Arranca la carrera electoral en Venezuela

En un vaivén de fuertes acusaciones, mientras Chávez descansa en su féretro, Maduro y Capriles inscriben este lunes sus candidaturas para competir en las elecciones presidenciales del próximo 14 de abril.

Durante 14 años, en casi todos los aspectos de la vida de los venezolanos resonaba, para bien y para mal, el nombre de un solo hombre: su hipnótico presidente Hugo Chávez. El precio de la arepa, la energía eléctrica, el gas.... Chávez hablaba de todo en sus extensas alocuciones. Su compromiso irrestricto por favorecer las clases populares y hacerle la guerra a las oligarquías terminó por sembrar profundas divisiones en la sociedad. Después de su muerte esas diferencias se han exacerbado. Este lunes, después de que Nicolás Maduro y Henrique Capriles inscriban finalmente sus candidaturas para las elecciones presidenciales del 14 de abril, se iniciará oficialmente una batalla de ofensas y acusaciones entre el chavismo y la oposición, contienda que no promete sino profundizar la división.

En Venezuela no hay neutralismos. Difícilmente uno encuentra en las calles de Caracas un chavista amigo de un opositor, o viceversa. En los barrios populares, la figura de Chávez después de su muerte se ha convertido casi en la de un santo. Las calles están colmadas con imágenes de su rostro. Hasta los graffitis son oficialistas. En algunas iglesias aparecen retratos del comandante. El pueblo, tan beneficiado por el modelo Chavista que utilizó los ingresos petroleros para subsidiar programas sociales, no dudará en obedecer la orden que dio su comandante el 8 de diciembre, antes de partir hacia La Habana: "Cuando yo no esté, voten por Maduro".

Maduro, que es vicepresidente interino y a partir de hoy es también candidato,juró la continuidad de la revolución chavista y sus argumentos electorales se resumen en uno solo: "yo voy a ser presidente porque Chávez lo ordenó". Por el corto tiempo que ha pasado desde la muerte del presidente (el miércoles pasado), la efervescencia popular está muy viva y la apreciación generalizada de quienes componen la marea roja que se ha tomado el Paseo de los Próceres en Caracas, es que votar por Maduro es casi como mantener vivo a Chávez.

Después de que Capriles oficializará su candidatura este domingo y tildará a Maduro como "mentiroso" y oportunista por hacer campaña política al lado del féretro de su comandante, Maduro no tardó en salir a dar una declaración por las cadenas nacionales. Detrás suyo ya no estaba el cuadro con la imagen de Simón Bolívar, sino uno de Chávez. La primera parte de su discurso fue una apología al presidente fallecido. La segunda parte fue una serie de acusaciones - al estilo Chávez- contra Capriles: el "joven de los apellidos", que "tiene un apartamento de cinco millones de dólares en Estados Unidos", que hizo fiesta cuando murió Chávez, que está al servicio de las oligarquías, que ha cometido una responsabilidad histórica y que tendrá que pagar por eso. Lo contradictorio de su discurso fue que llamó al pueblo a "repudiar" a Capriles, pero al mismo tiempo llamó a la unidad y la paz.

Maduro, y esto lo saben tanto los chavistas como los opositores, no tiene el carisma de Chávez. Pero lo está intentando. El pasado jueves dirigió su segundo acto de masas tras la muerte del presidente (el primero fue el 10 de enero, día en que el fallecido mandatario debía tomar juramento para su nuevo período y en forma simbólica Maduro hizo jurar a los simpatizantes reunidos en Miraflores). Mostrando a un niño que estaba a su lado, dijo: “¿Dónde está el padre de este niño? Está perdido. Ayuden a conseguirlo”. Luego dijo “¿Tienen calor? ¿Quiénes de ustedes tienen botellita de agua? ¿Quiénes no tienen? Bueno, a esta gente hay que traerle agua....”. Claramente, buscaba revivir el estilo chavista, y hasta ahora lo ha logrado.

Pero, como dijo Capriles en su declaración, "Maduro no es Chávez", si queda presidente tendrá que tomar sus propias decisiones en algún momento y será entonces cuando se verá si el chavismo tiene futuro sin el comandante. A Venezuela, donde los índices de devaluación, desabastecimiento e inflación son alarmantes, le vienen tiempos difíciles para una economía afectada por un modelo que no logró crear fuentes productivas diferentes al petróleo. Maduro tendrá el reto de reformar la economía y darle continuidad al mismo tiempo que al modelo chavista.

Capriles por poco le complica el triunfo a Chávez en las elecciones de octubre. Logró demostrar que la oposición en Venezuela es una fuerza importante. Ahora volverá a las urnas para luchar contra un contrincante mucho menos tenaz que el indómito mandatario que murió. Sus argumentos, y los expuso ayer cuando anunció que será candidato, serán la inseguridad, la devaluación, la inflación, la miseria... una economía dislocada. Demostró que no tiene miedo de luchar, llamó a Maduro un "mentiroso" por "jugar con la esperanza de todo un pueblo" al ocultar los detalles sobre la muerte de Chávez, también dijo que su nombramiento fue "inconstitucional" y criticó a los máximos dirigentes de las Fuerzas Armadas y del Consejo Nacional Electoral, que se han mostrado al servicio del chavismo en un país donde, según la constitución, no puede expresar militancia hacia ningún partido y deben estar al servicio del pueblo.

Maduro auguró que el próximo 14 de abril será el "día de la resurrección" que el chavismo tendrá un triunfo electoral inédito en la historia de Venezuela. Lo que demostraron las elecciones pasadas, sin embargo, es que el pueblo está prácticamente dividido en dos mitades. Si Chávez la tuvo difícil con Capriles, probablemente Maduro la va a tener más. La batalla apenas comienza.