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Bachelet, rumbo a la presidencia

El trasfondo de una contienda en la que la irrupción de movimientos de descontento social ha venido siendo creciente en los últimos dos años.

Michelle Bachelet. /AFP

Posiblemente éstas sean las elecciones más predecibles, y también más polarizadas, que ha vivido Chile en los últimos veinte años. Unas elecciones que, parece, darán una victoria sin paleativos a la expresidenta chilena y exdirectora de ONU Mujeres, Michelle Bachelet.

A tal efecto hay que tener en cuenta algunas consideraciones más allá de esta primera vuelta. Por un lado, el oficialismo, que fue también derrotado en las primarias conservadoras, no ha sido capaz de repuntar una intención de voto sumamente debilitada. Con el fin de buscar mayor respaldo, su candidata presidencial, Evelyn Matthei, ha radicalizado un discurso en el cual se ha priorizado movilizar al electorado antes que buscar, por medio de un planteamiento más moderado, el voto de centro e indeciso. Lo cierto es que, más bien, Matthei ha evocado algunos fantasmas del pasado, con olor rancio a los años del pinochetismo y que, muy posiblemente, le van a pasar factura política.

Del lado de Bachelet, lo más destacable es el apoyo a su figura política. El hecho de haber residido en Estados Unidos por casi tres años no ha afectado en absoluto ni a su popularidad, ni a la capacidad de movilización en la Nueva Mayoría. Una alianza, si cabe mucho más ambiciosa que la de 2006, y en cuyo programa se apunta a una nueva Constitución, un reforma educativa que garantice la gratuidad universal, y que supone un guiño al fuerte movimiento estudiantil, una importante reforma tributaria con mayor impronta en la progresividad –los que más tienen, que paguen más–, y un aperturismo incluyente a la izquierda comunista. Además, conocedora de este grado de aceptación en buena parte de la sociedad chilena, Bachelet ha optado por una estrategia distante, sin encono ni confrontación electoral.

El trasfondo de esta contienda es el de una sociedad como la chilena, fuertemente desafecta, y en la que la irrupción de movimientos de descontento social ha venido siendo creciente en los últimos dos años. Así, junto a la reivindicación estudiantil, la demanda de mayores niveles de protección al consumo o la reivindicación de mayor equidad social, se han convertido en aspectos nucleares en tornos a los que construir un discurso político, real, capaz de dar una respuesta satisfactoria a las demandas de la población.

Bachelet ha sabido dar cabida en su programa político a tales reclamaciones, a la vez que la desconfianza hacia el oficialismo, y es por ello que se pueda pensar en una victorial electoral incontestable que confirme la apuesta por el cambio que está requiriendo en particular la izquierda, y en general, la población chilena.


*Profesor de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Santo Tomás