emites esa opinión primero frente a los medios”.

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Patrick Kingsley - The New York Times

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