Cruz Roja lleva agua y alimentos a las víctimas del terremoto en Chile

Miles de familias quedaron sin hogar tras el sismo de 8,8 grados de magnitud en la escala Richter.

La Cruz Roja llevó agua, alimentos, medicamentos y ropa, donada por los chilenos, a los "olvidados" del terremoto que en la madrugada del pasado sábado también castigó duramente a los barrios más humildes de la capital de Chile.

Desde primera hora del sábado, los chilenos empezaron a llegar a un almacén que la Cruz Roja tiene en Santiago con todo lo que encontraron en sus casas que pudiera ser de ayuda para los damnificados.

"Cualquier cosa es útil" apuntó a Efe el joven Jorge Correa mientras iban llegando bolsas con ropa, calzado, alimentos, pañales, mantas y medicamentos.

"Más allá de la camiseta física de la selección de Chile hay que ponerse la camiseta del país", indicó a Efe Felipe Pagarati, que se acercó a la Cruz Roja a prestar su ayuda.

En gestos solidarios que los medios no han difundido mayormente hasta el momento, hubo incluso quienes ofrecían sus automóviles y se prestaron de conductores para repartir la ayuda.

"Yo no he sufrido ningún daño, tengo de todo y no tengo nada que hacer", señaló a Efe Eduardo Jofré, mientras 15 voluntarios, de varias nacionalidades, organizaban el material recibido y lo cargaban en el maletero de su automóvil.

"Para la gente representa algo lindo estar ayudando a sus compatriotas. No solamente los que reciben, para los que dan también es un regocijo", explicó el voluntario Francisco Palma, que se mostró tremendamente agradecido con una ciudad que desde el primer minuto se volcó con la catástrofe.

Y fue gracias a esta solidaridad, que poco después de las 14.00 hora local (17.00 GMT) de este lunes, dos días después de que el sismo de 8,8 grados de magnitud en la escala Richter sacudiera el centro y sur de Chile, la ayuda empezó a llegar a familias que la madrugada de este sábado lo perdieron todo.

"Estamos durmiendo en la calle", explicó a Efe Julio Rodríguez, que vive junto a su mujer y su hija embarazada en el pasaje de Chacabuco, en el barrio santiaguino de Yungay, y cuya casa quedó "inhabitable" tras el temblor.

Hoyos, grietas, paredes abiertas, suelos hundidos y baños quebrados fueron algunas de las secuelas que dejó el sismo en este humilde barrio de Santiago de casas de adobe, que llevan más de 80 años en pie.

"Hay que irse de aquí. No sabemos si esto aguantará un nuevo temblor. Pero no tenemos ni plata ni a donde ir", comentó a Efe Aysha Arenas, mientras vigilaba a su hijo de dos años, que jugaba entre los escombros.

"Los niños no hablan de otra cosa, pero están jugando a ser mayores", añadió entre lágrimas.

Las 19 familias de esta calle, entre las que se cuentan 8 bebés, 10 niños, 45 adultos y 12 ancianos, recibieron con los brazos abiertos la primera ayuda que llegó a este rincón de Santiago que sufre en silencio la huella de un terremoto que dejó a sus habitantes sin nada.

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