Acuerdo nuclear iraní, en detrimento de los intereses del Golfo Pérsico

Los Estados del Golfo Pérsico esperan que el acuerdo disipe sus temores respecto al régimen iraní y preserve la seguridad y estabilidad en la región.

El acuerdo nuclear entre Irán y el Grupo 5+1, logrado tras diálogos maratonianos, provoca escepticismo entre los Estados del Golfo Pérsico, de tendencia suní, donde se percibe como preocupante y contrario a los intereses de sus monarquías.

Todo depende de las interpretaciones ideológicas que se hagan de este acuerdo histórico con Irán (máximo exponente del chiísmo), pero la sensación general que se respira entre los países árabes del Golfo es de preocupación ante un acercamiento aparente entre Irán -enemigo histórico de los suníes- y EEUU, habitual aliado de Arabia Saudí, la gran potencia petrolera.

En un comunicado, los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG, integrado por Arabia Saudí, Bahrein, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Omán) mostraron hoy su esperanza de que ese acuerdo disipe sus temores respecto al régimen iraní y preserve la seguridad y estabilidad en la región.

El escritor y analista Ahmed al Bakri, en una conversación con Efe, consideró que los países del Golfo se han mostrado recelosos desde el mismo comienzo del proyecto nuclear iraní y de las intenciones de Teherán, que "se reflejan en su comportamiento agresivo en la región".

En la misma línea, el escritor saudí Ahmed Daif lamentó, en declaraciones a Efe, el comportamiento de Irán en las últimas décadas hacia Irak, Yemen y Siria, y advirtió de que "no inspira confianza en sus intenciones" hacia los países de la región.

Irán es acusado por los países del Golfo de promover los conflictos en Oriente Medio a través de su apoyo a grupos como los hutíes en el Yemen, los chiíes de Irak, o sus milicias que luchan junto al dictador Bachar al Asad en Siria.

En ese contexto, ambos analistas comprenden los recelos de los Estados del golfo Pérsico hacia Irán.

"Es natural que estos países expresen sus temores de que el acuerdo pueda ser interpretado como una complicidad occidental para desarrollar el proyecto nuclear y promover a Irán como 'un policía' de la región", precisó Al Bakri.

El analista agregó que estas preocupaciones se ven reforzadas por "la ambigüedad que rodea a las circunstancias del acuerdo y el secretismo sobre alguno de sus artículos y detalles de procedimiento".

Por su parte, Daif justificó el miedo de los países del Golfo en que tampoco hay mecanismos para evitar que el programa iraní convierta su supuesta naturaleza pacífica en "propósitos de guerra", para implementar así su agenda de "dominar" la región.

"No comprendo este silencio hacia las intenciones de Irán, sobre todo porque Teherán no ha mostrado señales que sugieran cambio en su política de derramamiento de sangre, pues sigue apoyando a las milicias terroristas en los países vecinos y al régimen de Bachar al Asad, que mata a su gente con dinero iraní", advirtió Daif.

Además, explicó que el acuerdo nuclear "no recoge mecanismos para afrontar la manipulación y el fraude en la interpretación de los tratados a los que nos tiene acostumbrados Irán".

Por todo ello, el analista lamentó que este acuerdo supone "una oportunidad" para que Irán se libre de las sanciones y trate de fortalecer sus capacidades militares una vez más, con el paso del tiempo.

En ese sentido, aunque Riad expresó ayer su apoyo al acuerdo, un funcionario saudí detalló a la agencia estatal de noticias, SPA, que el reino prefiere que se mantengan las sanciones impuestas a Irán debido a su apoyo al terrorismo y a la violación de las convenciones y tratados internacionales, al armar a grupos rebeldes en la región.

Asimismo, desde la Liga Árabe se expresó la esperanza de que el acuerdo suscrito en Viena tenga resultados positivos para el mundo árabe poniendo fin al rearme nuclear en Oriente Medio, aunque reconoció que un aumento de la influencia iraní "podría afectar negativamente a la seguridad y la estabilidad" de la región.

Para calmar los ánimos, el presidente de EEUU, Barack Obama, contactó con el rey saudí, Salman bin Abdelaziz, para reiterarle la promesa que le hizo durante la conferencia de Camp David, el pasado mayo, de que su país apoyará al CCG ante cualquier "agresión" externa y con el uso de la fuerza si es necesario.

Mientras tanto, el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, telefoneó a los ministros de Asuntos Exteriores de los demás países del CCG para explicarles los detalles del pacto y su deseo de seguir con la coordinación para desarrollar intereses comunes de seguridad y estabilidad regional.

Para disipar dudas, los miembros del CCG y EEUU acordaron celebrar pronto una reunión en la zona, aunque eso no mejorará la susceptible relación entre chiíes y suníes de la región, ni tampoco pondrá fin a la carrera por liderar el herido Oriente Medio, desangrado por conflictos sectarios y amenazado por el terrorismo.