Baluchistán, un conflicto ignorado

El atentado suicida cometido por los talibanes en es sólo una muestra del conflicto que azota esta región paquistaní desde 2003, que incluye ejércitos separatistas y miles de desaparecidos.

Un hombre llora al conocer que un ser querido ha fallecido en Quetta. / EFE
Un hombre llora al conocer que un ser querido ha fallecido en Quetta. / EFE

Las noticias que llegan de Pakistán se refieren, con cierta frecuencia, a la violencia rapaz que alientan los talibanes. Están repartidos por todo el país y cometen atentados de calado mayor. Ayer asesinaron al menos a 70 personas en un hospital en Quetta, al sur del país, capital de la región de Baluchistán. En marzo, con el mismo método suicida (uno o dos hombres se envuelven en bombas y se hacen explotar), mataron a 73 en Lahore y dejaron más de 350 heridos. Los talibanes, es cierto, son los responsables de buena parte del conflicto que sufre Pakistán. Pero no son los únicos.

La región de Baluchistán, nombrada así por las tribus baluchis, que poblaron zonas de Irak, Afganistán y Pakistán, acarrea un conflicto intermitente desde 1948. Desde entonces, numerosas fuerzas separatistas, sobre cuyo origen se tiene poca información, exigen la independencia de Baluchistán, una región rica en carbón, hierro y oro, y una vía de transporte de productos hacia el mar Arábigo. Ha habido conflictos abiertos entre estos grupos y las fuerzas oficiales en 1948, 1958, 1962 y 1972. El más extenso, sin embargo, comenzó en 2003.

Tres años antes fue fundado el Ejército de Liberación de Baluchistán, que es nimio en comparación con los talibanes: según registros recientes, tiene 500 militantes (uno de ellos señaló que tienen 25 campos en todo el país). Exigen que Baluchistán sea una nación independiente, que aproveche sus propios recursos naturales, dado que es una de las zonas más pobres del país, y que exista una unidad tribal representada en un solo Estado. Son las mismas exigencias de otros siete grupos armados, “seculares y nacionalistas”, según dijo un militante a The Diplomat.

El conflicto, entonces, suma 16 años, sin que exista una contabilidad precisa de los muertos (se cuentan en miles) ni de los desaparecidos (entre cientos y miles). En Baluchistán, además, pululan células de Al Qaeda. El gobierno central, dirigido por el primer ministro Nawaz Sharafi, lucha contra bloques tribales y separatistas que, año tras año, producen más muertes. La guerra es de baja intensidad pero continua, e incluye las filas de grupos iraníes ligados al frente Al Nusra y a los talibanes. El territorio baluchi se extiende al sur de Irán, donde viven cerca de dos millones de baluchis, de modo que ésa es una zona que también se debe incluir en la geografía del conflicto.

El Ejército de Liberación ha sido declarado como terrorista por Pakistán y el Reino Unido. Ha realizado ataques contra la población civil ajena a su tribu y contra las fuerzas oficiales. El periodista Ahmed Rashid contó a la BBC en 2014: “A diferencia de la insurgencia baluchi en el pasado, cuando los militantes sólo tenían como objetivo a los militares, ahora apuntan hacia habitantes extranjeros para llamar la atención de otras naciones”.

El lento belicismo se exacerba al hablar de los desaparecidos. En su carrera por desarmar al Ejército de Liberación, las fuerzas de inteligencia paquistaníes, reunidas en el Frontier Corps y la Inter-Services Intelligence, son acusadas de desaparecer, torturar y asesinar a miles de personas en la última década. Aparecen a la vera de los caminos o en ocasiones mutiladas. A otras las desaparecen, según informes de Human Rights Watch, bajo la mera sospecha de que pertenecen a este grupo. Dice Rashid: “Cada baluchi desaparecido lleva a muchos jóvenes a tomar las armas. Cada ataque sobre las fuerzas de seguridad conlleva más desaparecidos. Es un ciclo de violencia interminable”.

El gobierno paquistaní niega cualquier responsabilidad en estas desapariciones. En 2014, familiares de las víctimas marcharon desde Quetta hasta Islamabad para reclamarle y saber dónde estaban los cuerpos de sus seres queridos. El Gobierno ha permanecido en silencio y es más probable que existan diálogos con los talibanes a que haya conversaciones con los separatistas.

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