"En África cuando eres pobre ya sabes que toca": historia sobre la inmigración en el Mediterráneo

Adelnur Zize, nacido en Malí, hace parte de las muchas personas que a pesar de las noticias sobre inmigrantes muertos en el mediterráneo, está a la espera de en pocos días poder inmigrar a Italia.

Archivo AFP

 Sentado en uno de los cientos de cafés que salpican del puerto tunecino de Zarzis, Adelnur Zize oculta bajo una capucha su rostro zaino, coronado por unos ojos plagados de miedo mal disimulado.

Nacido hace dos décadas en el atribulado norte de Mali, escenario desde hace tres años de un conflicto armado y político en el que se mezcla el independentismo Azawad y el auge del yihadismo en el Sahel, sus duros pies y encallecidas manos demuestran que desde la niñez está acostumbrado a deambular y trabajar para sobrevivir.

A trabajar en lo que sea -principalmente en la construcción- y a viajar a donde sea necesario, aunque ese periplo pueda en ocasiones arrancarle la vida.

"No hace mucho tiempo que llegue aquí con la intención de ir a Italia a causa de lo que pasa en el norte de Mali. (Lo intenté) en Libia, (pero) con lo que ocurre no pude quedarme. Allí no somos libres", explica a Efe de espaldas a la cámara.

La tarde agota su recorrido y los últimos rayos de luz, mecidos por la brisa marina que surca el puerto, caen sobre la cafetería, colmada a esas horas -como a casi todas- de jóvenes desempleados e indolentes.

Jóvenes tunecinos sin apenas otro horizonte que el mar que se extiende a sus ojos, habituados a vivir de la economía informal que domina esta zona fronteriza con Libia, y que como el vecino que manejaba la embarcación que días atrás se hundió con 700 inmigrantes ilegales, están dispuestos a arriesgar su vida también por unos miles de euros.

En África "sabes que cuando perteneces a una familia pobre y solo tienes pequeños trabajos, además de la guerra que pasa ante tus ojos, ya sabes que toca buscar un futuro mejor", argumenta Zizé.

"Soy soldador de todo tipo de metales, para automóviles, etc, pero especialmente para la construcción", sector en el que se ganaba la vida hasta que en 2012 un golpe de Estado en Bamako puso a Malí en la abarrotada autopista africana de la inestabilidad.

Fuera de cámara, explica que las mafias de tráfico de personas pululan confiadas por las localidades meridionales tunecinas de Ben Guerdan, Zarzis, Medenine y el campo de refugiados de Bouchucha, abandonado por la ONU, y son fáciles de contactar.

Exigen 1.200 dinares (unos 650 euros), que Zizé ha logrado reunir con chapuzas y trabajo irregular en esos mismos pueblos, y son las que ponen las normas.

Llegado el día, aquellos que han pagado son convocados en un piso, en el que a veces están encerrados varios días antes de que un grupo de hombres les recojan para cruzar la frontera con Libia en plena noche.

"Siempre viajamos en grupo, uno no va a quedarse solo. En grupo es mejor. No voy a ir solo", reitera Zizé, que no pierde la sonrisa ni cuando admite que "actualmente no sé cómo se organiza la entrada en Libia ni cuanto puede costar llegar allí".

"Yo ya tengo el dinero y estoy preparado para salir", insiste, sin saber tampoco si la embarcación con la que pretende conseguir "libertad y sobre todo, seguridad" partirá de Libia o de aguas tunecinas.

"Sí, he escuchado el relato de muchos que han naufragado y han regresado aquí. Se necesita colocar la cabeza, piensas mucho en la muerte, en que puede ser el último viaje", señala.

"Pero cuando ves lo que tienes, que es nada, lo que necesita tu familia, la decisión es fácil de tomar", insiste.

Apenas unas horas después, la Media Luna Roja de Zarzis informa de una nueva tragedia: unos 80 inmigrantes han sido hallados a la deriva en aguas de Túnez por tres pesqueros locales, que han procedido a rescatarlos.

Todos ellos han sido asistidos en el precario edificio de la organización, que se siente desbordada, carente de ayuda, ante unas de las peores primaveras que recuerda, según declara a Efe su responsable, Mohamad Treblesi.

"Yo espero mi oportunidad. No me queda más remedio", insiste Zizé.

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