Abuso policial, ¿una constante?

El Departamento de Justicia estadounidense investigará si los uniformados de esa ciudad participan en prácticas continuas de discriminación.

Manifestaciones contra la policía en las calles de Baltimore. /AFP
La muerte de Freddie Gray, un joven negro de 25 años que falleció a causa de múltiples fracturas, al parecer sufridas durante un arresto, destapó una serie de casos de abusos policiales sufridos por la población afroamericana en Baltimore (EE.UU.).
 
Este hecho, sin embargo, no es aislado. Ocurrió tras una serie de muertes de hombres negros desarmados, en su mayoría, a manos de policías blancos. Cuando Freddie Gray murió, explican sus abogados a la prensa, su columna estaba seccionada a la altura de las cervicales.
 
Y esta vez, contrario a lo que pasó con el joven muerto a manos de un policía en Ferguson (Misuri), hay varios videos que pusieron en evidencia la reprobable conducta, por decir lo menos, de los policías durante el arresto. Esas imágenes, grabadas por transeúntes, muestran cómo la policía puso de forma violenta contra el piso al joven, que gritaba de dolor, antes de subirlo a un furgón policial y llevárselo.
 
Los responsables policiales, según reportes del Baltimore Sun, reconocieron que el cinturón de seguridad del joven no estaba abrochado dentro del furgón, que hizo tres paradas inexplicables durante su camino hacia la estación de policía. Seis policías han sido acusados en relación con el arresto y la muerte de Gray. Este caso despertó una ola de protestas y denuncias en contra de los uniformados de esa ciudad, que provocaron que el Departamento de Justicia de Estados Unidos abriera una investigación para determinar si la policía de Baltimore participa en prácticas sistemáticas de discriminación.
 
“La investigación se centrará en denuncias de uso excesivo de la fuerza, a veces letal, requisas, decomisos, arrestos ilegales y prácticas de discriminación por parte de los uniformados de Baltimore”, explicó la ministra de Justicia, Loretta Lynch, quien agregó: “Nuestra meta es trabajar con la comunidad, los funcionarios públicos y funcionarios de la ley para crear un Baltimore mejor y más fuerte”.
 
Según Lynch, los problemas van “más allá de la interacción entre la policía y la comunidad y radican en la acumulación de años de desconfianza, frustración y rabia. Hablamos de generaciones de desconfianza y generaciones de comunidades que se sienten totalmente separadas del Gobierno”, añadió.
 
Una investigación realizada por el periódico Baltimore Sun en 2014 reveló lo que, al parecer, es una conducta “normal” de la policía de esa ciudad. Según el informe, la ciudad ha pagado US$5,7 millones a las víctimas de brutalidad policial entre 2011 y 2014.
 
“Y aunque esta cifra es muy alta, el dato más asombroso es que durante los últimos cuatro años más de cien personas han ganado en la corte o han llegado a acuerdos en relación con denuncias de violaciones de brutalidad y de los derechos civiles”, explicó la revista The Atlantic, que retomó la investigación de The Baltimore Sun.
 
Señala el informe que las víctimas incluyen niños de 15 años en bicicleta, una mujer de 26 años embarazada testigo de una paliza, una mujer de 50 años que vendía una rifa en la puerta de una iglesia, un diácono de una iglesia que fumaba un cigarrillo y una mujer de 87 que ayudaba a su nieto herido. “Todos esos casos detallan un costo humano espantoso. Hay oficiales que han maltratado a docenas de residentes que sufrieron fracturas de huesos (mandíbulas, narices, brazos, piernas, tobillos, traumatismo craneal, insuficiencia orgánica e incluso muerte) durante arrestos cuestionables”, agrega el informe.
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