Banco más antiguo del mundo demanda a funcionarios y aliados financieros

Tras perder más 557 millones de euros con operaciones de derivados que fueron ocultadas, el Monte dei Paschi di Siena ha interpuesto millonarias demandas contra ex empleados e instituciones de la talla de la alemana Deustche Bank y la japonesa Nomura.

El Monte dei Paschi di Siena ha perdido 1,82 euros en la cotización de su acción en los últimos cuatro años.
El Monte dei Paschi di Siena ha perdido 1,82 euros en la cotización de su acción en los últimos cuatro años.

Hablar del Monte dei Paschi di Siena es referirse a uno de los baluartes del sistema financiero mundial. Se trata, simplemente, del banco más antiguo en operación: su logotipo resalta el año de 1472, el de su fundación, como una muestra del honor forjado tras seis siglos de operaciones que iniciaron con préstamos católicos a bajo interés para los más pobres (una versión medieval de microcréditos) hasta sofisticadas operaciones en el mercado bursátil. Al nombrarla, hay que hacer referencia a su capacidad de generar ingresos netos que bordean los 1.000 millones de euros, de sus más de 30.000 empleados y una acción en la bolsa de Milán que en el mejor momento de su historia reciente llegó a cotizarse en 2 euros. Pero toda aquella historia está ahora en riesgo por cuenta de un escándalo financiero de grandísimas proporciones.

Aquel prestigioso banco es hoy una entidad cuestionada, señalada de ocultarles información delicada sobre números en rojo a sus accionistas y de elaborar una complicada trama de operaciones para esconder sus fracasos contables. Para entenderla, hay que remontarse a los últimos días del siglo XX, cuando enlistó su acción en el mercado de capitales y se convirtió en un nombre de referencia dentro de la banca italiana; entonces, inició un ambicioso proyecto de expansión que lo llevó a incursionar en segmentos como los créditos de consumo, el leasing y el factoring, además de la adquisición de competidores locales medianos (como Banca Agricola Mantovana y Banca del Salento) y grandes (en 2007 se hizo con Antonveneta tras pagarle 10.300 millones de euros al español Banco Santander).

Su tamaño atrajo el interés de otras instituciones con el objetivo de hacer negocios con uno de los principales grupos financieros del parqué milanés. Es así como Monte dei Paschi di Siena se alió con el alemán Deustche Bank y el japonés Nomura en operaciones de alta complejidad bursátil. Se trata de los famosos derivados, los instrumentos que, al integrar diferentes factores en una misma operación (hipotecas, compras de bonos o acciones, etc.), generan un alto riesgo que se compensa, en el mejor de los casos, con jugosas ganancias; y en el peor, con escandalosas pérdidas. Son los mismos vehículos que ocasionaron la ruptura de la burbuja hipotecaria estadounidense en 2008 y sus efectos posteriores en la banca de la Eurozona.

El banco entró en este juego entre 2008 y 2009. El derivado escogido integraba los bonos soberanos de Italia y especulaba con su factor a futuro. Consistía en hacer apuestas bajo la garantía de que sus aliados los recomprarían, con el objetivo de ocultar pérdidas por 557 millones de euros generados en el día a día de una actividad bancaria asaltada por el pánico financiero y los errores de altos riesgos no calculados a través de las finanzas mundiales. Sus efectos se notaron solo en el primer semestre de 2012, cuando el faltante alcanzó los 2.000 millones de euros y obligó a la junta directiva a solicitar un rescate.

Allí se destapó la olla podrida. Los auditores comenzaron a revisar transacción por transacción hasta que se toparon con Santorini y Alexandria, dos operaciones respaldadas por Nomura y el Desutche Bank de las cuales nunca se informó ni a los contables ni mucho menos al Banco de Italia. La situación fue puesta en conocimiento de la nueva junta directiva del banco en noviembre de 2012, que de inmediato ordenó una investigación a fondo, la misma que concluyó esta semana con un informe de 74 páginas y revelaciones con serias consecuencias regulatorias.

Los hallazgos señalan a Antonio Vigni, Giuseppe Mussari y Gianluca Baldasarri, tres ex ejecutivos de alto perfil del banco italiano, como los cerebros detrás de la información: diseñaron la estrategia, ordenaron las compras y se lucraron con ellas. También culpan al Deustche Bank y Nomura por acompañar las operaciones sin denunciarlas y embolsillarse al menos 180 millones de euros. Las conclusiones fueron puestas en conocimiento tanto de los accionistas como de las autoridades, ante quienes demandó a sus antiguos socios por 1.200 millones de euros.

Las primeras actuaciones por parte de la Fiscalía de Siena fue la expedición de una orden para incautar 1.800 millones de euros de las cuentas de Nomura y una acusación formal contra Sadeq Sayeed y Raffaele Ricci, dos ejecutivos de su división europea, por falso testimonio y obstrucción a la justicia. También congeló 14,4 millones de euros de las cuentas de los tres antiguos ejecutivos del Monte dei Paschi di Siena acusados de hacer parte del encubrimiento.

Por lo pronto, el banco japonés anunció que responderá "vigorosamente" a los pedidos de la justicia italiana mientras los banqueros alemanes guardan silencio a la espera de nuevas investigaciones. La entidad afectada está empeñada a llegar hasta las últimas consecuencias por limpiar su nombre, pero no puede evitar que el propio mercado sea quien juzgue su prestigio. Para la muestra basta con mirar el comportamiento de su acción, que desde el estallido del escándalo hasta ayer ha perdido poco más de 20 centavos de euro para cotizarse a 18 centavos en la bolsa de Milán.

 

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