Alcatraz, una cárcel hecha leyenda

Este jueves se cumplen 50 años del cierre de la prisión, en su momento considerada la más segura del mundo. En medio de especulaciones, la historia de 'La roca' sigue atrayendo a miles de curiosos.

Prisión de Alcatraz. /123rf
Prisión de Alcatraz. /123rf

"Alcatraz nunca hizo ningún bien a nadie". La frase es de Frank Watherman, el último preso que abandonó la mítica prisión de Alcatraz el 21 de marzo de 1963 cuando fue clausurada. Las palabras de Watherman reunían lo que para entonces parecía un secreto a voces: el inconformismo no sólo de presos sino también de las autoridades por la poca funcionalidad de la cárcel.

Desde su apertura 'La roca', como era conocida localmente, generó grandes cuestionamientos debido a los altos costos que requería su mantenimiento, costos que finalmente ocasionaron su cierre.

Ubicada en una pequeña isla en el centro de la bahía de San Francisco (California), Alcatraz se convirtió en prisión en agosto de 1934, luego de que los derechos sobre el lugar fueran adquiridos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos el 12 de octubre de 1933. Sin embargo, antes de ser conocida como la prisión más segura del mundo y ser el terror de los criminales más buscados de EE.UU., la isla de Alcatraz (nombrada así por el español Juan Manuel de Ayala en 1775 debido a la colonia de estas aves que aún habitan el lugar) era reconocida por poseer el faro en funcionamiento más antiguo de la costa oeste del país, construido a finales del siglo XVIII para guiar a los barcos en el Pacífico.

Con la aparición de la Fiebre del oro de California, en 1849, las Fuerzas Militares estadounidenses comenzaron a estudiar la posibilidad de convertir la isla en una guarnición estratégica para proteger el acceso a la bahía de San Francisco, que después fue utilizada durante la Guerra Civil para encarcelar a los partidarios de los Estados Confederados. Sin embargo, concluida la guerra, la isla perdió su funcionamiento y se convirtió en un terreno obsoleto pues la humedad propia de la zona deterioró la infraestructura y el armamento instalado.

Ya en 1934, en manos del Departamento de Justicia, Alcatraz emprendió el camino al reconocimiento. Cifras de la Oficina Federal de Prisiones señalan que en promedio la prisión albergó 275 prisioneros. Por sus pasillos caminaron algunos de los delincuentes más temidos de EE.UU. y sus celdas albergaron a todos los presos que por la época eran considerados de alta peligrosidad, incluyendo al más famoso de todos: Alphonse Gabriel Capone, a quien la historia recordaría como Al Capone. El legendario gánster, condenado el 17 de octubre de 1931 a 11 años de prisión, llegó a Alcatraz remitido de la prisión de Atlanta, en donde había sido recluido en 1932. Sin embargo, el poder que había acumulado durante años de andanzas en el mundo criminal le había permitido seguir manejando sus negocios incluso desde la cárcel, por lo que la justicia decidió trasladarlo a 'La roca' en donde era objeto de una estricta vigilancia y le fue prohibido cualquier contacto con el mundo exterior.

Aunque Al Capone encabezó la lista de los grandes hombres del crimen organizado que pisaron Alcatraz, muchos fueron los perseguidos por el FBI que vivieron en carne propia los rigores de 'La roca'. Fue el caso de Alvin Karpowicz, apodado "Creepy Karpis", señalado en los años 30 por la central de inteligencia estadounidense como el "enemigo público número 1". Karpowicz también fue célebre por ser el preso que más tiempo pasó recluido en Alcatraz: 25 años y un mes.

A "Creepy Karpis" y Al Capone se sumaron nombres como el de Robert Franklin Stroud, alias 'El pájaro de Alcatraz', el gánster George "Machine Gun" e incluso el miembro de Partido Nacionalista de Puerto Rico Rafael Cancel Miranda, quien protagonizó el ataque a tiros al Congreso de los Estados Unidos el 1° de marzo de 1954.

El paso de tan peligrosos criminales por esta prisión ayudó a que la fama de Alcatraz como la cárcel más segura del mundo creciera con los años. Su sistema de custodia de un guardia por cada tres reclusos fue un modelo que pronto se extendió a otras prisiones federales. Más que por el uso de estrategias de rehabilitación, ‘La roca’ era reputada por su rutina monótona y extrema disciplina pues se exigía a los presos guardar absoluto silencio. A cada uno de ellos se le asignaba una celda individual con el objetivo de evitar que se fraguaran complots, y a quienes osaban romper las reglas establecidas se les confinaba, a veces por semanas, en el ‘agujero’, un cuarto subterráneo, sin cama, incomunicado y sin luz.

Los prisioneros tenían derecho a la alimentación, acceso a ropa y seguro médico, pero privilegios como recibir visitas, ir a la biblioteca, pintar o tocar algún instrumento debían ganárselos a través del trabajo. Un buen comportamiento dentro del penal podía llevar a que los directivos determinaran que el preso ya no representaba una amenaza y pudiera ser trasladado a otra prisión federal para terminar su condena.

 

Catorce intentos de fuga fallidos

Alcatraz funcionó con éxito durante 29 años (1934-1963) y aunque a lo largo de la historia se han tejido decenas de historias sobre personas que lograron escapar, la prisión siempre sostuvo que ningún recluso logró salir de la prisión victoriosamente. Su estructura, diseño y ubicación estaban pensados para que nadie pudiera triunfar en la empresa de salir de la isla: garitas con guardias armados, alambres de púas y rejas electrificadas. A pesar de tan rigurosas medidas, las cifras de la Oficina Federal de Prisiones señalan que se registraron 14 intentos de fuga en los que participaron 36 personas (incluyendo a dos que intentaron escapar en dos ocasiones), 23 de las cuales fueron capturadas, seis murieron a tiros y otras dos ahogadas. Cinco más figuran como desaparecidos y se presume que se ahogaron durante el intento.

