Guerra contra la mafia en México, en su punto más crítico

Capturaron a seis miembros de la familia Michoacana, la más poderosa del país. En respuesta, un policía y su familia fue asesinada.

La guerra que libran las autoridades mexicanas y los grupos del crimen organizado subió este miércoles nuevamente de temperatura con el arresto de seis miembros del cartel de La Familia Michoacana y el asesinato de un jefe policial y su familia en Veracruz.

La Secretaría de Seguridad Pública (SSP) presentó este miércoles a seis presuntos integrantes de La Familia, entre ellos el operador financiero Armando Quintero Guerra, alias “El Licenciado”. Quintero es el presunto responsable de mantener el contacto con compradores de droga en Los Ángeles (EE.UU.) y de “llevar el control y registro de los ingresos y egresos por la venta de droga del grupo delictivo”, precisó el jefe de la División Antidrogas de la Policía Federal, Ramón Eduardo Pequeño.

Además se confirmó el arresto de Lourdes Medina Hernández, de 24 años, identificada como la supuesta pareja sentimental de Servando Gómez Martínez, alias “La Tuta”, uno de los cabecillas de La Familia. En las últimas semanas las autoridades han intensificado el cerco contra ese cartel, que opera sobre todo en Michoacán (oeste) pero también en Guerrero (sur) y en el Estado de México (centro), después de que esa organización atacara varias comisarías y asesinara a 12 agentes federales, cuyos cuerpos fueron hallados el 14 de julio.

En lo que va de 2009 han sido detenidos 120 integrantes de esa banda delincuencial, en el 60 por ciento de los casos en tierras michoacanas. Entre ellos están Arnoldo Rueda Medina, alias “La Minsa”; Rafael Cedeño Hernández, alias “El Cede”; Óscar Barajas Landa, alias “El Perro”; Baltazar Valencia Gutiérrez, alias “El R”; Francisco Javier Frías Lara, alias “El Chivo”, y José Alberto López Barrón, alias “El Gordo”.

Las sucesivas acciones antidroga, como el reciente envío de 5.500 marinos, soldados y agentes federales a Michoacán, han permitido a las autoridades mermar la “capacidad de fuego y la movilidad” de los sicarios del cartel así como menoscabar su incursión en el negocio de las drogas de diseño, según la SSP.

Los esfuerzos, sin embargo, no han servido aún para frenar la ola de violencia que vive México, donde en lo que va de año 3.911 personas han sido asesinadas en actos relacionados con el crimen organizado, según datos extraoficiales publicados este miércoles por el diario El Universal. El año pasado fueron unos 6.000.

El último hecho sangriento tuvo lugar la pasada madrugada. El subcoordinador operativo de la Policía Intermunicipal Veracruz-Boca del Río, José Antonio Romero Vázquez, su esposa y sus cuatro hijos fueron asesinados en el domicilio del mando policial en el puerto veracruzano, en el este del país.

Junto al jefe policial murieron su esposa, Dolores Valentina Cruz Hurtado, de 35 años; dos hijos de la pareja, Mercedes y José Romero Cruz, de 12 y 7 años, respectivamente, y dos hijas de la mujer con otro hombre, Bárbara y Andrea Samanta Pérez Cruz, de 15 y 13 años, respectivamente.

Las investigaciones señalan que primero hubo un ataque a balazos, al que siguió otro con granadas contra la vivienda, lo que desató un incendio. El procurador (fiscal) de Veracruz, Salvador Mikel Rivera, dijo desconocer si Romero, que llevaba poco tiempo en su cargo, había recibido amenazas de la delincuencia organizada.

A este caso hay que sumar otro que costó la vida al director de la Policía del municipio de Praxedis G. Guerrero, en el norteño estado de Chihuahua, Juan Manuel Carvajal. Este miércoles se supo que Carvajal, en el cargo desde hacía dos meses, fue acribillado el lunes en la población de Juárez y Reforma, a unos 45 kilómetros de Ciudad Juárez, localidad fronteriza con El Paso (Estados Unidos).

Fuentes de la Subprocuraduría de Justicia estatal señalaron a Efe que el jefe policial murió por disparos de fusiles AK-47, característicos de los narcotraficantes, cuando circulaba a bordo de su vehículo.

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