En China el afán de tener varones alimenta el tráfico de niños

Una crónica de The New York Times alusiva a esta dura realidad.

Shenzhen. Los ladrones a menudo atacan al atardecer, cuando los niños están jugando afuera y sus padres están distraídos por el agotamiento.

Deng Huidong perdió a su hijo de nueve meses de edad en un parpadeo, cuando un hombre se lo arrebató a su hermana de siete años cerca de la puerta de su hogar. El automóvil ni siquiera se detuvo a medida que un par de brazos salía por la ventanilla y le arrebataba al niño.

Sun Zuo, gregario niño de tres años y medio, fue atraído por un mango rebanado, clavado en un palo, y un carrito de juguete, secuestro que fue capturado por cámaras de vigilancia de la policía.

Peng Gaofeng estaba atareado con sus clientes cuando un hombre se llevó a su hijo de cuatro años de edad de la plaza localizada frente a su local, mientras multitudes de trabajadores fabriles gozaban de una noche de primavera. "Aparté la vista por una minuto, y cuando lo llamé, él ya había desaparecido", dijo Peng.

Estos y miles de otros niños robados de los bulliciosos centros industriales en el Delta del Río Perla de China nunca han sido recuperados por sus padres o por la policía. Sin embargo, evidencia anecdótica deja entrever que los menores no viajan lejos. Aunque algunos son vendidos a compradores en Singapur, Malasia y Vietnam, la mayoría de los niños son comprados en el mercado interno, por familias desesperadas por un heredero varón, afirman padres de menores secuestrados y algunos oficiales de la ley que han investigado el tema.

La demanda es particularmente intensa en áreas rurales del sur de China, donde una tradición en la que se favorece a los varones por encima de las niñas, aunado a estrictas políticas de planeación familiar en el país, ha convertido la venta de niños robados en un próspero negocio.

Su Qingcai, agricultor dedicado a la siembra de té de la montañosa costa de la provincia de Fujian, explicó la razón por la cual había gastado 3,500 dólares el año pasado en un niño de cinco años de edad. "Sencillamente, una niña no es tan buena como un niño", dijo Su, de 38 años de edad, quien tiene una hija de 14 años pero cuyo propio hijo murió, cuando apenas tenía tres meses de edad. "No tiene importancia cuánto dinero tengas. Si no tienes un hijo varón, no eres tan bueno como otras personas que sí lo tienen".

La antigua tradición de darle general valor a los varones -- así como una tradición que dicta que una mujer casada se mude con la familia de su marido -- es reforzada por una realidad de tiempos modernos: Sin una verdadera red de seguridad social en China, muchos padres de familia temen acabar defendiéndose solos en la vejez.

La magnitud del problema es un punto en discusión. El gobierno chino insiste en que hay menos de 2,500 casos de tráfico humano cada año, cifra en la que se incluyen tanto mujeres como niños. No obstante, defensores de niños secuestrados dicen que quizá haya cientos de miles.

Sun Haiyangm, cuyo hijo despareció en 2007, ya hizo una lista de 2,000 niños dentro y en los alrededores de Shenzhen que desaparecieron en los últimos dos años. Dijo que ni uno solo de los niños contenidos en su base de datos había sido recuperado. "Es como pescar una aguja del mar", dijo.

Peng, quien fundó un grupo de padres de niños robados, dijo que algunas de las niñas eran vendidas a orfanatos. Eran las afortunadas que a menudo terminaban en Estados Unidos o Europa luego que sus padres adoptivos pagaran las cuotas del orfanato, las cuales rondan los 5,000 dólares.

Los infortunados, particularmente los niños de más edad, quienes no tienen demanda entre las familias, pueden terminar como prostitutas o trabajadores esclavizados. Algunos de los niños que mendigan o venden flores en importantes ciudades chinas trabajan para pandillas del mundo criminal que los secuestraron. "Ni siquiera quiero hablar acerca de lo les ocurre a estos niños", dijo Peng, conteniendo las lágrimas.

Indiferencia policial

Aquí en Shenzhen y la constelación de poblados dedicados a la manufactura que están repletos de trabajadores emigrantes, familias desesperadas dicen que prácticamente no reciben ayuda alguna de la policía local. En caso tras caso, dijeron, la policía insistió en esperar 24 horas antes de emprender acciones, y después alegó que ya había pasado demasiado tiempo para montar una investigación efectiva.

