La admiración de Raúl Castro por el Sumo Pontífice

Este dijo que si el Pontífice continuaba "hablando así, les aseguro que volveré a rezar y regresaré a la Iglesia".

Agencia EFE

El Vaticano y Cuba viven, por así decirlo, una luna de miel. A tal punto que, tras un encuentro en la Santa Sede, el presidente cubano dijo que leía todos los discursos del Papa y que si el Sumo Pontífice continuaba hablando como lo ha venido haciendo, aseguraba que iba a volver a rezar y regresar a la Iglesia.

Pese a que Raúl y su hermano, Fidel Castro, fueron bautizados por la Iglesia Católica, desde su llegada al poder ha habido varios roces entre la Santa Sede y Cuba, debido, principalmente, a la persecución por parte del régimen de algunas expresiones religiosas en Cuba, persecución que, valga decirlo, se ha atenuado, precisamente, desde la visita del fallecido Papa Juan Pablo II, en 1998.

Castro se mostró, además, “muy impresionado por la sabiduría, la modestia y todas las virtudes” de Jorge Bergoglio, el primer Papa no europeo en la historia de la Iglesia. Y reconoció la labor que ha adelantado el Sumo Pontífice como mediador entre Estados Unidos y Cuba para que estas dos naciones mejoren sus relaciones, rotas desde 1959, con el triunfo de la revolución.

Palabras similares a las expresadas por el presidente estadounidense Barack Obama, en su visita a la Santa Sede, en marzo de 2014. En ese momento Obama dijo respecto a Bergoglio que “él nos desafía. El Papa nos pone ante los ojos el peligro de acostumbrarnos a la desigualdad. Y su autoridad moral hace que sus palabras cuenten. Con una sola frase, él puede focalizar la atención del planeta”.

El 17 de diciembre de 2014, cuando Cuba y Estados Unidos anunciaron el inicio de las negociaciones para restablecer las relaciones entre las dos naciones, la misma Santa Sede emitió un comunicado en el que señalaba ha querido ofrecer sus buenos oficios para favorecer un diálogo constructivo sobre temas delicados, del que han surgido soluciones satisfactorias para ambas Partes”.

Y dijo que iba a continuar apoyando las iniciativas que las dos naciones “emprenderán para acrecentar sus relaciones bilaterales y favorecer el bienestar de sus respectivos ciudadanos”. De hecho este encuentro es una antesala para las visitas que el Papa va a realizar en septiembre a Estados Unidos y a Cuba. El Sumo Pontífice visitará primero Estados Unidos, puntualmente, las ciudades de Nueva York, Filadelfia y Washington.

Aunque por ahora no se conocen los pormenores de la visita del Papa a Cuba, un hecho que, en el pasado, no ha estado exento de cuestionamientos.

Tras su encuentro privado y el habitual intercambio de presentes —Castro entregó al Pontífice un cuadro inspirado en el drama de la emigración y el Papa le regaló un medallón que representa a San Martín de Tours, patrón de Buenos Aires, regalándole su capa a un pobre— el presidente de Cuba se despidió del Papa con un largo apretón de manos. Se espera que la buena actitud sea igual cuando el Sumo Pontífice visite una Cuba que vive actualmente un momento coyuntural que algunos sectores esperan sirva para mejorar las condiciones de los millones de cubanos, por ejemplo, permitiéndoles una mayor libertad religiosa.
 

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