Comicios iraquíes, cruciales para la agenda política y militar de Obama

Si las elecciones se desarrollan sin complicaciones, las tropas abandonarán progresivamente Irak.

Las próximas elecciones en Irak no sólo son importantes para la madurez democrática del país, sino también para Estados Unidos, que quiere que Bagdad dirija su propio destino para cerrar el doloroso capitulo de la invasión de 2003.

EE.UU. ha tenido que enfrentarse a múltiples obstáculos y reveses en los siete años desde la invasión de Irak, pero Washington ha dado a entender que nunca ha habido tanto en juego para el futuro de ese país y las relaciones bilaterales como ahora, con estas elecciones parlamentarias, en las que participan 6.172 candidatos.

En el plano político, los comicios determinarán el futuro de la relación de EE.UU. con Irak, y en el militar la retirada de las tropas.

El presidente de EE.UU., Barack Obama, había basado su campaña electoral presidencial de 2008 en buena parte en sus promesas de poner fin a la impopular guerra en Irak, en la que han fallecido 4.380 militares estadounidenses hasta la fecha y que ha supuesto un gasto de centenares de miles de millones de dólares para las arcas del Estado.

El año pasado Obama anunció la salida de las tropas de combate para finales de agosto, reduciendo el actual nivel de 96.000 efectivos a 50.000, y la marcha de los últimos soldados para finales de 2011.

En enero, en su discurso sobre el Estado de la Unión, aseguró que "la guerra se acerca a su fin" y los soldados "vuelven a casa".

Por eso, la promesa de Obama será sometida a un importante test el próximo 7 de marzo, cuando 18,9 millones de votantes iraquíes registrados elegirán un nuevo Gobierno.

Si las elecciones se desarrollan sin complicaciones, las tropas abandonarán progresivamente Irak, según el calendario anunciado, pero si se desata una crisis, Obama podría modificar su estrategia, lo que además podría afectar a su principal objetivo político interno para este año, la creación de empleo.

Con una tasa de desempleo del 9,7 por ciento y una economía que sólo comienza a recuperarse de la recesión, Irak ha dejado de ser una prioridad para Obama, quien se centra ahora en el segundo frente bélico heredado de sus predecesor George W. Bush, Afganistán, y en la política nacional.

La fase crítica para EE.UU. será la que comenzará inmediatamente después de las elecciones, cuando los líderes políticos iraquíes de las diferentes coaliciones tendrán que formar Gobierno.

En la memoria colectiva están todavía los comicios del 2005, que no lograron poner fin a la inseguridad, la creciente corrupción y las tensiones sectarias.

El embajador estadounidense en Bagdad, Christopher Hill, advirtió recientemente en Washington que la formación de un nuevo Gobierno iraquí puede "tomar algún tiempo" , aunque destacó que el clima político y de seguridad es "diferente" al que había en 2005.

Pese a admitir que la seguridad en Irak siempre es un motivo de "preocupación" , se mostró confiado en que las elecciones serán percibidas como libres y justas, porque de lo contrario sería "bastante desalentador para la democracia" en ese país.

En cualquier caso, el jefe de las tropas estadounidenses en Irak, el general Ray Odierno, ha elaborado "planes de contingencia" para cualquier eventualidad y para poder reducir el ritmo de la retirada si así fuera decidido, según admitió la semana pasada en el Pentágono.

El secretario de Defensa, Robert Gates, ha matizado que tendría que producirse un "deterioro considerable" de la seguridad en Irak para que se produjera un ajuste de los planes del Gobierno de EE.UU.

"La verdadera prueba no será la reacción de los ganadores, sino cómo los perdedores acepten los resultados. La calidad de una democracia queda determinada por los perdedores" , sentenció Hill.

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