Varios padres de familia, mediante su propia inventiva y persistencia, han localizado imágenes de vigilancia que muestran los secuestros claramente en progreso. Sin embargo, incluso eso puede no lograr que la policía se mueva, dicen. "Me dijeron que una


cara no basta, que necesitan un nombre", dijo Cai Xinqian, quien obtuvo una cinta de una tienda de cámaras que mostraba a una mujer llevándose a su hijo de cuatro años de edad. "Si tuviera un nombre en mi poder, yo mismo podría encontrarlo".

Cheng Fengyi, cuyo hijo de cinco años de edad fue arrebatado del área exterior de su edificio de apartamentos en Huizhou, dijo que ella había llamado a la policía al instante que se percató de su desaparición. "Me dijeron que vendrían de inmediato", relató. "Salí a la calle a esperarlo y ellos nunca llegaron".

Cuando ella no está recorriendo las calles por la noche en busca de su hijo, Chen y su marido van a la estación local de policía y se ponen de rodillas. "Lloramos y les suplicamos que nos ayuden", dijo ella, "y todas las veces ellos nos dicen: ¿Por qué siguen tan aferrado a esta situación?"

Muchos padres de familia se hacen justicia por sí solos, publican volantes en lugares donde frecuentemente se venden niños, al tiempo que viajan por el país para apostarse afuera de jardines de niños a la hora de la salida. Unos pocos que administran establecimientos comerciales han convertido sus fachadas en exposiciones de personas desparecidas. "Gastamos nuestros ahorros de toda la vida, pedimos dinero prestado, haremos lo que sea por encontrar a nuestros hijos", dijo Peng, el propietario de un negocio de llamadas de larga distancia en Gongming, ciudad no muy lejos de Shenzhen. "Hay un hueco en nuestros corazones que nunca se cerrará".

La renuencia de la policía para investigar este tipo de casos tiene una diversidad de explicaciones. Con frecuencia los secuestradores apuntan a los hijos de trabajadores emigrantes porque son personas que están de paso, las cuales pudieran temerle a la policía local y cuyas injusticias no son atendidas como altas prioridades.

Lo que es más, la policía en la autoritaria burocracia de China muy rara vez es recompensada por responder a crímenes que afectan a gente que no tiene mucha influencia política. Peng dijo que la policía prefería ni siquiera abrir una averiguación sobre una persona


desaparecida, ya que los casos no resueltos hacen que ellos parezcan ineficientes, lo cual reduce sus bonos anuales.

Hay excepciones, en diversos casos de alto perfil, la policía ha aplicado severas represiones en contra de grupos dedicados al tráfico ilegal, publicitando los resultados. Sin embargo, este tipo de ayuda aún es inusual, destacan padres de familia.

Recurriendo e Beijing

Peng dice que los secuestros de niños se están convirtiendo en un problema que solamente el gobierno puede resolver. âl y otros han estado creando agitación por la creación de una base de datos de ADN para menores y nuevas leyes antitráfico que aplicarían penas a quienes compraran niños robados. "Si el gobierno puede lanzar satélites y capturar espías, pueden encontrar la manera de encontrar niños robados", notó Peng, quien dirige un sitio en Internet llamado Baby Come Home.

Chen Shiqu, el director de la Oficina para el Combate del Tráfico Humano, dependencia gubernamental que existe hace dos años y tiene su sede en Beijing, dijo que el problema de los niños robados era exagerado. Dijo que, contrariamente a defensores de padres de familia y algunos informes de los medios de comunicación, el número de casos iba en descenso, aunque no fue capaz de suministrar cifrar que respaldaran esa afirmación. "Tan sólo digamos que están bajando en 10 por ciento al año", dijo. Después, agregó que si los padres no estaban conformes con la respuesta policial, deberían comunicarse al 110, el equivalente del 911 de Estados Unidos.

Yang Jianchang, uno de los legisladores en Shenzhen, dijo que había estado intentando captar la atención del gobierno federal, con escaso éxito. Dos años atrás, dijo, un grupo de empresarios locales intentó lanzar una fundación enfocada a la localización de niños desaparecidos. Sin embargo, el gobierno, que requiere de la aprobación de la creación de organizaciones particulares, aún tiene que concederles el permiso.

En junio pasado, luego que enviara un informe con respecto al tema dirigido al gobierno central y no obtuviera respuesta, Yang empezó a enviarle una copia al Ministerio de Asuntos Civiles cada mes, aproximadamente. "Sencillamente no entiendo porqué nadie le está prestando atención a este problema", dijo. "Necesitamos a alguien en el gobierno central que pelee por los derechos del pueblo, alguien que tenga conciencia".

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