¿Abuso de la libertad de expresión?

La nueva portada de ‘Charlie Hebdo’ despertó rechazo en países como Turquía, Afganistán y Egipto, donde es considerada un insulto que podría generar más violencia.

Monpellier, Francia. El último número de Charlie Hebdo se agotó ayer en todo el país. /AFP

Charlie Hebdo, el semanario francés cuya redacción fue masacrada la semana pasada, publicó una nueva edición que lleva en su portada al profeta Mahoma llorando y con una pancarta que dice “Yo soy Charlie”. Mientras unos aplauden la publicación y reiteran que el derecho a la libertad de expresión y el pluralismo no deben ceder ante el fundamentalismo, otros la interpretan como un “insulto” provocador contra los musulmanes .

La sátira, por provocadora que sea y por más inconformidad que pueda generar, está protegida por la libertad de expresión, un derecho humano considerado fundamental para la democracia en Occidente. Por eso, los estados deben garantizar a los periodistas el derecho a publicarla. Siguiendo estos estándares, la justicia en Francia (en 2007, tras una denuncia interpuesta contra Charlie Hebdo), Dinamarca y Reino Unido se ha negado a considerar la publicación de ataques contra las religiones como un delito, a pesar de la presión de algunos sectores musulmanes.

La autocensura después del atentado a Charlie Hebdo implicaría abdicar a valores (pluralismo, democracia, DD.HH.) de Occidente y otorgarle al fundamentalismo una victoria. Aun así, muchos medios se abstuvieron de reproducir las caricaturas y la portada del semanario, argumentando que es su responsabilidad protegerse ante posibles represalias.

Otros optaron por publicar las imágenes. Entre ellos el diario El País, que en su editorial dice: “Somos Charlie, no porque nos gusten necesariamente su línea de humor ni los contenidos que publica, sino porque su existencia pone a prueba la forma de entender las sociedades abiertas. De ningún modo aceptamos que se nos intimide con violencia, ni que se invoque para ello una visión fundamentalista de la religión musulmana”.

La publicación de contenidos que puedan ser ofensivos para las religiones implica riesgos de represalias, especialmente donde el fundamentalismo está a la vuelta de la esquina. En Francia, las agencias de inteligencia aseguran que crecen las redes yihadistas y el número de militantes de grupos fundamentalistas que llegan desde Siria e Irak. El país tiene el desafío de proteger la libertad de expresión y garantizar al mismo tiempo la seguridad de sus ciudadanos.

En estados musulmanes o de mayoría musulmana, la libertad de expresión tiene más restricciones que en Occidente, sobre todo cuando se trata de religión. El islam prohíbe representar mediante imágenes a Dios y su profeta, Mahoma. La crítica a las autoridades religiosas es reprimida en muchas de estas sociedades. Los sectores más radicales, apegados a estas prohibiciones, estallan cuando se ofende su fe.

Esto podría explicar algunas reacciones ante la nueva edición de Charlie Hebdo. Un ejemplo interesante es Turquía, un país de mayoría musulmana que ha pretendido insertarse en la Unión Europea. Allí, un tribunal prohibió difundir la portada e impidió el acceso a medios digitales que la publiquen. “La libertad de expresión no autoriza a decir todo lo que uno quiera”, argumentó el tribunal, para el que las publicaciones que denigren los valores religiosos y al profeta son un insulto a los creyentes. La policía turca bloqueó el reparto del diario Cumhuriyet, que reprodujo cuatro páginas de caricaturas de Charlie Hebdo, para asegurarse de que no figurara la portada. Un operativo que, según el Partido Republicano del Pueblo, no contó con orden judicial y vulneró la Constitución, que prohíbe la censura previa de la prensa.

En Afganistán, la cámara baja de la Asamblea Nacional pidió evitar la blasfemia al amparo de la libertad de expresión. “Queremos que líderes de Occidente eviten la publicación de materiales blasfemos, particularmente de caricaturas del profeta Mahoma”, agregaron los diputados. Añadieron que el islam “respeta todos los derechos fundamentales y sociales” de quienes no lo profesan y “espera lo mismo de otra religión”.

Irán, el país del islam chiita, calificó de insultante la portada, “que estimulará el sentimiento de los musulmanes del mundo”, según la portavoz de la Cancillería, Marzie Afjam, quien reiteró que “el abuso de la libertad de expresión en Occidente no es aceptable y debe prevenirse”, y que “muchos pueblos están pagando por las erróneas políticas de Occidente”.

El Estado Islámico, la organización de fundamentalistas sunníes que controla regiones de Siria e Irak, consideró “extremadamente estúpida” la publicación de nuevas caricaturas de Mahoma y añadió que “este diario ateo intenta hoy rentabilizar los acontecimientos para sacar un provecho material vendiendo un número que insulta al profeta”.

 

 

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