Bachelet y su ambiciosa reforma política

Este año no ha sido fácil para la presidenta de Chile. A los desastres naturales que ha debido enfrentar se le suman varios escándalos de corrupción que salpicaron a su entorno familiar.

Michelle Bachelet, la primera mujer presidenta en la historia de chile (2006-2010) está pasando serias dificultades en su segundo mandato. Luego de haber tenido índices de aprobación que rondaban el 80% hoy la mandataria apenas si logra un exiguo 29%. Algo histórico. El rechazo hacia su gobierno alcanzó también niveles inéditos: 56%, según una encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) presentada hace dos días. “Sin lugar a dudas, éstos son los peores registros en términos de aprobación obtenidos por Bachelet a lo largo de su primer y segundo mandato", sostuvo Ricardo González, coordinador del Área de Opinión Pública del CEP y encargado de dar a conocer los resultados.

Estos resultados fueron la antesala a un anunció de Bachelet: “Le pedí la renuncia a todos mis ministros. Me tomaré 72 horas para saber quién se queda y quién se va”. Y añadió: “He considerado hacer una evaluación de gestión para determinar el equipo que me acompañará en un nuevo ciclo”. El segundo mandato de la presidenta socialista comenzó el 11 de marzo de 2014 y en solo ese tiempo ha tenido que enfrentar tres escándalos de corrupción (Pentagate, Nueragate y SQM) que sacó a su hijo mayor, Sebastián Dávalos, de la Dirección Sociocultural de la Presidencia. Él y su esposa, Natalia Compagnon, están involucrados en un millonario negocio de especulación inmobiliaria. Pero quizás lo más grave, es que la mandataria tiene hoy el peor índice de popularidad.

Según analistas, con esta medida la mandataria busca atajar la crisis política que atraviesa el país a raíz de los escándalos de corrupción político-empresarial surgidos en los últimos meses. De hecho la encuesta revela que el 48% de los chilenos, rechaza la reacción de la mandataria tras los casos de corrupción política y empresarial. Dicen que manejó muy mal las crisis.

De hecho, la corrupción es, junto con la delincuencia (46 %), la salud (45 %) y la educación (40 %), uno de los temas que más preocupa a los ciudadanos y que en este sondeó alcanzó un porcentaje del 28 %, 19 puntos más que los resultados obtenidos en la última encuesta.

El sorpresivo anuncio de la presidenta, sin embargo, parece que dará resultados, según expertos. “Exigir la renuncia de sus ministros "es una señal de autoridad, un golpe de efecto", le dijo a la AFP Fernando Rosenblatt, doctor en ciencias políticas y profesor de la Universidad Católica de Chile. Para el politólogo Mauricio Morales, de la Universidad Diego Portales, es un intento de volver a encauzar su gobierno. "Lo que está realizando la presidenta es un golpe de timón que puede tener efectos significativos en la composición de su gabinete", dijo a la AFP. La medida es drástica porque "hará una cirugía mayor dentro de su gabinete, sacando a su ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo, algo que era casi impensado, y eso va a implicar un cambio muy profundo", estimó Morales.Peñailillo, considerado el "hijo político" de Bachelet, quedó en el ojo del huracán tras revelarse que está involucrado en un caso de financiamiento irregular de la actividad política, que involucra hasta ahora a decenas de opositores y de miembros del gobierno, a través del uso de boletas por servicios no prestados a grandes conglomerados económicos, como el grupo Penta y la minera Soquimich.

El caso, por el que están bajo arresto domiciliario los dos controladores de Penta y al exgerente general de Soquimich, agudizó la crisis de desconfianza política que vive Chile, considerado uno de los países menos corruptos de América Latina por ONG que evalúan el desempeño del sector público como Transparencia Internacional. 

Hasta ahora la mandataria ha confirmado en su cargo al canciller Heraldo Muñoz, acallando las críticas por la inconveniencia de dejar en el limbo al diplomático mientras se desarrollan en la Corte de Justicia de La Haya los alegatos por una demanda marítima planteada por Bolivia. Pero la presidenta no ha dado señales sobre qué pasará con el resto de su gabinete. 

No es lo primero que hace la mandataria en un intento por retomar el control de la crisis por la que atraviesa. Hace una semana lanzó otro anuncio: una reforma política potente para erradicar las malas prácticas en la política y en los negocios.

Su propuesta busca cambiar radicalmente la actividad política y la de los partidos. Una de las reformas más ambiciosas de las que se han conocido en Chile, pues entre otras cosas, Bachelet propuso transparentar el financiamiento, eliminar los aportes anónimos y reservados, prohibir que las empresas entreguen dinero para el funcionamiento de las colectividades, como sucede actualmente en Chile. En cambio, ha anunciado será el Estado el que financie el trabajo del os partidos, que deberán cumplir con altos estándares.

“Será una de las reformas que marcará el legado de mi gobierno y la voy a conducir personalmente, con toda mi energía y sin temor”, sentenció la presidenta chilena.

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