La poca esperanza que Kim ofrece a Corea del Norte

Observadores reconocen desarrollos importantes desde que Kim Jong-eun asumió el liderazgo del país en diciembre de 2011.

El presidente de Corea del Norte, Kim Jong-eun, junto a su esposa. / AFP
El presidente de Corea del Norte, Kim Jong-eun, junto a su esposa. / AFP

Interpretar la propaganda que sale de Corea del Norte es un juego de locos. Al primer minuto Pyongyang está por convertir a Seúl en un mar de fuego y al siguiente quiere abrazarlo en amor fraternal. Si dejamos a un lado la retórica, las únicas constantes son el reinado de la dinastía Kim, que cumple su año número 65, y la incansable determinación de construir misiles y aumentar su capacidad nuclear.

No obstante, hubo un estallido de entusiasmo académico en torno al saludo de Año Nuevo de Kim Jong-eun. En parte, porque de hecho hubo un saludo. Fue el primer pronunciamiento de este tipo en 19 años. Su padre, Kim Jong-il, se limitaba a editoriales escritos y sólo hizo una alocución en vivo a la nación de una sola frase.

Como dijo Evans J.R. Revere, de Brookings Institution, el joven Kim, educado en Suiza, se ha saltado el legado de su padre y en cambio “canaliza” a su abuelo. Adoptó la vestimenta, las maneras e incluso el peinado de Kim Il-sung, que lideró a al país desde 1948.

Además de ser más popular que su hijo barrigón, Kim Il-sung gobernó un país más próspero que priorizaba el desarrollo económico basado en la industria pesada. Kim Jong-il, en cambio, buscó una política de “prioridad militar” y presidió una terrible hambruna a finales de los años 90.

Si la forma del discurso de Kim parecía más prometedora, al menos superficialmente, también lo era el contenido. Hizo varios llamados a favor de la reunificación coreana y dedicó mucho más tiempo de su discurso a la economía que a los temas militares.

Corea “debería iniciar una lucha total para construir un gigante económico y mejorar la calidad de vida de su gente”, dijo. Es verdad que alabó a los militares por su lanzamiento de cohetes de diciembre, pero no habló de armas nucleares.

Al mirar más de cerca hay menos razones para entusiasmarse de lo que parece. De hecho Kim Jong-il había hecho llamados similares a favor de la reunificación y de una economía más fuerte. Sus prescripciones económicas tampoco eran particularmente inspiradoras. Se limitaban a vaporosas invocaciones a la “ciencia y tecnología”, y “escrupulosos arreglos para la planeación económica”.

Si no podemos esperar mucho de las palabras de Kim, ¿qué tal de sus actos? Primero debemos reconocer lo poco que sabemos sobre lo que sucede en Corea del Norte. Incluso los expertos mejor informados quedan reducidos a juntar trozos de información.

A pesar de esto, los observadores han reconocido desarrollos importantes desde que Kim asumió el liderazgo del país en diciembre de 2011. Hubo fuertes sugerencias de una renovada experimentación económica. A los agricultores se les dijo que podían mantener (y se supone que también vender) el 30% de su cosecha. Las unidades de producción de un número tan reducido como cuatro personas (en otras palabras una familia) se están permitiendo, dijo Andrei Lankov, especialista sobre Corea de la Universidad Kookmin. Esto puede ser prueba de una reforma agrícola del estilo chino.

Durante más de cuatro décadas Lankov ha sido escéptico sobre un cambio inminente en Corea del Norte. No obstante, una purga de los altos generales y un nuevo tono de liderazgo lo han convencido de mantener la mente abierta. Para él resulta más que superficial que Kim haya sido visto en público con su glamorosa esposa y asistiendo a un espectáculo con los personajes de Disney.

No todos han suspendido su escepticismo. “Quiero ser directo: el régimen no cambiará porque el Pequeño Kim estudió en Suiza, gusta de Mickey Mouse y tiene una esposa atractiva”, escribió Victor Chá, especialista estadounidense, en la revista Foreign Policy.

Incluso si él está equivocado y Kim quiere reformas, de ahí no se desprende que Pyongyang moderará su comportamiento hacia el mundo exterior. Hay temores de que intentará poner a prueba al gobierno surcoreano de Park Geun-hye con rufianismo militar. Corea del Norte, en el fondo, sigue siendo un Estado que extorsiona.

Pero el hecho de que desde Pyongyang haya señales interesantes es suficiente para hacerse la pregunta de cómo deben responder otros países. Park ya se ha distanciado de su predecesor, Lee Myung-bak, cuya línea dura no generó nada más que agresiones, e indicó que podría estar lista para hacer de los suministros de ayuda alimentaria algo que no necesariamente vaya acompañado de conversaciones sobre el tema nuclear. También habló sobre la posibilidad de realizar algún día una cumbre.

Parece la mejor forma de proceder, al menos hasta que sea más claro qué tipo de líder es Kim. Estados Unidos también podría pensar en, como dijo John Delury, de la Universidad de Yonsei, “relajar primero los puños”. Congelar a Corea del Norte ha demostrado tener menos efectos que las conversaciones.

Sea acercándose o castigando, de todas formas Kim no puede tener mucho qué ofrecer a cambio. El mensaje que envía Muamar Gadafi desde la ultratumba es que los líderes que no tienen armamento terminan como cadáveres tumefactos. Cuando llegue el cambio a Corea del Norte, será desde adentro.

396283

2013-01-12T21:00:00-05:00

article

2013-11-04T12:31:30-05:00

none

David Pilling, Financial Times

El Mundo

La poca esperanza que Kim ofrece a Corea del Norte

50

5262

5312

Temas relacionados