Una de las hazañas más recordadas fue la 'Batalla de Alcatraz', ocurrida entre el 2 y 4 de marzo de 1946, cuando seis prisioneros sometieron a varios oficiales, robaron sus llaves y armas y tomaron el control de la zona en la que se encontraban retenidos. El plan, que hasta ese momento había sido exitoso, presentó problemas cuando los internos notaron que no tenían la llave para abrir la puerta del patio de recreo. Poco después, funcionarios de la prisión descubrieron el intento de fuga. En lugar de darse por vencidos, Bernard Coy, Joe Cretzer, Marvin Hubbard, Sam Shockley, Miran Thompson, y Clarence Carnes se enfrentaron a los guardias.

Alrededor de 18 policías fueron heridos y dos más murieron durante el intento de fuga que concluyó con la muerte de Coy, Cretzer, y Hubbard. Por su parte, Shockley, Thompson, y Carnes fueron sometidos a juicio por la muerte de los oficiales. Los dos primeros recibieron la pena de muerte y fueron ejecutados en la cámara de gas de San Quintín, en diciembre de 1948. Carnes, de 19 años, recibió una segunda cadena perpetua.

Dieciséis años después, otro intento de escape, con tintes de ficción, fue noticia en todo el mundo. El 12 de junio de 1962, John y Clarence Anglin, Allen West y Frank Morris llevaron a cabo uno de los escapes más enmarañados de todos los tiempos. Durante varios meses, y utilizando como herramientas una cuchara de metal, monedas y un taladro eléctrico improvisado, los reclusos cavaron un túnel cincelando el hormigón de la pared, dañado por la humedad, para llegar a uno de los ventiladores que estaban en el tejado. Los hombres salieron a través de los orificios de ventilación que daban a un pasillo de servicio abandonado. Allí subieron a las tuberías de servicios públicos para finalmente llegar a la azotea a través de una salida de aire. Huyeron en balsas que habían construido con impermeables robados de la prisión. En sus camas dejaron muñecos de papel maché a los que habían pegado cabello real de la peluquería de la prisión para despistar a los guardianes en el conteo nocturno. Aunque se supo que en la elaboración del plan participaron los cuatro prisioneros, sólo tres de ellos lo ejecutaron. Allen West permaneció en su celda sin que nunca se conocieran los motivos por los cuales no escapó con sus compañeros.

Nada se volvió a saber de los tres que escaparon. Las autoridades aseguraron que era imposible que hubiesen sobrevivido a las fuertes corrientes y baja temperatura del agua, pues en las labores de búsqueda las autoridades hallaron dos chalecos salvavidas (uno en la bahía, y el otro fuera de la Puerta de Oro). De acuerdo con la Oficina Federal de Prisiones, si una persona estaba bien entrenada y acondicionada era posible sobrevivir, pero "para los presos - que no tenía control sobre su dieta, sin entrenamiento de levantamiento de pesas o físicos (excepto abdominales y flexiones de brazos), y ningún conocimiento de las mareas altas y bajas - las probabilidades de éxito eran escasas". Semanas después del escape, el cuerpo de un hombre vestido con ropa azul similar al uniforme de la prisión fue encontrado a poca distancia de la costa de San Francisco, pero el cuerpo estaba demasiado deteriorado para ser identificado. Tanto Morris como los hermanos Anglis fueron declarados desaparecidos.

Un año después de la cinematográfica fuga, Alcatraz fue cerrada. La decisión fue tomada por el entonces Fiscal General Robert F. Kennedy, quien consideró que la prisión era demasiado costosa para seguir operando. Las cifras oficiales señalan que se requerían cerca de 3,5 millones de dólares sólo para los trabajos de restauración y mantenimiento necesarios para que Alcatraz siguiera abierta. A eso se suma que ‘La roca’ era casi tres veces más cara de operar que cualquier otra prisión federal (en 1959 el costo diario por habitante a Alcatraz era 10,10 dólares comparado con 3 en la prisión de Atlanta). La ubicación de la cárcel era uno de los mayores problemas pues era necesario el abastecimiento de comida, material y combustible. La prisión ni siquiera tenía agua dulce y era necesario que semanalmente tuvieran que ser llevados a la isla miles de galones de agua.

Además de los altos costos, el agua salada estaba erosionando las estructuras y edificios de la prisión y las aguas residuales provenientes de la misma estaban ocasionando una grave contaminación en la bahía de San Francisco.

Con el cierre de Alcatraz llegó el abandono. Hoy hace 50 años la cárcel más famosa del mundo dejó de funcionar. Propusieron convertirla en hotel, en monumento a las Naciones Unidas e incluso fue reclamada por un grupo de indios nativos que buscaban construir allí un centro cultural y educativo. Finalmente Alcatraz fue convertida en museo como parte de un Parque Nacional que es visitado diariamente por decenas de turistas que buscan en sus rincones un pedazo de historia. Los fantasmas, los mitos y las leyendas todavía se sienten en sus pasillos. Un lugar lleno de realidad y ficción que aún hoy, sin presos en sus celdas, sigue siendo motivo de intrigas y especulaciones.

 

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