Adiós, Candela

La autoridades buscan a los sospechosos de la muerte de Candela Rodríguez, una niña de 11 años raptada en la provincia de Buenos Aires.

Fue un caso que impactó hondo en la opinión pública de Argentina. Es sabido que hay muertos y crímenes, pero que se haya tratado de una niña de 11 años, de un sector marginado de la provincia de Buenos Aires y que su madre la buscara desesperada a través de las múltiples cámaras de los informativos argentinos, fueron factores que convirtieron el caso en un asunto de conmoción nacional.


Entre una pila de desechos, una recolectora de basuras encontró el cadáver de Candela Rodríguez —la niña de 11 años desaparecida desde el pasado 22 de agosto en Villa Tesei—, abandonado por alguien que hoy las autoridades buscan por toda la provincia. El operativo de búsqueda ya había sido bastante notorio después de que la madre, Carola Labrador, denunciara el caso y la comunidad saliera a marchar a las calles para rechazar hechos como este: se ofreció una recompensa cercana a los US$25.000 a quien pudiera dar información sobre el paradero de la pequeña, 1.600 policías hicieron un barrido de la región, acompañados de perros adiestrados, y desde el aire dos helicópteros apoyaron la búsqueda.


Los vecinos de Villa Tesei rodearon a la señora Labrador, quien también fue recibida por la presidenta Cristina Fernández y visitada por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. Durante los días en los que no se sabía nada de la niña, la comunidad la acompañó en la tarea de difundir carteles y fotografías de Candela para vincular a la gente con la búsqueda. Nueve días pasaron desde que desapareció hasta que fue encontrada muerta, asesinada por asfixia, entre el pasado lunes o martes, con el rostro desfigurado, como diría el informe de los forenses.


En total, la angustia duró poco más de una semana, en la que se pasó de la teoría de la existencia de un violador de menores a las sospechas de rapto premeditado. En un principio, la posibilidad de que se tratara de un asesino o de un violador en serie se estuvo barajando en Villa Tesei. No obstante, al poco tiempo la señora Labrador recibió llamadas —grabadas por la Policía— en las que voces desconocidas para la madre amenazaban con quitarle la vida a la pequeña: “Devolvé la plata o la mato”.


Entonces la versión de que todos estos hechos correspondían a una venganza por cuentas pendientes comenzó a tomar fuerza. El padre de Candela, Alfredo Rodríguez, paga una pena en la cárcel por contrabando y, según informa el diario Clarín, ya habría reconocido una de las voces de la grabación. Es difícil tejer conclusiones, pero, dicen algunas personas dentro de las autoridades argentinas, existe la posibilidad de que se trate de exsocios suyos en el delito.


Rodríguez, a quien se le permitió asistir al funeral de su hija, con una multitud de Villa Tesei que acompañó el féretro hasta el cementerio, fue interrogado una vez más por los investigadores. Mientras la presidenta Fernández asegura su compromiso para evitar nuevos casos como este, la Policía ya puso en marcha operativos para capturar a los principales sospechosos.