La amenaza de una revolución

No vive la inestabilidad política que sufrieron países como Libia, Túnez o Egipto, pero su actual situación desestabiliza la región.

Las manifestaciones en Ankara cumplen siete días. / AFP
Las manifestaciones en Ankara cumplen siete días. / AFP

Un proyecto urbanístico que pondría en riesgo el parque Gezi ha provocado una serie de protestas, que el gobierno de Recep Tayyip Erdogan no ha podido manejar. Se trata de proyectos urbanos de diverso contenido. Un puente vehicular de 1,3 km que atraviesa el Bósforo y que pondría en riesgo aproximadamente 85.000 km² de reservas forestales, según la Cámara de Planificación Urbana de Estambul.

La construcción de un centro comercial en el barrio Tarlabasi ha supuesto la destrucción de edificaciones tradicionales, cines y teatros. Sobre la colina Camlica se tiene planeado construir la que sería la mezquita más grande del mundo, y para 2023 la obra que debe servir de colofón a esta transformación, lista para la conmemoración de los 100 años de la República: la instalación de un canal paralelo al Bósforo, de 150 metros de largo y que conectaría el mar de Mármara con el Negro. Su construcción acarrearía consecuencias nefastas para el agua dulce de los lagos situados al noroccidente de Estambul, como lo denuncia Audrey Garric para Le Monde.

Todo ello se inscribe en el proyecto modernizador del Partido Justicia y Desarrollo (AKP), del que hacen parte el primer ministro, Erdogan (desde 2003) y el presidente Abdullah Gül (desde 2007). Aunque el movimiento tiene un contenido islámico, ambos dicen estar comprometidos y respetar el carácter laico de la República, impuesto por Mustafá Kemal Atatürk. No obstante, desde el ascenso de dicho partido, las dudas acerca de la convicción laica de los dos líderes abundan.

El proyecto urbano en el parque Gezi amenaza con convertirse en la causa de una revolución en Turquía. Esta nación había superado con éxito dos amenazas vivas contra su régimen democrático: el golpismo militar recurrente en la segunda mitad del siglo XX y el fundamentalismo islámico. Este último revigorizado por el desastre de la guerra global contra el terrorismo y con la islamización de algunas sociedades luego de la Primavera Árabe.

Aunque Turquía no sea árabe y su sistema político no haya enfrentado una polarización como la de Bahréin, Egipto, Libia, Túnez y Yemen, su inestabilidad actual preocupa. Ankara es un pilar fundamental de algunas ideas de Occidente en el denominado Oriente Medio, y es un ejemplo vivo de la necesidad de separar Estado y religión.

Realidad especialmente válida cuando se intenta desprestigiar al régimen teocrático de Irán y el rumbo de la transformación tunecina y egipcia, con Enhada y la Hermandad Musulmana, respectivamente. Una revolución turca podría generar un cambio profundo en la correlación de fuerzas entre regímenes laicos y teocráticos (o con tendencia a la islamización).

De allí que el mundo siga con atención la situación en Turquía. De su desenlace depende que se mantenga un equilibro que, de romperse, puede alterar a toda la región.

* Profesor Universidad del Rosario.

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