Sin esperanza para Ingrid y los demás secuestrados: segundo día

<p>Segundo video de la serie del periodista español David Beriain, quien estuvo diez días con las Farc.</p>

El campamento de las FARC se levanta a las cuatro y media de la mañana. Vive al ritmo que marcan los pocos rayos de sol que atraviesan los árboles. Se despierta con los primeros y se duerme entre las siete y las ocho de la tarde, cuando el mundo se sume en la oscuridad más feroz.

El amanecer guerrillero tiene sonido propio, el crepitar de las radios que buscan en su dial los noticieros de la mañana. Radio Caracol, RCN o las emisoras locales del Magdalena Medio. Cualquiera que hable de la guerra. Hoy, sobre todo, hablan de Ingrid Betancourt, de su estado de salud y de si es posible su liberación antes de que la selva y el cautiverio acaben con sus fuerzas. He pasado la noche en una de esas camas que adiviné al entrar ayer al campamento, caminando a tientas con una linterna. Troncos cortados y tierra prensada para compensar el desnivel. Encima de la tierra, apenas una capa de hojas y un plástico como aislantes.

Nada que amortigüe el peso del cuerpo sobre el suelo. Duele la espalda, las caderas y los hombros. Así es como duermen los guerrilleros. Me pregunto si dormirán así también los más de 700 secuestrados en manos de las FARC. En este campamento no hay ninguno. Las radios siguen con su crujido rastreando las noticias.. "Dicen que aquí en la selva estamos aislados del mundo, que los guerrilleros 'farianos' no sabemos nada de lo que pasa en Colombia, pero no es verdad.

Aquí vemos televisión, documentales, escuchamos la radio y leemos los periódicos", cuenta Raúl, un joven guerrillero que es además sobrino del comandante. Lo cierto es que sobre las mesas hechas con troncos hemos podido ver ejemplares recientes del semanario comunista Voz e incluso el último ejemplar de la revista latinoamericana Gatopardo, con Juanes en su portada. Vea el texto completo haciendo clic aquí

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