1984: el clásico literario que describe el aire político actual de Estados Unidos

La novela de George Orwell subió al número uno en ventas después de que el gobierno de Trump se refiriera a los “hechos alternativos”.

Una copia de “1984” en los estantes de The Last Bookstore en Los Ángeles, California.
Una copia de “1984” en los estantes de The Last Bookstore en Los Ángeles, California.AFP

En sus definiciones sobre qué significa un libro clásico, Italo Calvino anotó: “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”. Una de las novelas de George Orwell, 1984, cabe en la definición sin esfuerzo: fue publicada en 1949, apenas cuatro años después del término de la Segunda Guerra Mundial, como una suerte de estudio del futuro, una distopía, que era también una descripción del pasado reciente. En 1984 hay un Gran Hermano, un Estado omnipotente y omnipresente para el cual la verdad es un objeto maleable y la historia es proclive a la metamorfosis.

Para ese Estado, los hechos son modificables al gusto de quien detenta el poder. Es la misma premisa de fondo que utilizó Kellyanne Conway, consejera de Donald Trump, para referirse al número de personas que habían asistido a la inauguración del mandatario. El jefe de prensa de Trump aseguró que la asistencia a la inauguración había sido “la más grande que jamás se había visto”, a pesar de que numerosas fotografías aéreas demostraban lo contrario. Para Conway, existen “hechos alternativos” (como la presunción lanzada por el jefe de prensa) que confrontan a la verdad de peso, aquella que requiere de pruebas para sustentarse. Su insistencia en estos “hechos” (que son, por supuesto, mentiras) produjo un efecto curioso: 1984 llegó al número uno de los más vendidos en Amazon. (Lea: Se disparan las ventas del libro "1984" de George Orwell en EE. UU.)

La distopía de Orwell parece precisa para descubrir los tiempos actuales (y por ello es un clásico, diría Calvino): las noticias falsas en las redes reemplazan la verificación y las pruebas; Trump dice que no apoyó la guerra en Irak, pero sí; su gabinete niega la existencia del cambio climático. En una carta, Orwell escribió sobre “los horrores del nacionalismo emocional y la tendencia a descreer de la existencia de una verdad objetiva porque todos los hechos tienen que ajustarse a las palabras y las profecías de algún führer infalible”.

En ese sentido, 1984 es un clásico que todavía habla. No es el único. Esta semana también se dispararon las ventas de Los orígenes del totalitarismo, de Hannah Arendt, que recoge los hechos (esos sí verificables y reales: hechos con base) y las circunstancias que llevaron al despegue de los nazis y el asesinato múltiple de judíos. En 2008, a causa de la crisis económica, uno de los libros más comprados fue El capital de Karl Marx. Entre enero y octubre de ese año se habían vendido 1.500 ejemplares. “Incluso los banqueros y los directores están leyendo El capital ahora para intentar entender lo que han estado haciéndonos”, dijo por entonces Joern Schuetrumpf, director ejecutivo de la editorial Karl-Dietz-Verlag. Desde el año pasado, otro de los libros más adquiridos (y eso también habla de nuestro tiempo) ha sido Mi lucha, de Adolf Hitler: en 2016 se vendieron 85.000 ejemplares de su edición crítica (seis ediciones en total), que contiene notas y observaciones sobre el trasfondo de las afirmaciones hitlerianas. El contexto resulta esencial: los grupos que descreen de Europa abundan en Francia, Italia y Alemania.

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2017-01-27T22:00:00-05:00

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Redacción Internacional

El Mundo

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