Niebla tóxica obliga a cancelar vuelos y cerrar autopistas en Pekín

Muchos habitantes se protegen con mascarillas de un aire calificado de "peligroso" por la Embajada de EE.UU.

Mientras China negocia en Durban (Sudáfrica) el futuro del cambio climático, la contaminación alcanza en Pekín cotas preocupantes. La nube gris -mezcla de bruma y polución- ha provocado la cancelación de cientos de vuelos desde el domingo pasado en los aeropuertos de Pekín, que se encuentran entre los más transitados del mundo, y el cierre temporal de algunas autopistas. Muchos habitantes de la ciudad han hecho acopio de mascarillas para protegerse del aire, que ha sido calificado de "peligroso" por la Embajada de Estados Unidos. La legación norteamericana tiene su propia estación de control. La situación ha movilizado a millones de chinos, que han escrito comentarios en los microblogs (servicios de mensajes cortos) para mostrar su enojo por la niebla tóxica (smog) que desde hace varios días cubre la capital.

"Hoy es otro bonito día de smog en Pekín. Esta mañana me he puesto una mascarilla. No sé cuánto tiempo viviré si respiro este aire peligroso durante todo el día", escribió un internauta en Weibo, el servicio de microblogs más popular de China. Taobao.com, el mayor sitio de compra por Internet del país, vendió 30.000 mascarillas el domingo, según la agencia oficial Xinhua.

Las organizaciones internacionales -entre ellas, Naciones Unidas- clasifican a Pekín como una de las ciudades con mayor contaminación del mundo, debido a su creciente consumo de energía -mucha de ella, obtenida a partir de combustibles fósiles- y su parque automovilístico. Según Greenpeace, la capital ha multiplicado por más de dos el consumo de carbón en los últimos 10 años, por lo que ahora hay más hollín en la atmósfera, junto con otros contaminantes secundarios como dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno, que también contribuyen a la niebla tóxica. El problema se ve agravado por los casi cinco millones de vehículos que circulan por sus calles.

Las autoridades afrontaron con decisión el problema en 2008, ante los Juegos Olímpicos. Clausuraron plantas de producción de electricidad, sacaron industrias de la ciudad, jubilaron autobuses y taxis obsoletos, sustituyeron miles de calderas de carbón por otras de gas, paralizaron las obras y restringieron el número de coches en las calles. Unas medidas fueron permanentes, otras temporales. Tres años después, el gran crecimiento económico y la continua llegada de coches a las carreteras han absorbido buena parte de lo ganado.

La frecuencia de las nieblas tóxicas registradas en los dos últimos meses ha dado un nuevo ímpetu al debate sobre la polución en Pekín, donde sus 20 millones de habitantes están cada vez más preocupados. La inquietud ha sido alimentada en parte por los datos que recoge la Embajada de EE UU, que los publica tanto en su web como en Twitter. Las cifras americanas han dejado en evidencia a las autoridades chinas, que han sido muy criticadas por sus ciudadanos, ya que, mientras EE.UU. clasifica la calidad del aire en función de las partículas finas, PM2,5, o de menor diámetro, Pekín solo hace públicos los datos de las que son iguales o menores a 10 micras (PM10). Los científicos aseguran que la contaminación en Pekín es causada principalmente por las más pequeñas, que son más peligrosas para la salud, ya que pueden pasar a través de vías de aire más finas y penetrar más profundamente en los pulmones, e incluso en la sangre.

El índice suministrado por la Embajada americana alcanzó un tope de 500 el domingo por la noche, lo que equivale al nivel "peligroso". La situación que se vive desde el lunes ha sido definida como "muy mala para la salud", un escalón menos perjudicial. Sin embargo, Pekín dijo el domingo que el aire se vio afectado por "contaminación ligera" durante el día.

Muchos ciudadanos han acusado a las autoridades de minimizar la gravedad del problema. Según el diario en inglés China Daily, si se adoptase el criterio de Estados Unidos en todo el país, solo en el 20% de las ciudades la calidad del aire sería calificada de satisfactoria, frente al 80% actual. Para los dirigentes chinos, se trata de no aplicar medidas o revelar datos que puedan provocar descontento y protestas sociales.

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José Reinoso, Pekín / El País de España

El Mundo

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