Atacar a Somalia, una vez más

El gobierno de Kenia lanzó una nueva ofensiva en territorio somalí en contra del grupo radical islámico Al Shabab.

Dos mujeres participan en una protesta contra la violencia en la Universidad de Garissa, donde la milicia Al Shabab asesinó a 148 personas. /AFP

El gobierno de Kenia lo ha pensado casi todo para detener el flujo de radicales somalíes a su territorio. Las dos últimas propuestas, polémicas desde el principio, fueron lanzadas a comienzos de marzo pasado por el presidente keniata, Uhuru Kenyatta: una consistía en incrementar decididamente la deportación de refugiados somalíes y la otra, la construcción de un muro de contención en el sur, que controle el flujo humano cerca de la isla turística de Lamu.

Aún no había tenido lugar el ataque a la Universidad de Garissa (Kenia) que dejó 148 personas muertas a manos del grupo extremista islámico somalí Al Shabab y por supuesto, la brutal violencia de la masacre encendió nuevamente el rechazo de Kenia y la encaminó hacía una nueva ofensiva militar que pretende la neutralización de la milicia islamista en puntos claves. Los bombardeos se enfocaron en primera instancia contra dos campamentos en la región de Gedo.

Masacres como la de la Universidad de Garissa recuerdan entonces la imagen que por décadas ha tenido Somalia entre sus vecinos africanos. Ese país de estados fallidos, de hambre, inestabilidad política, disputas tribales y ausencia de recursos, se convirtió en el problema prioritario de la Unión Africana (UA), que en 2007 y con una buena dosis de inercia keniata, lanzó la Misión para el Apoyo a Somalia (Amisom), que pretendía estabilizar las ruinas que desde 1991 había dejado la caída del sistema dictatorial de Siad Barré. El llamado Gobierno de Transición de Somalia (GTS) instaurado en 2006 —heredero del Gobierno Nacional de Transición de Somalia formado en el año 2000— tuvo entre sus tareas esenciales derrotar a Al Shabab, que ya entonces había lanzado el grito yihadista en la nación con una consecuente toma militar de puntos estratégicos de la geografía somalí.

La ofensiva encabezada por la Amisom desplazó a los milicianos de sus sitios de privilegio y Al Shabab relegó su lucha a ataques aislados en Somalia y otros países como Kenia, Uganda y Etiopía, con los que no solo pretendía enviar un mensaje de vigencia internacional, sino vengar la intervención de sus gobiernos en las batallas que les quitaron el puesto de mando.

Entre esas naciones, Kenia es la que más ha sufrido las incursiones de los yihadistas, a pesar de la mano dura contra la milicia siempre anunciada por Nairobi. Desde abril de 2013, Al Shabab ha matado a más de 400 personas en Kenia. Los resultados de la última ofensiva keniata, derivados del ataque a Garissa, aún no se han hecho públicos, como se desconoce también el tiempo por el que se prolongará este nuevo ciclo de acciones militares contra los radicales.

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