El largo camino al corazón de las Farc: primer día

<p>El primero de la serie de diez videos de un periodista español, corresponsal de ADN.es y su convivencia con las Farc durante igual número de días.</p>

Es noche cerrada en la selva colombiana. Ni un rayo de luna consigue atravesar la maraña de árboles y helechos que lo cubre todo. Oscuridad viscosa, absoluta.

Uno no logra verse las manos aunque se las ponga a cinco centímetros de los ojos. La única luz es la de la linterna de Cornelio, el guerrillero de las Farc que abre el paso, y esa luz se apaga cada vez que se oye en el cielo el rumor de un avión de guerra. Con ella señala las raíces y las matas con las que terminamos tropezando de todas formas.

El camino que iniciamos hace tres días se convirtió en senda hace dos y ahora no es más que un hilo de terreno poco pisado, oculto entre la maleza, que sólo puede ensancharse a golpe de machete.

Bajamos la ladera casi a tientas, entre el barro y las piedras húmedas, resbalando cada pocos metros. No hace ni dos horas Cornelio ha tenido que desenvainar su cuchillo para partir en dos a una serpiente coral que estábamos a punto de pisar. Intento calcular cuánta selva habremos caminado desde que remontamos el río en la lancha y aquel todoterreno nos internó monte adentro hasta que se le acabó la pista.¿Cuarenta kilómetros? ¿Cincuenta? Hemos hecho tantas eses, subido tantas laderas y atravesado tantos riachuelos que es imposible saberlo.

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