López Trujillo era un cardenal muy influyente en el Vaticano

A ojos de los expertos, la influencia de este hombre –nacido en Villahermosa, Tolima– sobre 1.100 millones de católicos y casi 200 cardenales de todo el mundo alcanzó su cima en febrero de 2005 cuando Juan Pablo II, en su lecho de enfermo en el Hospital Gemelli, le dijo que se preparara para asumir funciones papales.

Luego recibió una nota pontificia y fue el primer cardenal en relevar a un Papa desde el Altar de la Confesión, sobre la tumba del apóstol Pedro y bajo la cúpula de Miguel Ángel, en la celebración de la homilía y el lavatorio de los pies, el Jueves Santo. Desde entonces fue incluido en la lista de “papables” por medios europeos como Il Corriere della Sera y Paris Match.

Pocos religiosos han sido amigos de tres Pontífices. Su carrera hacia el poder empezó hace casi 50 años tras ordenarse sacerdote a los 25, estudiar en Europa y ser coordinador pastoral del Congreso Eucarístico Internacional, realizado en Bogotá en 1968 con presencia del Papa Pablo VI. Ahí cambió su vida. Él le reconoció su trabajo, en 1971 lo consagró obispo auxiliar de la capital colombiana y en 1974 lo confirmó como secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).

También por “cierto designio celestial” terminó conociendo a Karol Wojtyla, antes de que el cardenal polaco asumiera el trono vaticano. Fue a finales de 1978, cuando coincidieron en la puerta de salida de la sacristía de la Basílica de San Pedro. Viendo un aguacero que anegaba las calles de Roma, hablaron largo rato mientras esperaban a sus conductores. López Trujillo le contó los detalles de la cumbre del Celam que él organizaba en Puebla, México. Días después falleció Juan Pablo I, Wojtyla fue elegido y su primer viaje internacional fue a Puebla, donde el colombiano se lució como anfitrión y defensor de la tradición católica frente a los últimos coletazos de la llamada “teología de la liberación”.

Un año después el tolimense ya era presidente del Celam y el 2 de febrero de 1983 Juan Pablo II le impuso la birreta roja como el cardenal presbítero más joven, con 47 años de edad. Asumió como cabeza del Episcopado colombiano y en 1990 el Papa lo convocó como uno de sus ministros en Roma: Presidente del Pontificio Consejo para la Familia. Empezó a recorrer el mundo defendiendo los postulados de Wojtila ante un centenar de presidentes y ante la Asamblea de la ONU, hasta ser ascendido en 2001 a cardenal obispo, el equivalente a un general de tres soles.

Gracias a su fulgurante ascenso, era uno de los 60 cardenales más jóvenes y, por lo tanto, con mayor poder. En el Vaticano la antigüedad en los cargos y la edad resultan determinantes. Un cardenal apenas cumple 75 años debe renunciar ante el Papa y éste decide si le acepta el retiro o lo comisiona para alguna misión. Cuando cumple 80 pierde la voz y el voto a la hora de elegir Papa.

Una vez fallezca Joseph Ratzinger, ahora tiene 81 años, López sería quien dirigiría el Cónclave y la elección del siguiente Pontífice, al tiempo que sucedería a Ángelo Sodano en la decanatura del Colegio Cardenalicio, el órgano de mayor poder católico porque rige el gobierno de la Ciudad del Vaticano.

Este panorama lo ratificaba su vieja amistad con Benedicto XVI a quien conoció en Bogotá a comienzos de los años 70, cuando el cardenal vino a dictar una conferencia a los obispos colombianos y se quedó un mes. Ratzinger venía de Chile, donde fue criticado por no condenar la dictadura de Pinochet, y coincidieron en sus pensamientos de derecha. Consolidaron un bloque de rechazo a sus colegas de izquierda y se reencontraron en Colombia seis años después. Recorrieron la Sabana de Bogotá y el actual Papa quedó impresionado con la Catedral de Sal de Zipaquirá y con el capitalino barrio de La Candelaria. López le regaló una balsa muisca, hecha a mano en Guatavita, que el alemán exhibe en su despacho.


