Al Qaida, cada vez más irrelevante en Irak

Todo está tranquilo en esta localidad rural al sur de Bagdad en la que Al Qaida hacía y deshacía. Hace unos meses, los soldados estadounidenses que patrullaban las plantaciones de trigo vecinas eran atacados a tiros. Para llegar allí, primero debían eludir minas sembradas en la carretera.<br /> 

“La diferencia es como el día y la noche”, asegura el capitán George Morris, de 26 años, quien esta semana visitó con sus hombres a varias familias campesinas en una zona a ocho kilómetros (cinco millas) al este de Latifiyah, cerca del río Tigris.
 
Lo mismo sucede en todo el país. La rama iraquí de al-Qaida ha perdido tanto terreno que podría resultar irrelevante en lo que suceda en el país. La guerrilla, no obstante, no ha sido totalmente eliminada y no se descarta que resurja si el gobierno iraquí no logra afianzar los progresos militares estableciendo servicios básicos para la gente de la zona, como el de irrigación de los sembrados.
 
Cuando el presidente estadounidense George W. Bush anunció el envío de otros 21 mil soldados a Irak en enero del 2007, se dijo que el principal objetivo era disminuir la capacidad de al-Qaida de fomentar la violencia sectaria.
 
A juzgar por lo visto en Latifiyah, ese objetivo se ha cumplido. El capitán del ejército iraquí Jassim Hussein al-Shamari, cuyos hombres son parte de la patrulla encabezada por Morris, dice que la situación cambió radicalmente.
 
“La gente va a delatar a los terroristas” si asoman la cabeza, sostuvo al-Shamari.
 
El general de brigada Jeffrey Buchanan, subcomandante de las fuerzas desplegadas en una faja de territorio que va desde el sur de Bagdad hasta la frontera con Irán en la provincia de Anbar, añadió que “la gente está harta de lo que vivieron cuando (al-Qaida) estaba aquí”.
 
Señaló que un aspecto fundamental para evitar la reaparición de al-Qaida es establecer servicios como el de irrigación y mejorar las relaciones entre el gobierno central y las autoridades locales.
 
“Esa relación es casi inexistente aquí”, afirmó Morris.
 
El gran interrogante es si al-Qaida podrá recuperar fuerza cuando se vayan los estadounidenses. La impresión generalizada es que, a pesar de sus retrocesos, al-Qaida mantendrá alguna presencia en Irak luego de la partida de Estados Unidos. La organización no existía en Irak antes de la ocupación de fuerzas lideradas por los estadounidenses.
 
No hay estimados oficiales acerca de la cantidad de combatientes de al-Qaida que hay en Irak. El servicio de inteligencia estadounidense calculó a principios del año que contaba con un máximo de 6.000 efectivos, pero esa cifra seguramente ha disminuido.
 
Y, lo que es más importante, han caído tantos líderes de la organización que los militantes que quedan no causan mucho daño, según dijeron varios oficiales estadounidenses.
 
El coronel Al Batschelet, quien supervisa las operaciones en la región de Bagdad, dijo que cuando comenzaron a caer los jefes, al-Qaida tuvo que recurrir a líderes de segunda línea y eso aceleró su declive.
 
El deterioro abarcó todas las áreas, incluida la de fabricación de las bombas que estallan al paso de los vehículos y que tanto daño han hecho a los estadounidenses.
 
Los mecanismos que activan los explosivos son cada vez menos sofisticados y efectivos, indicó Batschelet. Por otro lado, ya no están en condiciones de fabricar aparatos que cargan cientos de kilos de explosivos y raramente hacen explotar más de 11 kilos (25 libras).
 
“No pueden conseguir los materiales. Pero lo siguen intentando. Por eso no podemos decir que hemos acabado con su voluntad de combatir”, manifestó el militar.
 
El coronel Bill Hickman, comandante de las fuerzas que operan al noroeste de Bagdad, dice que en esa región observa el mismo fenómeno y que la violencia ha mermado mucho.
 
“Quedan algunas células de al-Qaida que pueden llevar a cabo operaciones”, expresó. “Siguen activos, pero no son tan efectivos como antes. Y sus bombas no son las de antes”, declaró.
 
Además de la campaña militar, en la declinación de al-Qaida en Irak incide también la decisión de los árabes suníes de aliarse con los estadounidenses.
 
El futuro de Irak podría depender de lo que decidan esos suníes, si seguir oponiéndose a los suníes extremistas o volver a unirse con ellos.
 
De un modo u otro, da la impresión de que al-Qaida ha perdido toda posibilidad de salir airoso en este conflicto. Ha sido expulsada de sus bastiones en la provincia de Anbar y también perdió el control de Bagdad y de Mosul, en el norte, aunque todavía puede lanzar ataques aislados en cualquier parte.
 
Stephen Biddle, del Consejo de Relaciones Exteriores de Washington, dijo en una entrevista que, sin el amparo de la población en centros urbanos, los combatientes de al-Qaida pasan a ser “terroristas furtivos”.
 

 

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