Adiós a las últimas tribus aisladas

Cada vez son más los indígenas apartados que están dejando su hábitat y entrando en contacto con otras civilizaciones. La situación es preocupante porque al hacerlo adquieren enfermedades que pueden exterminar a comunidades enteras.

En la imagen se observa una mujer awá guajá enferma después de romper su aislamiento. /Survival International

El año pasado, los mashco-piros, indígenas de la selva peruana amazónica, salieron de su refugio en búsqueda de los pecaríes, unos jabalíes americanos que son su principal medio de subsistencia, pero que estaban desapareciendo progresivamente en el bosque tropical. Con esto, la tribu, que hace parte de los 8.000 indígenas que viven aislados en Perú, había roto la mágica idea de que hay habitantes tan retirados que nadie los ha visto.

De hecho, en un estudio publicado en la revista Science y financiado por el Centro Pulitzer para la Cobertura Informativa de Crisis, se advierte que los últimos indígenas aislados del planeta están saliendo de la selva y entrando en contacto con poblaciones cercanas. En especial, aquellos que permanecían escondidos en la frontera entre Brasil y Perú.

El problema, según lo advierte Francisco Estremadoyto, director de la organización Propurús, encargada de blindar la biodiversidad amazónica, es que con estos contactos las tribus se enfrentan a mayores riesgos, pues con los misioneros, madereros y mineros siempre llegan enfermedades de transmisión contra las que estos indígenas no tienen defensas. En 1980, aproximadamente 350 miembros de una tribu aislada murieron luego de entrar en contacto con trabajadores de la petrolera Shell y solo en los últimos 18 meses los xinanes, los korubos y los awás guajás se vincularon con pueblos cercanos.

En Brasil la historia es parecida. “La Fundación Nacional del Indio (Finai) está muerta”, afirmó Sydney Possuelo, explorador y fundador del Departamento de Tribus Desconocidas brasileño.

¿De quién es la culpa?

Según la investigación, esta oleada de contactos se ha dado por la falta de presencia de los gobiernos, pues a pesar de que en 2011 el presidente peruano Ollanta Humala destinó tres millones de hectáreas para crear cinco reservas y en 2014 la presidenta Dilma Rousseff aprobó 1,15 millones para proteger a estos pueblos, los contactos se siguen dando. De hecho, el monto que autorizó la presidenta brasileña solo representa el 20% de lo que Finai solicitó.

“El Gobierno ve a los indios como un obstáculo para el negocio agrícola, para la expansión de la minería y para la extracción de recursos naturales”, opina Antenor Vaz, miembro antiguo de la Funai.

Ante esto, Lorena Prieto, directora de Pueblos Indígenas en Contacto Inicial y Aislamiento del Ministerio de Cultura peruano, aclara que son áreas muy grandes para ser protegidas con tan bajos recursos. “Es imposible cubrir esta cantidad de territorio con nuestro presupuesto”, afirma en el periódico español El País. Para tener control sobre la situación, el Gobierno asignó un millón de dólares y un equipo de sólo 17 personas.

Mientras tanto, se siguen repitiendo casos como el que se dio en junio de 2014, cuando un grupo de indios xinanes se acercó al poblado de Simpatía, en Brasil, y regresó a la selva con patógenos desconocidos que podrían exterminar el 90% de la tribu.

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