Armenios en Turquía: Romper un silencio que dura ya cien años

En esta confrontación, la comunidad armenia de Turquía, que se estima en unas 50.000 personas, ocupa un espacio intermedio entre las posiciones de Ankara y la postura, a veces maximalista, de la diáspora armenia.

AFP

  El debate siempre es sano y la enorme polémica desatada en los últimos días por el Papa al llamar "genocidio" a las matanzas de armenios en 1915 ayuda a Turquía, pese a la tensión creada, a reconciliarse con su pasado: rompe un histórico silencio. (Vea: Armenia y el genocidio olvidado)

El centenario del genocidio que se conmemora este 24 de abril es una buena oportunidad, insiste el periodista Rober Koptas, uno de los intelectuales armenios más destacados de Turquía.

"Lo que diga el Papa, lo que diga Obama, las reacciones del Gobierno turco, todo nos ayuda porque abre un espacio de debate. Tal vez la mayoría del pueblo turco reaccione en contra, pero otros se informarán", declara Koptas a Efe.

En esta confrontación, la comunidad armenia de Turquía, que se estima en unas 50.000 personas, ocupa un espacio intermedio entre las posiciones de Ankara y la postura, a veces maximalista, de la diáspora armenia.

Tampoco se entiende como una avanzadilla del Gobierno armenio.

"Nuestra patria es Turquía. Claro que hay un vínculo con los armenios del mundo, pero no conozco a nadie que se haya ido a vivir a Armenia", afirma a Efe Selin Y., un publicista de esta etnia que vive en Estambul.

Lo de menos en este debate es el conflictivo término "genocidio", opina Koptas: "El término se usó por primera vez en 1949. Hasta entonces, los armenios pudieron vivir sin esa palabra. Lo importante es que se reconozca lo que pasó y se den pasos hacia una verdadera democracia turca, hacia una reconciliación", considera.

"Si el uso de la palabra 'genocidio' aborta este sueño, no la usaré. Pero si ayuda, la usaré, porque por supuesto era un genocidio. Eso es seguro", sentencia.

Selin Y. da poca importancia a la Historia pero cree que "negar algo que ha ocurrido es trágico".

"Me parece injusto no aceptarlo, decir incluso que fueron los armenios quienes cometieron las masacres", dice sobre una versión que forma parte de la historiografía oficial.

En los libros escolares, los armenios sólo aparecen como enemigos durante la guerra de la independencia turca en 1920. Ni una palabra sobre las deportaciones masivas de cientos de miles de personas a Siria en 1915, de los que la mayoría murieron por el camino.

El temor de Turquía es que Erevan o la diáspora no se quedarán en la palabra. "La mayoría de los turcos temen que aceptando el genocidio, se tengan que pagar enormes indemnizaciones", advierte Koptas.

"Hay armenios que reclaman incluso territorio en el este de Anatolia, pero eso no es realista", añade el periodista.

"Lo que debería haber es una reconciliación, no un castigo contra Turquía", opina.

"Por supuesto que me siento discriminado. Desde 1923 hay una discriminación contra todos los que no son musulmanes: no pueden ser altos cargos ni oficiales en el Ejército; no hay gobernadores armenios, ni siquiera se puede tener un cargo bajo del funcionariado. No está escrito, pero funciona así", asegura Koptas.

Al igual que los griegos, los armenios tienen derecho a la educación primaria en su idioma, en colegios propios, y no parece haber una tendencia a abandonar Turquía.

Pero la comunidad se encierra en sí misma: es muy raro encontrar matrimonios mixtos. Para muchos jóvenes armenios, casarse con un turco es impensable: más que encontrar un compañero de vida, buscar novio es tratar de perpetuar la "especie", asegura Selin.

La percepción de la sociedad ha cambiado mucho. El asesinato del periodista turco-armenio Hrant Dink en 2007 fue un punto de inflexión: desde entonces, decenas de miles de turcos exigen justicia cada año con pancartas que rezan "Todos somos armenios", algo impensable hace una década.

Desde 2010, cada 24 de abril se colocan claveles rojos y velas en la plaza Taksim de Estambul para conmemorar el genocidio y el año pasado, el hoy presidente Recep Tayyip Erdogan dio un inesperado paso al expresar sus condolencias y hablar de una tragedia "inhumana" y un "dolor compartido", aunque sin pedir perdón ni hablar de "genocidio".

Hoy día no es tan raro encontrar a intelectuales turcos que acepten el hecho del genocidio, asegura Koptas, pero también es frecuente ya en las regiones kurdas.

"Allí la memoria se transmite en las familias: recuerdan los lugares de las masacres. Hay gente que viene para decirme que sus abuelos mataron a armenios, me piden perdón, a veces llorando", recuerda emocionado.

La tendencia aperturista del partido gubernamental, el islamista AKP, "siempre era de cara a la Unión Europea", según Selin, y parece haberse frenado, tal vez porque Erdogan necesita ganarse el electorado nacionalista para las elecciones del próximo 7 de junio, lo que explicaría sus duras críticas a las palabras del Papa.

Por otra parte, se siguen produciendo avances históricos en la reconciliación: Una candidata armenia encabeza la candidatura por Estambul del líder de la oposición, el socialdemócrata CHP.

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