Se sabe que López resultó trascendental para convencer a los cardenales de elegir al alemán en el Cónclave de 2005. Durante el actual papado, su papel como defensor radical de las doctrinas se intensificó, generando controversias internacionales frente a temas como el sida, el uso del condón, el divorcio, los matrimonios homosexuales, el genoma humano, entre muchos. Una reconocida fuente vaticana señala: “Siempre han intentado ponerlo en contradicción política con el Santo Padre pero, por el contrario, se ha consolidado gracias a que representa la mano dura que los Papas no deben ejercer. La forma suave y firme de Juan Pablo II y de Benedicto XVI siempre requiere de la forma estricta y austera de López”.

Al nivel del colombiano sólo ubicaban a Bertone, secretario de Estado de Ratzinger, y al Presidente del Pontificio Consejo para Justicia y Paz, cardenal Renato Martino, quien maneja temas políticos y económicos.

La “versión terrenal”

Los contradictores de López Trujillo también abundan, desde que siendo arzobispo de Medellín se hizo pública una carta en la que 80 sacerdotes lo acusaban ante el Papa de excesos a la hora de ejercer su poder apostólico. En los años 80, a raíz de su cruzada contra los teólogos de la liberación, llegó a ser acusado de estar implicado en operaciones de la CIA contra el comunismo. En 1981, por ejemplo, la organización Pax Christi lo señaló por influir en el ala conservadora de la Iglesia de Nicaragua para enfrentar la revolución sandinista y favorecer la lucha del ejército de “los contras”, respaldado por los Estados Unidos.

En 1984 los cargos fueron hechos por el Nacional Catholic Reporter sobre su presunta colaboración con el programa “Medellín sin tugurios”, del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria. La versión fue retomada por la columnista María Jimena Duzán en El Tiempo –abril de 2005– para recordar sus “buenas relaciones” con el jefe del cartel de Medellín. El cardenal la rectificó diciendo que “nunca conocí, traté o permití que otros lo hicieran, a narcotraficante alguno. Solamente en fotos vi a Pablo Escobar”. Insistió en su “rechazo total al narcotráfico” hasta el punto de ser víctima de dos atentados contra su vida.

Sin embargo, a comienzos de 2006, Gustavo Salazar Pineda, reconocido abogado de capos anunció en Caracol Radio la publicación de El confidente de la mafia, libro en el que dice que López Trujillo recibió dinero de la familia Escobar Gaviria. “El cardenal hace algunos años, cuando era obispo de Medellín, salió en limusina, pasó por el centro de la ciudad y llegó hasta el Club Unión, donde varios capos, además de besarle el anillo, le entregaron un maletín con dólares”. Y se atrevió a asegurar que López Trujillo “es un amante furibundo del dinero para llevarlo al óbolo de San Pedro... así se hizo nombrar cardenal”.

Por hechos como ordenar la ex comunión de los médicos que le practicaron un aborto en Bogotá a una niña de 11 años violada por su padrastro, así como acusar de malhechores a los magistrados de la Corte Constitucional por despenalizar algunos casos de este delito, el cardenal es condenado por los más importantes columnistas del país.

El escritor Héctor Abad Faciolince lo calificó en la revista Semana de “malhechor, en el sentido etimológico de la palabra”. López le respondió recordándole que fue expulsado de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín por escribir un artículo “vulgar e insultante” contra Juan Pablo II y que, desde entonces, le profesa “odio ideológico”. Abad lo declaró “un hipócrita” y “nuestro nefasto cardenal colombiano”.

Un tema de escritores desde que el francés Stendhal se especializó en los secretos del Vaticano y retrató con realismo a papas bestiales y cardenales terribles. En “Vittoria Accoramboni”, el cardenal Montalvo supera todos los cuestionamientos y termina convertido en el vengativo Papa Sixto V.

¿Quién tiene la razón? Sólo Dios lo sabe. López Trujillo reasumirá su poder a la diestra de Benedicto XVI, no sólo como Prefecto de la Familia, sino como autoridad de las congregaciones para la Doctrina de la Fe, para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para la Comisión de América Latina y para la Causa de los Santos. En este momento nadie llega a siervo, beato o santo sin que el cardenal colombiano influya como lo está haciendo para la rápida canonización de Juan Pablo II y la beatificación de la reina española Isabel la Católica.

Mientras repone energías, López Trujillo acostumbra releer las Confesiones de San Agustín, La noche oscura de San Juan de la Cruz y le conmueve en especial el episodio bíblico de las bodas de Caná, donde Jesús le dice a su madre: “Todavía no ha llegado mi hora”.

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