Tras la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski

Vizcarra y su misión de pasar la página en Perú

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El primer vicepresidente asumió el puesto que dejó PPK tras presentar hace unos días su renuncia al Congreso acosado por varios escándalos. El reto principal del nuevo mandatario es devolver la confianza a los peruanos.

Hace cinco meses, Martín Vizcarra salió de Perú para asumir, siendo todavía vicepresidente, el puesto de embajador en Canadá. Ayer, el destino y un nuevo escándalo de corrupción lo pusieron de regreso en su tierra para responder por el puesto que dejó Pedro Pablo Kuczynski al presentar su renuncia esta semana. Tras jurar como nuevo presidente constitucional de la República, Vizcarra reveló su primera decisión: la renovación de todo su gabinete. “En unos días, cuando estará constituido el nuevo gabinete, que será completamente nuevo, él o la presidenta del consejo de ministros darán detalles de la política que estableceremos”, dijo.

El nuevo mandatario de los peruanos arranca con la difícil tarea de sortear la crisis en la que Kuczynski dejó sumido a Perú y el pulso político que hay entre quienes quieren que permanezca en el poder y quienes no.

Desde que Kuczynski pasó al Congreso su carta de renuncia, el miércoles 21 de marzo, Perú quedó sumido en la incertidumbre sobre su futuro político. Su único salvavidas durante estos días fue aferrarse a las especulaciones de la gran mayoría de medios nacionales que decían, entre otras cosas, que el Congreso no permitiría que el mandatario se fuera así no más, teniendo en cuenta las múltiples salpicaduras de escándalos de corrupción desde que asumió la Presidencia en 2016. Sin embargo, con 105 votos a favor, quedó aceptado el recurso de Kuczynski, quien parece que logrará ponerle fin a su mandato sin una sanción moral. La Fiscalía ya le abrió investigación.

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Desde su elección, PPK no paró de defenderse con cada escándalo que se le atravesaba en el camino. Tras haber perdido a 14 ministros en los primeros 14 meses de su mandato, en buena parte por presión del fujimorismo, el Congreso votó el pasado diciembre su “destitución por incapacidad moral”. En ese momento, Kuczynski se salvó gracias a una inusual complicidad con algunos miembros de Fuerza Popular, el principal partido de oposición, dominado por el fujimorismo.

A pesar de los conflictos de intereses que tenía con la constructora Odebrecht, que repartió cuantiosas sumas de dinero a cambio de contratos en varios países de Latinoamérica, PPK salvó su gobierno.

Pero no por mucho tiempo. Tres meses después, el fujimorismo, en cabeza de Keiko Fujimori, le dio la estocada final a su gobierno. Una serie de videos, grabados de forma secreta por un legislador fujimorista, en los que se ve a Kenji Fujimori (hermano de Keiko) y a otros legisladores enumerando supuestos ofrecimientos para votar en contra de la vacancia presidencial, aumentó la presión sobre Kuczynski.

Al igual que en diciembre, cuando se negó a aceptar su falta de ética por celebrar contratos con Odebrecht, esta vez PPK tampoco aceptó su falta. Kuczynski negó los hechos y presentó su renuncia para “no ser un escollo para el país”. Además señaló que los videos fueron editados y remató afirmando su “compromiso con un Perú honesto, moral y justo para todos”.

Cuando llegaron los rumores sobre los planes del Congreso de rechazar su renuncia y destituirlo por “traición a la patria”, PPK amenazó, a través de su cuenta de Twitter, con retirar el recurso y defender una causa por la vía legal.

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Como decía un editorial del periódico El Comercio, “de nuevo la insoportable levedad de Kuczynski”, quien nunca pensó en lo que era mejor para el país. El Congreso finalmente cedió y, horas antes de posesionar a Vizcarra, aceptó la renuncio con la intención de comenzar la transición más urgente de los últimos años en el país.

Verónika Mendoza, legisladora y excandidata presidencial, le aseguró a este diario que la renuncia de PPK era más que un tema procedimental: “Más allá del tema procedimental, que establece que la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski es causal de destitución, es muy importante que quede claro que no se va porque es una víctima, como lo planteó en su mensaje de renuncia, en el que no pidió perdón ni aceptó sus culpas. PPK se va por corrupto y por inmoral. Ese es el fondo del asunto. No se trata de dar vuelta a la página y pretender que nada pasó y permitir que todo siga igual. Esta es una oportunidad histórica para cambiar las reglas de juego, para que no se repita el mismo escenario de corrupción, no sólo para Perú sino para la región”.

Perú espera que Vizcarra marque el camino para pasar el trago amargo que dejó Kuczynski y sepa manejar las tensiones políticas con el fujimorismo, que sigue siendo una sombra que se cierne sobre el país.

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