Coronavirus y los conflictos actuales

Yemen: un lustro de olvido

En plena pandemia de coronavirus, el mundo se paraliza, pero no las guerras que ahora pueden caer en el olvido total. Hace cinco años estalló la guerra en Yemen, cuyas cifras son alarmantes.

Esta foto de diciembre de 2019 muestra a un artista yemení sobre las ruinas de un edificio colapsado. La destrucción que ha dejado la guerra en este país es inmensa. Ya son cinco años.AFP

El mundo se paraliza con la dura realidad que plantea el coronavirus (COVID-19). Los medios de comunicación informan a diario el aumento de muertes y casos de contagio en países como Italia y España. Una gran muestra de solidaridad atraviesa todo el planeta entre los diferentes pueblos en este coyuntura, llamando a la prevención y ayuda mutua. Sin embargo, ¿por qué nadie se alarma cuando en Yemen cada 10 minutos fallece un niño menor de cinco años de enfermedades que se podrían curar?.

La información la da la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios y la Organización Mundial de la Salud. La guerra en Yemen, que involucra a diferentes actores, cumple cinco años y sus cifras son alarmantes. Más de 12.000 muertos (de ellos, 1.400 niños y niñas) y la cifra de heridos supera los 40.000 (2.140 niños y niñas). Hay más de 2 millones de desplazados internos, 14 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria, 8 millones al borde de la hambruna y 2.2 millones de niños y niñas están en estado de malnutrición. La pandemia del COVID-19 profundizará la crisis en uno de los países más pobres de Oriente Medio.

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A diferencia del coronavirus, la guerra en Yemen es producto y responsabilidad del ser humano y no de la “mala fortuna” o la naturaleza. Nadie en la “comunidad internacional” siente la necesidad de ayudar al pueblo yemení. Los Estados y los medios de comunicación no se escandalizan cuando la coalición liderada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos bombardea desde hace cinco años a colegios, mercados, hospitales, puntos de agua y de sanidad y demás infraestructura de salud. 2/3 de los daños a la infraestructura pública son consecuencia de los bombardeos (en total se reportan alrededor de 345 ataques, 120 a instalaciones médicas según un nuevo informe). Lo compleja que es la situación se resume en la reflexión de Kristine Beckerle, directora legal de la organización yemení Mwatana for Human Rights: “el punto es: llegas a un hospital, ¿pero tiene electricidad?”.

La coalición mantiene un bloqueo inhumano por tierra, mar y aire lo que deteriora notablemente el sistema de salud en Yemen. A raíz de esto, más de 200.000 pacientes no pueden buscar tratamiento especializado para sus enfermedades en el exterior. El ingreso y distribución de los medicamentos esenciales es tortuoso y difícil. Y a ello hay que agregar que 1.2 millones de funcionarios públicos, como enfermeras, doctores y profesores no reciben sus salarios de manera regular.

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En Colombia en esta coyuntura debemos lavarnos las manos cada tres horas aproximadamente. En Yemen, 16 millones de personas no tienen acceso al agua potable y saneamiento. En muchas regiones del país, cuyas condiciones higiénicas y sanitarias son precarias, aparecen enfermedades como el cólera que desde 2017 azota a la población (en ese año llegó a más de 1 millón de casos y cobró la vida de más de 2.500 personas). Solamente a inicios de 2020 se identificaron más de 56.000 casos sospechosos y aunque medianamente se pudo controlar, las organizaciones especializadas sostienen que habrá un aumento en los próximos años. No olvidemos que restringir el acceso al agua es un instrumento de guerra.

Lo anterior me hace reflexionar acerca de otros escenarios en Oriente Medio. Irán, por ejemplo, está dentro de los países con más casos detectados y muertes por coronavirus. Sorprende que el sentimiento de solidaridad global que impera por estos días no se extienda a Irán, quien pide a gritos a Estados Unidos levantar las sanciones económicas, al menos temporalmente, para hacer frente a la crisis. Ello se vuelve fundamental, si se tiene en cuenta que el real perjudicado de este bloqueo es el pueblo iraní (y no solamente el gobierno). El desabastecimiento de medicamentos y demás equipamiento médico especializado es un tema urgente por resolver.

La realidad de Yemen durante estos cinco años no está lejos de la franja de Gaza (bloqueada desde 2007) y de toda Palestina; de Siria (en guerra desde 2011 pero que poco a poco va superando su fase crítica); de Libia (donde la crisis ha llevado a nuevos casos de esclavitud moderna y tráfico de seres humanos), de partes de Cachemira (por estos días bajo control militar del gobierno indio) y de escenarios como los campamentos de refugiados en el Sáhara Occidental y en todo el mundo. De allí a que la imagen que circula por estos días en redes sea bastante atinada: “Querido mundo: ¿qué se siente estar en cuarentena? Atentamente Gaza, Siria, Yemen, entre otros.”

Que esta sea una oportunidad para que después de que superemos esta fase crítica a causa del COVID-19, reflexionemos como humanidad, podamos ser más solidarios y conscientes de otras realidades en el mundo invisiblizadas durante años y que desde hace mucho tiempo sufren de males iguales o peores al coronavirus. Las palabras del secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, no pueden ser más oportunas: "La agresividad del virus ilustra la locura de la guerra. Por eso, hoy pido un alto al fuego mundial inmediato en todos los rincones del mundo. Es hora de “poner en encierro” los conflictos armados, suspenderlos y centrarnos juntos en la verdadera lucha de nuestras vidas".

Universidad Externado de Colombia

#QuédateEnCasa

 

 

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2020-03-25T06:30:06-05:00

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2020-03-25T08:11:34-05:00

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Felipe Medina Gutiérrez

El Mundo

Yemen: un lustro de olvido

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