Pastores luchan contra alcoholismo en Rusia

Cuentan que en ese país ninguna región se salva del flagelo del alcoholismo.

Vladislav Rintytegin es alcohólico, pero no ha bebido una gota de licor en tres años.   Rintytegin está por iniciar un viaje de un mes por la región de Chukotka para ayudar a personas que también sufren de alcoholismo. Según este hombre, no hay pueblo en el extremo noreste de Rusia que haya escapado del azote del abuso del alcohol.  

“Realizamos una competencia artística para niños. ¨Sabe lo que pintaron?”, preguntó el voluntario de la Cruz Roja de 47 años.   “Vidrios rotos, sangre, cementerios. Todo gracias al vodka”, dijo.  

Los setenta años de Gobierno soviético no lograron dominar a los nativos más aislados de Rusia, pero la “Perestroika” resultó ser devastadora. En la anarquía posterior, los cazadores furtivos diezmaron los rebaños de renos y cundió el desempleo.  

Repentinamente hambrientos de los subsidios de Moscú, los pueblos nativos del lejano noreste -los chukchis, los esquimales y los evens- se vieron incapacitados para detener el colapso de sus tradicionales modos de vida. El hambre, la pobreza y el alcoholismo se apoderaron de ellos.   “La gente ahora habla sobre ’la crisis’. Nosotros hemos vivido en crisis desde la década de 1990”, dijo Alexandra Khalkachan, de 56 años, una profesora de la lengua even en la ciudad de Magadan.  

Los siete años de mandato del Roman Abramovich como gobernador de Chukotka dieron algo de esperanza a la población local, donde el día comienza nueve horas antes que en Moscú. Antes de dejar su cargo el año pasado, el dueño del club inglés de fútbol Chelsea gastó 2.500 millones de dólares en la región.  

La cría de renos está regresando y los ingresos en Chukotka han aumentado cinco veces desde finales de la década de 1990.   Pero el alcoholismo todavía afecta a 1.700 personas, o 3,5 por ciento de la población, dice Roman Kopin, el gobernador de 35 años que reemplazó a Abramovich.

La mitad de quienes lo padecen son personas nativas, cuya tolerancia biológica para el alcohol es más baja.   Los grupos nativos constituyen el 30 por ciento de la población en Chukotka, una territorio del tamaño de Francia e Islandia juntas, donde los renos superan en número a las personas en un ratio de 4 a 1. Los chukchis, quienes constituyen el 23 por ciento de los 50.000 habitantes de la región, son el mayor grupo después de los rusos, quienes representan la mitad.  

El consumo anual de alcohol per capita en Chukotka es de 26 litros, versus los 18 litros de todo Rusia. El problema es tan serio que la venta de licor fuerte está prohibida en todo Chukotka desde las 20.00 horas hasta el medio día del día siguiente.   Ida Ruchina, directora de la Cruz Roja en Chukotka, dice que el problema proviene del impacto del período post-soviético. 

 “Ellos quedaron aislados del terreno continental y pensaron que, tal vez, nadie los necesitaba ya”, sostuvo en su oficina de la capital regional, Anadyr, donde ha vivido durante 10 años. "Muchos trataron de esconder sus problemas. El alcohol devino en una forma de vida”, agregó.  

El programa de la Cruz Roja usa tanto métodos médicos como psicológicos. Rintytegin organiza un grupo de Alcohólicos Anónimos en Anadyr, el cual atrae a siete u ocho personas por reunión, siempre caras diferentes.   “No tenemos un índice de éxito del 100 por ciento. Tal vez sea del 10, 15 ó 20 por ciento. Pero si no viésemos ningún resultado, habríamos dejado de hacer las reuniones hace mucho tiempo”, aseveró.  

El alto índice de desempleo entre los nativos es una de las causas del problema, dijo Ruchina. Su organización trae a jóvenes de pueblos linderos para aprender lo básico de llevar adelante un pequeño negocio y hacer artesanías para los turistas.  

“Lo importante es que encuentren su lugar en el sistema. Puede que los salarios sean bajos, pero lleva a que la gente piense que pueden continuar y ganar más”, explicó.

 

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