Asesino sin historia

Muy pocos vecinos del tranquilo barrio de clase media-alta que se extiende alrededor de la calle Yogananda en Newtown habían reparado en el joven delgaducho y pálido que vivía desde hace 20 años en el número 36.

Hasta el viernes, cuando Adam Lanza descargó un tiro en la cabeza a su madre, Nancy, antes de recorrer los ocho kilómetros que separan su casa de la escuela primaria de Sandy Hook, donde asesinó a 26 personas —20 de ellas niños— antes de quitarse la vida.

“Era un joven muy tímido, bastante retraído”, explica Kathy Brophy, que vive a unas calles de distancia de los Lanza y cuyo hijo solía jugar de pequeño con el asesino. En el vecindario pocos recuerdan a Adam Lanza o a su hermano Ryan.

Ese carácter reservado de los Lanza es el que está complicando a las autoridades la elaboración de un perfil que pueda explicar las razones que llevaron al joven a disparar de manera indiscriminada contra niños. El pasado de Lanza es una incógnita de la que no hay casi rastro. No tiene perfil en ninguna red social y su foto ni siquiera aparece en el mosaico de su promoción, la de la clase del 2010 del Newtown High School. Su paso por ese instituto también aparece difuminado. Apenas hizo amigos y sus compañeros lo recuerdan como un chico “callado y brillante”. Tanto él como su hermano Ryan, de 24 años, pertenecían al club de tecnología, donde “pasaban muchas horas jugando a los videojuegos en la sala de televisión”, cuenta Tim Arnone, que conocía a Lanza desde que coincidieron en Sandy Hook.

En las últimas 24 horas se ha tratado de desentrañar la oscura vida de Adam Lanza. Dicen que su hermano confesó a la policía que padecía problemas mentales y que hacía dos años no hablaba con él. La policía asegura que en la vivienda familiar han dado con pistas para explicar “cómo y por qué Lanza hizo lo que hizo”. Las dirán cuando logren entender lo inexplicable.