Bachelet, a la caza del Parlamento

Las promesas reformistas de la expresidenta y candidata solo podrán lograrse con un apoyo legislativo mayoritario. Es poco probable que lo logre.

Más que su triunfo, que lo tiene asegurado en primera o segunda vuelta, lo que estará en juego para la socialista candidata de la opositora Nueva Mayoría, Michelle Bachelet en las elecciones del próximo domingo, será lograr un número suficiente de parlamentarios, más del 67 por ciento, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado, para poder materializar los temas centrales de su programa: Nueva Constitución, Reforma tributaria, y Educación de calidad y gratuita para todos. "Necesitamos una mayoría contundente", dijo Bachelet el jueves en su discurso de cierre de campaña. Porque en el día de hoy lo que los chilenos elegirán, además de Presidente, será senadores, diputados (equivalentes a los representantes en Colombia) y consejeros regionales.

Podría dar una sorpresa la candidata Roxana Miranda, del Partido Igualdad, con menos de un uno por ciento en la prestigiada encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) realizada hasta octubre, pero con fuerza en los movimientos sociales, y que en las últimas semanas, después de la última encuesta, ha arremetido publicitariamente con carisma y autenticidad en los debates y franjas televisivas, subrayando su origen netamente popular, usando la frase "yo no represento al pueblo, yo soy pobladora, yo soy nana, yo soy obrera, yo soy el pueblo".  Tal como va, podría ser la Evo Morales de Chile en las elecciones para el período 2018-2022.

El desafío de ganar el Parlamento es en extremo difícil para Michelle Bachelet (e imposible para Roxana), porque en las elecciones parlamentarias rige el sistema binominal (impuesto por una ley orgánica constitucional de Pinochet, que también requiere de un alto quórum para reformarse). Este sistema consiste en la elección de solo dos cargos por circunscripción (senadores) o distrito (diputados), obligando a que los partidos se agrupen en coaliciones para tener opción, y marginando a las minorías que no se asocien, o cuya lista no alcance a superar a alguna de las dos mayoritarias. Hoy las dos coaliciones son Nueva Mayoría (antigua Concertación por la Democracia más el Partido Comunista), opositora, de centro izquierda, y la Alianza por Chile, que agrupa a los partidos de derecha y centroderecha Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN). Los dos cargos que se elijen corresponden a las dos listas con primera y segunda mayoría. Para que una coalición pueda instalar dos parlamentarios debe "doblar" en cantidad de votos a la lista contraria con más votos. Por lo general oficialismo y oposición se han equilibrado en el Congreso y los cambios se deben hacer por negociación y consenso entre las dos fuerza sin dar oportunidad a los sectores no adheridos a las coaliciones principales. Es justamente el propósito del sistema binominal, creado por Pinochet, copiado al polaco Jaruzelsky en 1980.

Acerca del proceso para una nueva Constitución, dice el programa de Bachelet: "…la ciudadanía debe participar activamente en la discusión y aprobación de la Nueva Constitución. Para tal efecto, el proceso constituyente supone, de entrada, aprobar en el Parlamento aquellas reformas que permitan, precisamente, una deliberación que satisfaga esta condición". Es decir, para generar una nueva Constitución, Bachelet plantea reformar primero la actual Constitución, introduciéndole el mecanismo del que carece.

La Constitución vigente, elaborada en la dictadura de Pinochet y aprobada por un plebiscito en 1980, en un proceso carente de garantías mínimas, aunque ha sido reformada en varias oportunidades, carece de una legitimidad de base y de mecanismos para abolirla y crear una nueva. Para su reforma se requieren tres quintas partes —o dos tercios, según el articulado a reformar— de los diputados y senadores en ejercicio. O sea, el 60 o el 67 por ciento del total de parlamentarios. ¿Reunirá esa mayoría parlamentaria Bachelet?

Mientras Bachelet quiere asegurar un proceso institucional para la elaboración y aprobación de la Nueva Constitución, para lo que requiere una amplia mayoría parlamentaria, los movimientos sociales han organizado una campaña para que se marque con la sigla "AC" (Asamblea Constituyente) la parte superior del voto, ya que ello no lo anula, según la ley, y sí sería manifestación de la voluntad ciudadana que haga innecesaria una tal alta mayoría parlamentaria y dar legitimidad a la generación de una nueva constitución en un proceso alternativo a los permitidos por la carta pinochetista. La Asamblea Constituyente es bandera de los otros candidatos a la izquierda de la Nueva Mayoría.

De acuerdo con un análisis de los datos de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) la socialista Michelle Bachelet ganaría en primera vuelta las elecciones presidenciales con un porcentaje de votos superior al 50% de los sufragios. Su más próxima contrincante, con un porcentaje de votos inferior al 20% sería la derechista Evelyn Matthei, hija del general de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), Fernando Matthei, miembro de la Junta Militar de Gobierno durante la dictadura de Pinochet. Evelyn Matthei es la candidata de la gobernante coalición Alianza por Chile. Los otros siete candidatos son el ingeniero comercial Franco Parisi, con diez por ciento o menos, y el politólogo Ricardo Israel (con menos de uno por ciento) quienes restan votación a Matthei. Los que restan votación a Bachelet, con riesgo de empujarla a una segunda vuelta, son el independiente de centro Tomás Jocelyn-Holt (menos de uno por ciento) y los izquierdistas Marco Enríquez-Ominami (ocho por ciento), Marcel Claude (tres por ciento), Alfredo Sfeir y Roxana Miranda (menos de uno por ciento).

El eventual triunfo de Bachelet, hoy, en primera vuelta, deberá pasar sin embargo por el cedazo de la abstención electoral que en las pasadas elecciones municipales del año 2012, en las que debutó el voto voluntario, fue de un 60 por ciento.-

 

 

 

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