Alrededor del 24% de la droga que llega a EE.UU. parte de Venezuela

El diario 'The New York Times' publicó un informe en el que reseña el auge del narcotráfico en la región fronteriza con Colombia.

El mapa, elaborado por las autoridades de Estados Unidos con radares de largo alcance, dice que del estado venezolano de Apure, en la zona fronteriza con Colombia, parten 121 rutas ilegales para el tráfico de cocaína. Alrededor del 90% de ellas van a parar a Centroamérica, en especial, a Nicaragua y Honduras. Desde allí, la droga continúa viajando hacia el norte, transitando por caminos ilegales que finalmente la llevan hasta suelo norteamericano. 

En las cifras de 2010, la Oficina de la Casa Blanca para la Política Nacional del Control de Drogas estimó que el 24% de la cocaína que llegó desde Suramérica partió desde territorio venezolano, traducidas en unas 200 toneladas. La vasta llanura occidental de Venezuela luce como un territorio propicio para la adecuación de pistas clandestinas en una zona con presencia constante de las Farc, con la anuencia de las fuerzas armadas bolivarianas.

Toda esta información fue publicada por el diario estadounidense ‘The New York Times’ en un informe que expone la aparente realidad que vive el estado de Apure, uno de los más pobres de Venezuela y de menor presencia estatal. El informe que sostiene que el trabajo criminal conjunto de los traficantes y de las Farc constituye una de las principales salidas de la cocaína producida en Colombia hacia Estados Unidos y uno de los más grandes focos de tráfico en el mundo.

Desde el terreno de la cooperación en seguridad pueden explicarse las razones que han llevado a esta realidad. Los miles de millones de dólares que el gobierno de Washington ha invertido en el combate del narcotráfico ha tenido un considerable efecto en México, Honduras, Guatemala y Colombia, entre otros países latinoamericanos. No obstante, la tensa relación que sostiene la Casa Blanca con el gobierno de Caracas ha obligado a que el trabajo conjunto contra el crimen no tenga un flujo considerable.

El aumento del tránsito de cocaína por territorio venezolano tiene un punto de inflexión que se ve forma clara. En 2005, el presidente Hugo Chávez interrumpió la cooperación que para entonces su país sostenía con la DEA, argumentando que los agentes norteamericanos que trabajaban en la alianza estaban realizando un trabajo de espionaje para Washington.

La falta de continuidad en la lucha ha llevado entonces al crecimiento de las redes de la cocaína y al empoderamiento de las Farc en la región fronteriza. El diario neoyorquino cita al exgobernador de Apure, Luis Lippa: “Nuestro espacio aéreo ha sido tomado (…) nuestro territorio nacional se ha reducido”.

Sus palabras contrastan con las del actual gobernador, Ramón Carrizales, quien afirma que la autoridad está golpeando contundentemente al tráfico de drogas, que se han destruido 36 pistas clandestinas y que su política es sólida. No obstante, Venezuela continúa en la lista de países de para la Casa Blanca no cumplen las obligaciones internacionales para combatir el narcotráfico, un señalamiento que el presidente, Barack Obama lanzó de manera pública hace diez meses.

‘The New York Times’ señala que Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha acusado a varios oficiales de alto nivel de Venezuela –incluido el actual ministro de Defensa, Henry Rangel- de cooperar con las Farc, una acusación que ha sido negada tajantemente por el gobierno de Hugo Chávez. 

De otra parte, la publicación de esta información coincide con el reciente llamado de la ONU a Colombia.  La Oficina contra la Droga y el Delito (Unodc) dio a conocer en un informe que el cultivo de coca en el país había pasado de 62.000 hectáreas en 2010 a 64.000 en 2011, aunque reconoció que la producción sigue continúa presentando índices de reducción.