Mujeres, la otra cara del terror en Rusia

La participación femenina en atentados suicidas dejó de ser una tendencia para asentarse plenamente.

La participación femenina en atentados suicidas en suelo ruso atribuidos a la insurgencia del Cáucaso Norte ha dejado de ser una tendencia para asentarse plenamente. Las mujeres se han convertido en la otra cara del terror, las viudas negras de Chechenia: esposas, hermanas o hijas de los caídos en los enfrentamientos de 1994 y 2000.

Para Magnus Ranstorp, máxima autoridad en terrorismo del Instituto Sueco de Defensa, la intervención de cuatro mujeres en los ataques de el lunes contra el metro de Moscú apunta directamente a las viudas negras y remite al vínculo étnico. Pese a las vacilaciones iniciales del Gobierno del presidente ruso Dimitri Medvédev, Ranstorp ve en estas mujeres un motivo más para rechazar un aumento de la influencia de Osama Bin Laden en la lucha independentista. “Nunca ha habido muchos extranjeros de Al Qaeda en Chechenia, a pesar de algunos que, como Mohamed Atta (ideólogo del 11-S), querían unirse, inicialmente, a la lucha en el Cáucaso”, asegura.

Desde el 2000, la guerrilla ha convertido a las chechenas en un arma. Para las mujeres es más fácil pasar desapercibidas, levantan menos sospechas y no les impulsa una idea, sino el desamparo y la venganza, dos peligrosas razones. Tanto la propaganda rusa como la chechena han utilizado ambos argumentos, generando imágenes de las suicidas que van desde el fanatismo radical a la absoluta desesperación. Solas, no tienen nada que perder.

El último objetivo de las suicidas, una estación cercana a las oficinas del servicio de inteligencia ruso, es, además “ilustrativo del hecho de que quieren golpear simbólicamente movidas por la venganza”, explica Ranstorp. Las mujeres han protagonizado casi la mitad de los ataques de la insurgencia caucásica contra Rusia desde 2002, cuando la irrupción de medio centenar de militantes (22 de ellos mujeres) en el teatro Dubrovka causó 117 muertos. Sólo un año después, en junio de 2003, Zarema Muzhakhoyeva, la esposa de 22 años de un independentista checheno fallecido, se convirtió en la primera viuda negra. “No os odiaba antes, os odio ahora, y cuando vuelva os haré volar a todos”, dijo tras sobrevivir a un atentado fallido en una cafetería de Moscú.

“Con frecuencia son mujeres próximas a los terroristas”, explica a France Presse Vladimir Vassiliev, jefe del comité de seguridad de la Duma (cámara baja del Parlamento). El fenómeno no se circunscribe al conflicto caucásico. La participación de mujeres en actos terroristas llega a Sri Lanka, Irak o Palestina, y tiene una estrecha vinculación con la amenaza islamista, ya se trate de militantes radicales o jóvenes repudiadas. Porque entre estas viudas también hay embarazadas, madres de bastardos o incluso deficientes mentales que son chantajeadas o engañadas para inmolarse por la causa, cuenta Yulia Yuzik, en Las novias de Alá. Según la periodista rusa, sólo una de cada diez está dispuesta a morir por una idea.