Barrio 23 de Enero, bastión del chavismo en Caracas

Hugo Chávez cerrará este jueves su campaña en Caracas. El Espectador visitó el 23 de Enero, uno de los bastiones del chavismo en la capital.

Uno de los murales del 23 de Enero: el cura Manuel Pérez.  / Diego Alarcón
Uno de los murales del 23 de Enero: el cura Manuel Pérez. / Diego Alarcón

Comando llega puntual al lugar de encuentro: estación del metro de Aguas Salud, 11:00 a.m. Saluda amable, da la bienvenida y emprendemos el recorrido por calles empinadas y paredes coloridas de la Parroquia 23 de Enero, la más revolucionaria de Caracas. “Oye, mi nombre es Alfredo González. Todos aquí me dicen Comando, pero me llamo Alfredo. Llámame como quieras”.

El recorrido es breve hasta la sede local del Comando de Campaña Carabobo (CCC), desde donde se coordinan las actividades de campaña del presidente Hugo Chávez para los más de cien barrios que conforman la parroquia. “Oye, cuéntame: ¿cómo ve la gente en Colombia que los camaradas de las Farc hayan decidido dialogar con el presidente Santos?”, pregunta Comando.

En seguida entramos a un salón en donde encontramos a Andrés Aguilar, un hombre enorme de 73 años, amable, escritor y guerrillero en los años 60, bajo la comandancia de Argimiro Gabaldón. Andrés se encarga de las labores de propaganda en CCC y Alfredo hace las veces de vocero local. Adentro ofrecen un “guayoyo”, un café dulce, y comienza la conversación.

Entre los transeúntes de la capital venezolana, el 23 de Enero se ha hecho una fama oscura. “Hay gente que se ha encargado de satanizar”, comenta Comando. Dicen que aquí no entra la Policía, que hay grupos armados que simpatizan con Hugo Chávez, que imparten el bien y el mal entre los barrios, que “limpian la sociedad”. ¿Sí? Para Andrés y para Alfredo lo único cierto de todos los rumores es la admiración que la población del 23 le profesa al comandante Chávez, y que los colectivos sociales realizan labores de asistencia a la población, con jornadas médicas, alimentarias, culturales y deportivas. Esta es una comunidad socialista.

¿Por qué esa fama entonces?

“Porque hemos sido una parroquia rebelde, contestataria —responde Alfredo—. Por ahí comentan que hay delincuentes, que hay vainas. Eso es mentira. Esta es una de las parroquias más sanas de las 22 del área metropolitana. Lo que pasa es que nosotros siempre hemos tenido un arraigo de autodeterminación, nos gusta arreglar nuestros propios problemas”. Andrés Aguilar interviene: “Fundamentalmente somos nosotros quienes arreglamos los problemas. La comunidad del 23 de Enero, a través de los colectivos, a través de las organizaciones sociales, atacamos los problemas, por ejemplo, el narcotráfico, que es poderoso y debemos minimizarlo”.

Entonces, ¿cómo actúan, por ejemplo, cuando saben que alguien está delinquiendo?

“Bueno —atiende Aguilar—, como en toda parte de Caracas hay delincuencia, pero es combatida por los colectivos y la gente en los consejos comunales. La gente identifica a los delincuentes y el paso a seguir se define entre la comunidad: agarrarlo, entregarlo a la policía... cosas como esas”.

¿Esto quiere decir que tienen armamento para combatir la criminalidad?

“Eso no te lo voy a contestar. Yo no te puedo decir que existe un poder armado ni nada de eso. Lo que te puedo decir es que nosotros combatimos al hampa con nuestra política y nuestra organización”, aclara el hombre mayor de forma serena.

Entre guayoyo y guayoyo, los dos hombres relatan que históricamente el 23 se forjó al calor de la izquierda revolucionaria, que sufrieron las represión de los gobiernos en los 70, 80 y 90, y que con Hugo Chávez han logrado una compaginación ideológica única, un proyecto real y posible de socialismo. Por eso, a pocas cuadras de aquí está el muro de los compañeros caídos en combate, con retratos de Camilo Cienfuegos, el cura Manuel Pérez, Argimiro Gabaldón, Ernesto Guevara...

Aguilar interviene: “Vamos a suponer que quieran tumbar a Chávez. Antes de bombardear Miraflores, bombardean el 23”.

Recorriendo el barrio Monte Piedad, Alfredo González comenta que es miembro de uno de los 25 colectivos con los que cuenta la parroquia. El suyo se llama Colectivo Farabundo Martí y simpatiza abiertamente con el Eln colombiano. Simpatizar con un grupo guerrillero es normal aquí: en la plaza principal del sector se levanta un escenario, la “tarima antiimperialista”, donde la subversión se asocia a causas justas y se apoya de forma simbólica.

Con Comando hemos llegado hasta Plaza Marulanda, una espacio imponente de rejas rojas en el que la Coordinadora Simón Bolívar —otro colectivo— levantó en 2008 un busto en homenaje a alias Manuel Marulanda Vélez, el fundador de las Farc. Desde el extremo de la plaza en que nos encontramos no alcanza a verse y Comando advierte que es mejor no acercarse porque no avisó a sus compañeros de la Coordinadora: “Fíjate, nosotros aprendimos a ser originales. Aquí pueden venir las Farc, el Eln, cualquier grupo guerrillero, pero ellos son muy respetuosos y han convivido aquí, cómo no, como nosotros hemos ido allá a los campamentos. El punto es que nosotros no tenemos que ser como ellos, para nada, ni tenemos que hacer lo mismo que ellos hacen”.

Alfredo tiene que marcharse. En la campaña de Hugo Chávez para el domingo no puede haber descanso, más aún cuando las actividades deben ser de “piel a piel”, para que “la gente pueda decir: ‘¡Coño!, en verdad llega la voz del comandante’”. Regresamos a la estación de Aguas Salud y Comando se despide: “¿Ves que el 23 de Enero no tiene nada que ver con lo que habías escuchado...?”.

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