Las abuelas sabemos esperar

La política de terror usada por las Fuerzas Armadas de Argentina durante la dictadura militar de 1976, nos hizo conocer a las Abuelas de Plaza de Mayo el significado de la palabra paciencia.

Estela de Carlotto sigue buscandp a su nieto Guido, quien salió vivo del centro de maternidad donde nació y hoy tiene 35 años.
Estela de Carlotto sigue buscandp a su nieto Guido, quien salió vivo del centro de maternidad donde nació y hoy tiene 35 años.

Más de 3.000 personas fueron “desaparecidas” entonces. Personas de todas las edades y condiciones sociales, que fueron sometidas a torturas indescriptibles. Y entre ellas, centenares de criaturas secuestradas con sus padres, o nacidas en los centros clandestinos de detención a donde eran conducidas las jóvenes embarazadas.

A mi hija Laura la secuestraron en 1977 estando embarazada. La asesinaron el 25 de agosto de ese año, dos meses después de dar a luz. Yo no sabía que había tenido su bebé y me mandaron a llamar para entregarme su cadáver. Mi nieto, Guido, salió vivo del centro de maternidad clandestino donde nació. Hoy tiene 35 años y lo sigo buscando. Lo sigo esperando, con infinita paciencia.

Guardo para él recuerdos de esta lucha. Remeras de cada uno de los congresos internacionales y conferencias a las que he asistido, prendedores, recuerdos de los lugares que visito. También el ajuar que tejí para él cuando era un bebé. Quiero entregarle todo mirándolo a los ojos y llamarlo por su nombre: Guido.

Muchas veces he creído encontrarlo, sin éxito. Trabajo incansablemente buscando a cualquiera de los más de 400 nietos que aún hoy siguen sin conocer su verdadera identidad. Si yo no llegara a encontrar a Guido, me quedarían ellos, los nietos de las demás abuelas, los más de 100 que hemos ayudado a recuperar, los que seguiremos recuperando, que también son míos.

Cuando comenzamos con la organización de Abuelas, los militares decían: “¡Déjenlas a esas lloronas viejas locas!, ya se van a cansar...”. Si hubieran adivinado que íbamos a persistir para siempre nos hubiesen secuestrado en mayor número. Lo quisieron hacer con las Madres cuando secuestraron –y asesinaron– a Azucena Villaflor, que era la líder por excelencia. Pero persistimos, aguantamos, esperamos.

Los 107 nietos que ya hemos encontrado están junto a nosotros, son los que nos ayudan a seguir, nos alientan, nos alegran y nos llenan la vida. Son los nietos que hoy ocupan algunos lugares de poder político y que seguro van a hacer cumplimiento de muchos de los sueños que tuvieron sus padres, de inclusión y justicia social. Les dejamos un país en el que pueden pensar, ser militantes políticos y decir lo que sienten, sin por eso correr peligro de muerte, un país en el que pueden expresar sus sentimientos claramente. Esta juventud es para las Abuelas la esperanza del presente y el futuro, ellos son nuestra garantía de que esta historia va a continuar el día en que no estemos.

Seguiremos buscando a nuestros nietos. Las Abuelas de Plaza de Mayo hemos tenido la paciencia de esperar más de 35 años. Trabajamos por nuestros nietos –hoy hombres y mujeres–, por nuestros bisnietos –que también ven violado su derecho a la identidad–, y por todos los niños de las futuras generaciones, para preservar sus raíces y su historia, pilares fundamentales de toda identidad.

 

 

**Estela de Carlotto, Presidenta abuelas Plaza de Mayo