Argentina se paralizó por un día

Las principales ciudades del país no tuvieron servicio de metro, trenes ni buses. También se suspendieron los vuelos nacionales.

Manifestantes protestan en puente Pueyrredón, Buenos Aires. / EFE

La avenida General Paz une de norte a sur la ciudad de Buenos Aires. En hora pico es un suplicio atravesar esos 25 kilómetros. Mucho más en estos momentos, cuando se está ampliando su estructura para incluir un cuarto carril. El jueves, esa misma ruta urbana era un vacío de cemento, con vehículos desperdigados, pero carente de ómnibuses y camiones. Un reflejo, a fin de cuentas, del paro nacional que se llevó a cabo y tuvo un fuerte acatamiento en toda Argentina. No hubo colectivos, trenes ni subtes.

Tampoco hubo atención en los hospitales públicos, a excepción de las guardias, ni recolección de residuos. Los aeropuertos no operaron y fue un milagro conseguir combustible en las estaciones de servicio. Fue la segunda huelga organizada por el ala dura de la CGT (Confederación General de Trabajadores) durante la administración de Cristina Fernández de Kirchner. Se frenó la actividad para reclamar contra la galopante inflación y el ajuste de los salarios, que está en plena discusión paritaria. Para el Gobierno, el cese de las tareas tuvo un tinte político. En el medio, millones de argentinos sufren los vaivenes de una crisis económica que parece no tener un final escrito.

Buenos Aires pareció, por momentos, una ciudad fantasma. Amaneció con piquetes en la autopista Panamericana, arteria que une todo el cordón norte bonaerense, lo que produjo un enfrentamiento con agentes de Gendarmería. El bloqueo fue llevado a cabo por organizaciones de izquierda, que nada tienen que ver con los gremialistas, y Juan Carlos Schmid, secretario general del Sindicato de Dragado y Balizamiento, se ocupó de aclararlo.

Es que las quejas del jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, habitual mensajero de Fernández de Kirchner, apuntaron al hecho de “coartar la libertad de quienes quieren trabajar”, sin radicar que esta metodología fue alimentada por un gobierno que financió los movimientos piqueteros y muy lejos del espíritu del paro. Lo que se reclama son paritarias sin techo, modificación del impuesto a las ganancias, un plan contra el avance inflacionario, universalización de las asignaciones familiares, decreto de emergencia para los jubilados, cancelación de la deuda millonaria que tiene el Estado con los sindicatos y mayor seguridad. Hubo neumáticos quemados, balas de goma, fue el costado violento de un paro que para los sindicalistas fue “un rotundo éxito”, según manifestó Hugo Moyano, jefe de la CGT disidente, enemigo público número uno de la presidenta.

Moyano eligió un momento sensible para lanzar el paro, a pesar de que en su entorno le pedían que lo hiciera mucho tiempo antes. El camionero se alió con la CGT Azul y Blanca, que encabeza Luis Barrionuevo, y la CTA (Comisión de Transportes Argentinos), que lidera Pablo Micheli. A ellos se plegaron los maquinistas de trenes y la UTA (Unión de Transportes Argentinos), que reúne a los choferes de colectivos, lo que terminó siendo clave porque la paralización total del transporte público fue la garantía de que nadie pudiera movilizarse, por más que así lo quisiera, sin un auto particular o a bordo de los taxis, ayer tan requeridos que subirse a ellos era como ganar un premio en la quiniela. La CGT oficialista, por su parte, no adhirió a la huelga. Y el Gobierno, buscando demostrar el poder de la paritaria, llegó a un rápido acuerdo con algunos gremios. Para Moyano, están lejos de la inflación real, que durante 2013 fue de 28,3%, ubicando a la Argentina como el cuarto país con mayor inflación en el mundo, detrás de Venezuela (40,7%), Sudán (36,5%) e Irán (35,2%).

En el resto de las provincias hubo un “alto acatamiento”, según informó el jefe de prensa de la CGT, Omar Plaini. En Córdoba hubo un fuerte impacto, más allá de que en la segunda ciudad más poblada del país hay menos gremios adherentes a Moyano. En Rosario se produjeron piquetes en puntos claves. Jujuy amaneció llena de basura. En San Luis hubo huelga parcial, pero no funcionó el transporte. En La Pampa se movilizaron los estatales. En Mendoza casi no hubo alumnos en las escuelas. En Chaco, el paro coincidió con los reclamos por mejoras salariales de los gremios locales. En Misiones se cortó el puente que separa Argentina de Paraguay.

Según los cálculos de la CGT, se habla del 90% de acatamiento. En el Gobierno, aunque no lo haya hecho público, hay preocupación. Ya se anuncia un paro de 36 horas en mayo, con movilización a Plaza de Mayo. ¿Tomará medidas la presidenta para evitar semejante paralización? Esa pregunta se hacen todos los argentinos, rehenes de una política que perdió el rumbo.

 Operativo antinarco en Rosario

El megaoperativo contra el tráfico de drogas realizado en Rosario, una de las ciudades más castigadas en los últimos años por las luchas entre bandas de narcotraficantes, terminó exitosamente con la detención de 24 personas. El jefe de Gabinete del Ejecutivo de Cristina Fernández, Jorge Capitanich, aseguró que fue “el operativo más grande de la historia en Rosario”, la tercera ciudad del país. El amplio despliegue de las fuerzas de seguridad se llevó a cabo tras un mes de planificación y fue ordenado por dos magistrados federales con el objetivo de desarticular las principales bandas de narcotraficantes que operan en esa zona de Argentina. Esta fue la primera fase de la intervención. Ahora se establecerán 1.500 efectivos de Gendarmería y 500 de la Prefectura Naval para complementar el trabajo de la Policía.

 

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