África, la primavera del narco

Los cambios geopolíticos han traído un aumento del tráfico, la produccióny el consumo de drogas ilícitas.

Incautaciones de drogas y armas  aumentan en Malí y Guinea-Bissau. / AFP
Incautaciones de drogas y armas aumentan en Malí y Guinea-Bissau. / AFP

Durante los últimos dos años, los golpes de Estado ocurridos en Guinea-Bissau y Malí y la caída de dictaduras en el norte de África debilitaron la seguridad fronteriza y los controles sobre el tránsito de grupos armados y el tráfico de personas, armas y drogas ilícitas. Los narcotraficantes han encontrado en medio de la inestabilidad un terreno fértil para su negocio, según lo indica el recién publicado informe anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).

Por su posición estratégica entre países productores y consumidores, su mano de obra barata, la impunidad y corrupción reinantes y la falta de controles de las autoridades, África occidental venía convirtiéndose desde 2004 en un centro de operaciones para el tráfico, la reserva y la distribución de cocaína proveniente de Suramérica con destino a Europa.

La ruta más corta entre Suramérica y África es la línea marítima que sigue la ruta del paralelo 10, conocida como la “autopista A-10 de la droga”. Por allí pasan a diario toneladas de cocaína en barcos pesqueros, mercantes o aviones pequeños. En 2009, la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Crimen (Onudc) estimaba que anualmente circulaban por la “A-10” unas 250 toneladas de cocaína, proveniente sobre todo de Colombia y Perú y avaluada en unos US$11.000 millones.

Las cifras han incrementado de la mano de los cambios geopolíticos en el continente africano. El derrocamiento de los dictadores en Túnez, Egipto y Libia, cuyos regímenes mantenían estrictos controles fronterizos, ha permitido el paso de grupos yihadistas desde Asia y Oriente Medio hacia el norte y occidente de África. Esas agrupaciones, que necesitan financiación para mantener a sus militantes y perseguir sus fines políticos y religiosos, ahora hacen parte de las rutas del narcotráfico que pasan por Guinea-Bissau y Malí, dos naciones que, a su vez, sufrieron golpes de Estado que permiten hoy una mayor presencia del narcotráfico.

En 2012, un grupo de militares golpistas atacó la residencia del ex primer ministro de Guinea-Bissau, Carlos Gomes Junior. Antes del golpe, el país ya era considerado un almacén para el tráfico de cocaína desde América Sur hacia Europa, debido a la debilidad de sus instituciones locales, permeadas por bandas narcotraficantes de Suramérica, y a sus islotes que dan al Atlántico y sirven como una plataforma natural para la recepción de cocaína.

En Malí, un golpe de Estado derrocó al gobierno de Amadu Tumani Touré en marzo de 2012 y, en abril, el norte del país fue tomado por grupos como Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Ansar Dine y el Movimiento para la Unidad y la Yihad en el Norte de África (Muyao). Estas organizaciones empezaron a cobrar por permitir el paso y proteger los convoyes de cocaína que pasaban por sus territorios. Aunque las finanzas de las agrupaciones no se basan tanto en el narcotráfico como en el secuestro, ya registran ganancias de las drogas.

El informe de la JIFE señala que, “aunque en ambos países se han establecido gobiernos de transición, la situación sigue siendo inestable, especialmente en el caso de Malí. Eso es motivo de preocupación, ya que tanto Guinea-Bissau, centro del tráfico de cocaína en la subregión, como Malí, país de tránsito de remesas de cocaína y resina de cannabis, han despertado el interés de los narcotraficantes internacionales”. En 2011, el tráfico de cocaína hacia África occidental ascendió a unas 30 toneladas, generando beneficios aproximados de US$900 millones al año a las redes delictivas.

Asimismo, en África occidental se ha dado un aumento del tráfico de heroína y metanfetamina, sobre todo en Nigeria (un país con presencia del grupo islamista Boko Haram, que ha declarado su lealtad a Al Qaeda), donde fueron desmantelados dos laboratorios de metanfetamina entre 2011 y 2012. Los destinos más habituales de la metanfetamina que sale de África, según la JIFE, parecen ser Japón, Malasia, la República de Corea, Singapur y Tailandia.

Libia, una nación sumida en la inestabilidad después de la caída de Muamar Gadafi en octubre de 2011, también resultó ser en ese año el país de origen de dos grandes incautaciones de anfetamina, practicadas en julio de 2011 por las autoridades aduaneras de Arabia Saudita en la frontera terrestre con Jordania.

Así, los hechos indican que mientras se fortalece la producción en Suramérica y el consumo en Europa y Asia, los narcos hacen en África su primavera.